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En este tiempo de decadencia: ¡vengan a Mí!

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: In dieser Zeit des Niedergangs: Kommt zu Mir!

Fecha original: 10 de septiembre de 2011

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Permitan también que Yo, su Padre, alce Mi palabra y los salude. Después continúen sus oraciones.

Hoy se han reunido nuevamente desde los cuatro vientos; siguieron el anhelo de su corazón y de su alma, y más de uno entre ustedes ha recorrido exteriormente un largo camino para poder estar aquí. Vean, para quien anhela encontrarme a Mí, su Dios y Salvador, y ha encendido en su alma la brasa del amor por Mí y, con ello, por su prójimo, ningún camino es demasiado largo ni ninguna circunstancia demasiado difícil como para impedirle unirse a la comunidad de quienes Me aman y permitir que Mi santa presencia y la luz y salvación celestiales lo toquen.

Pero no solamente ustedes aquí, en el exterior, reciben este contacto y esta irradiación, sino todos los seres, todos Mis amados hijos que —invisibles para ustedes— asisten también desde los ámbitos de las almas a esta hora santa, como sucede siempre y en todas partes cuando el cielo y la Tierra se abrazan. Sientan cuán cerca estoy de ustedes.

Mi deseo y Mi voluntad son que todos recorran el sendero del amor verdadero, que los conduce con seguridad a la conciencia de que en toda la eternidad no existe ningún lugar donde Yo no esté; y que, ante todo, Mis amados, les da la certeza de que habito eternamente dentro de cada uno de ustedes. Esto significa, al mismo tiempo, que también les hablo en su interior, a ti, a ti y a ti, hijo Mío.

Tú dices: «Padre, ¿qué puede haber más hermoso que sentirme lleno y sostenido por Tu santa presencia en cada momento de mi vida; dejarme aconsejar, alentar y consolar en diálogo Contigo y permitir que Tú me guíes en todo? Pero ¿qué debo hacer para que esto pueda suceder?».

Mira, hijo Mío, para ello es necesario que practiques dedicarme tiempo a Mí, tu Padre; tiempo en el que te retires una y otra vez a la pequeña cámara de tu corazón, al santuario de Mi templo dentro de ti; que des la espalda repetidamente al ajetreo y la actividad frenética de tu vida cotidiana y te distancies de todo ruido estridente, de toda distracción vana, también en el mundo de tus pensamientos. Sin tu esfuerzo por hacer silencio dentro de ti, no podrás escuchar la voz suave y tierna de la Divinidad en tu interior. No Me impongo a ti; espero hasta que hagas callar el ruidoso escenario dentro de ti para dejar de permitir que te domine y estar dispuesto, en cambio, a entregarte al dominio de Mi amor y de Mi voluntad divina.

Hasta entonces, amado hijo Mío, Mi guía paternal te llegará indirectamente a través de personas que se crucen en tu camino y de acontecimientos que te sucedan. Pues todo lo que encuentras y te ocurre contiene para ti un mensaje que estás llamado a contemplar y comprender, a fin de extraer de él las conclusiones necesarias para los cambios pendientes en tu vida y alcanzar luego pensamientos, palabras y acciones correctos nacidos del amor y vividos en él.

Por tanto, esfuérzate por entrar en el reino interior, pues ¿dónde más quieres buscarme y encontrarme? ¡La fuente eterna de toda verdadera salvación brota dentro de ti mismo! Al hacerlo, considera que por cada paso que tú das, Yo doy numerosos pasos a tu encuentro. Esfuérzate, pues, por fortalecer la unión interior y consciente Conmigo, hasta que nada pueda perturbarla ni interrumpirla.

Regálame tu amor, regálame tu confianza mediante tu entrega a Mí. Yo no los decepciono, Mis amados. ¿Quién, fuera de Mí, que soy su amoroso Padre celestial, puede asegurarles esto?

Vean, muchas cosas en este mundo están construidas sobre las movedizas arenas de lo perecedero y, por ello, tampoco podrán resistir las tormentas que se aproximan. Solamente podrá hacerlo aquello que está fundado sobre la roca de la paz y descansa sobre los firmes pilares del amor, cuando ha sido edificado en Mi Espíritu y, con ello, está penetrado y animado por Mí.

Contemplen su mundo y reconozcan cómo —agonizante y destinado a la ruina— desciende sin fuerzas a su lecho de muerte para exhalar su vida corrompida y contraria a la ley; y no se dejen engañar por sus intentos de rebelarse una y otra vez contra el destino que él mismo eligió y de oponerse a este. Pues su tiempo de cosecha está cerca.

Sin embargo, esta purificación es necesaria, como se lo explico una y otra vez. Debe preceder a la época de paz y amor sobre esta Tierra que les fue prometida y en la que ya no habrá lágrimas de sufrimiento, pues Yo estaré entre los Míos. Pero ustedes, Mis amados, sepan que precisamente en este tiempo de decadencia todavía es posible mucho, muchísimo, para quien decide recorrer su camino Conmigo, el Eterno e Invencible, a su lado. Son tantos los que esperan encontrarse con aquellos entre ustedes cuya luz de amor supera toda oscuridad; que tienden la mano al extraviado, dan pan al hambriento y ofrecen consuelo y sanación en Mi nombre a quien sufre.

