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Soy Padre de todos Mis hijos

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Ich Bin allen Meinen Kindern Vater

Fecha original: 8 de enero de 2011

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

En verdad, Mis amados, ¡Dios está presente! [en referencia a un canto entonado anteriormente]. Yo, su Padre, estoy con todos aquellos que Me llevan a Mí, el Santísimo, en sus corazones. Y les digo: «Antes de que entraran en este recinto, Yo ya estaba aquí». Pues Yo soy el Espíritu que precede a todos los que caminan tras Mis huellas y se esfuerzan por honrar al Amor que Yo soy y hacerlo realidad en su vida.

Así, Yo soy su vanguardia y su retaguardia, y en medio de ambas están ustedes, Mis hijos e hijas. Sean conscientes de que esta hora es una hora de gracia, pues muchos de sus hermanos y hermanas caminan en la oscuridad y pasan su vida en una existencia alejada de Mí, sin llegar casi nunca a tomar conciencia de que Yo, su Padre y Dios Creador, estoy cerca de ellos y jamás los abandono, porque habito en su interior.

Han salido para encender también en sus hermanos, mediante el amor desinteresado y su fuego —que resplandece en ustedes y a través de ustedes—, la brasa que hará arder asimismo en ellos el fuego del amor por Mí y por su prójimo, de modo que Yo, su Señor y Dios, pueda asumir en ellos la conducción por el camino que asciende hacia la luz, hacia el cielo, directamente a Mis brazos.

Espero a todos Mis hijos, y nada de lo creado quedará ni puede quedar fuera de los cielos. Pues Mi amor ilimitado, que no conoce tiempo ni espacio, conducirá de nuevo todo a la patria eterna y a su bienaventuranza.

Ahora, Mis amados, los animo a dialogar Conmigo. Oren, díganme lo que los aflige y pongan en cada palabra el profundo sentimiento de su amor interior; y les digo: «A todo ello añado Mi amor, Mi luz y Mi fuerza multiplicados por mil».

Estoy con ustedes y permanezco con ustedes. Los penetro con Mi calor e inundo su interior y su exterior con Mi luz.

Los amo y bendigo esta hora. Amén.

Revelación divina

Yo soy el que soy, ¡y fuera de Mí no existe nada! Todo ha surgido de Mí por Mi santa voluntad, y todo recibe vida de Mí, de Mi fuerza, que es amor.

Por eso Yo soy quien conserva toda vida y vivo en todo lo que he creado. Por tanto, también en ti, en ti y en ti.

Yo soy su Dios y, al mismo tiempo, para Mis hijos soy su P a d r e: un Padre que ama infinitamente a los Suyos y hace todo para atraerlos más cerca de Su corazón, a fin de que puedan descansar allí nuevamente por toda la eternidad.

Para poder acercarme a Mis hijos como amor paternal, el aspecto del amor —es decir, una parte de Mi Ser divino— se encaminó hacia la encarnación y nació en el hombre Jesús de Nazaret. En Jesús, que fue y es su hermano, vivía, por tanto —como en todo ser humano—, el espíritu. Pero solo en él era Mi Espíritu, mientras que el espíritu en el ser humano es el ser espiritual individual y eternamente existente que tiene su patria en los ámbitos celestiales puramente espirituales, a los que regresará.

En aquel tiempo, los seres humanos no Me conocían como Padre, y por eso para muchos estaba tan lejos. En el plano de los sentimientos, uno puede relacionarse con un padre, una madre, un amigo o una amiga de manera diferente que con la Divinidad absoluta. Esta relación estrecha entre Padre e hijo es la que fue anunciada y acercada al mundo por medio de Jesús.

Yo soy el Amor absoluto, y Mi ley es amor. Y todo lo que he creado es igualmente amor. De ello se deduce que el camino de regreso a Mi corazón de Padre solo puede consistir en recorrer el camino del amor para volver a estar unidos con el Amor eterno. Pertenecer a una comunidad religiosa o iglesia, seguir sus respectivas instrucciones y practicar ritos y ceremonias: todo esto y mucho más no te acerca ni un solo paso a la meta en tu camino de regreso a tu verdadero hogar. Única y exclusivamente el amor vivido es la llave que necesitas en tu camino de regreso.

El amor no conoce preceptos ni dogmas; no insiste en el cumplimiento de leyes y mandamientos inventados por los seres humanos. El amor habla a los corazones de las personas. Despierta en ellas el anhelo y llama: «Ven, recorre el camino del amor. No necesitas hacer nada más que esforzarte por orientar tus actos conforme al amor».

Todo lo demás que, además de esto, se enseña o prescribe como necesario para la salvación es superfluo y, en muchos casos, incluso peligroso, porque perjudica al alma.

«Si no se vuelven como niños…», dice su Escritura. ¿Qué significa esto? Los niños miran a su padre, confían en él, le piden ayuda, le cuentan sus preocupaciones pequeñas y grandes, experimentan s u amor y le dan s u amor. De este modo surge una relación íntima entre padre e hijo.

Así deben sentir también ustedes; y allí donde todavía les resulte difícil, pidan que Yo coloque en sus corazones los sentimientos correctos, hasta que puedan venir a Mí con amor, sí, con ternura, y decir: «Padre, he reconocido que Tú eres quien constituye mi vida. Te doy gracias».

¿Puedes percibir la cercanía que surge en esos momentos? Entonces ya no soy el Dios lejano, sino que estoy más cerca de ti que cualquier otra cosa. Te regalo el silencio, te regalo sentimientos de amor infinitos, te regalo la fuerza para recorrer tu camino, te regalo la alegría que necesitas para ello, y los dos caminamos de la mano.

Como ya dije, no necesito nada más que tu esfuerzo.

Y ahora observa lo que se ha hecho en estos dos mil años con esta sencilla enseñanza del amor. Ya he hablado muchas veces de que Mis hijos han sido mantenidos en la ignorancia y continúan siéndolo; de que ya no Me comprenden, dudan y ya no creen en Mí. Esta es obra de las tinieblas, que lograron, por medio de personas en quienes les fue posible —ustedes dirían: «… meter un pie en la puerta»—, modificar Mi enseñanza y formar poco a poco una imagen de Dios que ocasiona grandes dificultades a muchas personas, porque ya no pueden reconocer en ella a un Padre amoroso.

Sin embargo, como estas personas aún llevan el anhelo en sus corazones, las tinieblas hicieron otra jugada: abusaron del anhelo de Mis hijos y satisficieron su curiosidad con conocimientos superficiales e información falsa. Llegó al mundo la doctrina de que Yo no soy el Padre y de que Mis criaturas no son semejantes a Mí, sino i g u a l e s a D i o s. También se abusó de Mi santo «Yo soy», y así, mediante contactos con maestros engañados y seductores de los ámbitos astrales, las personas obtienen aquello que consideran verdad y sabiduría; de este modo quedan atrapadas en ideologías tan falsas y engañosas como frías y carentes de corazón, que apelan al intelecto, pero omiten el plano del corazón, el del amor verdadero por Mí; sí, lo eluden conscientemente, y tienen que omitirlo y eludirlo porque no tienen acceso a él.

No obstante, Mi amor pertenece a todas Mis criaturas, también a quienes están contra Mí y siguen procurando seducir a Mis hijos. También ellos