Yo soy su Padre; Yo soy su Dios, quien —para expresarlo con sus palabras— siempre «juega con las cartas sobre la mesa» y nunca los ha dejado en duda acerca de cuál es la verdad ni de lo que les sirve. Así fue en tiempos pasados, así es hoy y así será en todo el futuro. ¡Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda!

No teman, sino edifiquen sobre Mí. Las huestes procedentes de la luz, con las armas de la paz y del amor, se han extendido por todas partes; están entre ustedes y con ustedes. Por tanto, ¡no teman!

Así todos ustedes quedan bendecidos, aquí y allá, en el más allá y en este mundo; ustedes que lo escuchan y ustedes que lo leen. Pues todos son Mis amados hijos, Mis hijos e hijas. Amén.

Revelación divina

Continúo entre ustedes, y Mi luz resplandece dentro de sus corazones y más allá de este recinto, hacia el mundo. Como amo a los Míos, desde tiempos remotos puse ayudas en sus manos —y, como les dije, seguiré haciéndolo también en todo el futuro—, siempre de acuerdo con la conciencia de Mis hijos, con aquello que podían comprender y poner en práctica. En el transcurso de los muchos siglos Mis explicaciones se han vuelto más detalladas; no se limitaron a exhortaciones y llamados, sino que les di y les doy ayudas prácticas para su vida cotidiana. Los animo una y otra vez a reflexionar sobre ustedes mismos y —hasta donde ya les sea posible— a contemplar los motivos de sus actos, para reconocer de ese modo las discordancias y deficiencias que aún hay dentro de ustedes y que luego pueden superar mediante una decisión libre y con Mi ayuda.

Su Escritura habla de fe, esperanza y amor. Incontables personas han pronunciado estas palabras innumerables veces, pero a menudo no han tocado sus corazones. Por eso quiero conducirlos hacia su significado más profundo, para que puedan integrar este creer, esperar y amar en su vida de una manera que les aporte beneficio; para que no contemplen las palabras únicamente desde el exterior y quizá digan precipitadamente: «Sí, yo creo, espero y amo», aunque tal vez todavía tengan dificultades con ello en lo profundo de su alma.

Ustedes dicen: «Yo creo en Ti, Padre. Creo que Tú eres el Amor». Ahora te pregunto: «¿Crees también en el poder de Mi amor? ¿Crees que nada es imposible para Mí? ¿Y puedes imaginar cómo será tu vida cuando te entregues a este poder sin condiciones?». Por tanto, si no solo crees en Mí de alguna manera, sino también en el poder de Mi amor, entonces sabes que estás protegido en Mí y vives en Mi seguridad. ¿Pueden existir todavía temor y dudas dentro de ti? Pero si aún están presentes, extrae la conclusión de esta nueva pregunta dirigida a ti mismo: «¿Creo realmente en el poder del amor de mi Padre celestial?». Si percibes que allí todavía hay algo que mejorar, ven a Mí en tu interior. Yo te estoy esperando. Te mostraré en qué seguridad puedes vivir y bajo qué protección estarás cuando te confíes al poder de Mi amor.

Quien espera, ¿sabe ya que todo saldrá bien —sí, que todo ya está bien—, o solamente lo supone? ¡Cuántas esperanzas que depositaron en personas quedaron sin cumplirse! En su camino hacia Mí pasarán de la esperanza al conocimiento, porque experimentarán lo que significa recorrer Conmigo el día y también la noche. Entonces sabrán: ¡está bien!, y no tendrán que limitarse a suponer que todo saldrá bien. ¿Perciben la diferencia? Con este conocimiento de que todo está bien, creen incondicionalmente que Yo guío a los Míos sin cometer errores. Aunque no comprendan una situación ni puedan evaluarla, saben: está bien así; de lo contrario, el Padre no habría permitido que esta situación surgiera para mí.

La falta de conocimiento se debe en gran medida a que Mis hijos humanos han recibido y siguen recibiendo enseñanzas falsas, porque se confiaron a guías ciegos que afirman poder mostrar el «camino hacia el cielo», aunque ellos mismos no lo conocen y, naturalmente, tampoco lo enseñan. De otro modo, la ley de causa y efecto no solo sería conocida por los Míos, sino que su aplicación se habría convertido desde hace mucho en algo natural en la vida cotidiana. La llamada casualidad ya no tendría cabida en el pensamiento de las personas y, por consiguiente, estas tampoco atribuirían todos los acontecimientos a un Dios injusto o incluso castigador. Sabrían que todo lo que existe constituye tareas de aprendizaje adaptadas individualmente a cada persona según la condición de su alma, de la que ella misma es responsable.

Con este conocimiento —comprendido, interiorizado y aplicado—, la Tierra se habría convertido hace mucho en un paraíso.

Saber que todo está bien es más que expresar la esperanza de que todo saldrá bien. Quien se esfuerza por recorrer el día Conmigo y ha vivido experiencias con el poder de Mi amor, sabe; ha pasado de ser alguien que espera a ser alguien que conoce. ¿Ya eres tú, tú y tú, hijo Mío, alguien que conoce?

Pero lo más grande es el amor, así está escrito en su Escritura. También acerca de esto existen muchas ideas falsas. ¿Cree alguien entre ustedes que escuchan o leen Mi palabra que puede amarme a Mí, su Dios, sin amar a su prójimo? El camino hacia Mi corazón de Padre pasa por su prójimo. No existe otro camino. ¿Y creen que pueden amar a su prójimo sin amarse a ustedes mismos de la manera correctamente entendida? Si todavía no pueden aceptarse ni amarse tal como son porque miran demasiado su imperfección humana —que, además, muchas veces solo existe en su idea equivocada—, ¿creen entonces que pueden amar a su prójimo, quien también posee defectos y deficiencias?

Les digo que esto no es posible. Por tanto, quien realmente quiera amarme, que comience por su prójimo. Y quien verdaderamente quiera amar a su prójimo, que comience por sí mismo.

Ustedes son seres radiantes llenos de poder y fuerza. Se lo digo una y otra vez para que mantengan esta imagen ante sus ojos y no se orienten por aquello que aún es imperfecto dentro de ustedes; para que sean conscientes de la fuerza y las posibilidades que hay en su interior y que necesitan para superar las tareas de aprendizaje de su vida.

Con mucha frecuencia tienen las mejores intenciones, su corazón está abierto, existe su buena voluntad y desean comportarse conforme a la ley del amor; sin embargo, una y otra vez llegan a sus límites. Ya les he dicho muchas veces que Me basta su esfuerzo. Pero esforzarse significa también mirar allí donde sea necesario para reconocer qué les impide, pese a toda su disposición y voluntad, poner en práctica lo que se propusieron y lo que, con un corazón sincero, ciertamente desean llevar a cabo.

No pueden eludir esta contemplación de ustedes mismos. Sin embargo, no se queden mentalmente «atrapados» en aquello que reconocen. Mírenlo y digan: «Padre, todavía hay algo aquí; gracias porque me lo has mostrado. Ahora, con Tu ayuda y la fuerza que has puesto dentro de mí, comenzaré a cambiar este punto y, cuando y donde sea necesario, examinaré también sus causas más profundas». Y Yo, como les he dicho, doy muchos, muchísimos pasos a su encuentro.

El tiempo que tienen por delante exige que se fortalezcan. Exige que trabajen aquello que aún llevan consigo, como problemas y dificultades no resueltos, en la mochila de su alma. Deben tener la cabeza despejada para percibir y reconocer, por ejemplo, lo que necesita su prójimo. En el tiempo venidero necesitarán su energía para avanzar con decisión. Pero para ello debe quedar ordenado aquello que todavía necesita ordenarse en su vida; de lo contrario no estarán libres, y sus energías estarán y continuarán estando parcialmente atadas. Entonces se parecerán más bien a una persona que se está ahogando y que solamente en una situación de extrema necesidad recuerda los movimientos para nadar que en realidad debió haber practicado desde mucho antes.

Les pido que miren dentro de su mochila. Sean sinceros con ustedes mismos, confíen para ello en Mi amor y Mi misericordia y no esperen demasiado para hacer un inventario, si este fuera necesario. ¡Pongan orden! Todavía hay tiempo. También la ley de resonancia puede serles de gran ayuda en ello, así como su vigilancia respecto de ustedes mismos, sus emociones y su conducta. Procuren estar al día, que ya no los cargue nada que no hayan perdonado, ningún resentimiento, reproche, falta de paz ni desorden —tanto interior como exterior—, ni muchas otras cosas. Cuando estén al día, será muy sencillo superar con Mi ayuda aquello que les traigan los acontecimientos cotidianos con sus situaciones y encuentros. Pero para ello deben estar libres.

Reflexionen sabiamente sobre Mis palabras. Los necesito a todos, y muchos, muchísimos amigos espirituales de ustedes procedentes de lo invisible están preparados para ayudarlos. El Amor les extiende las manos. Tómenlas y sujétenlas con firmeza. Déjense envolver, déjense ayudar y aborden aquello que saben que debió haberse abordado desde hace mucho.

Entonces, Mis hijos e hijas, se convertirán en los seres radiantes que el tiempo venidero necesita con urgencia. Entonces serán libres y se convertirán en un ejemplo para todos aquellos que llevan consigo muchas preguntas y temores y encontrarán en ustedes a quienes ya han recorrido un buen trecho del camino que ellos también anhelan.

Estoy a su lado, estoy dentro de ustedes, soy su vida, su origen y su meta, soy su Dios y Padre. Los amo. Amén.


El poema «La vida que yo mismo elegí» y una breve explicación de por qué lo publicamos se encuentran en nuestra subsección «Lecturas recomendadas».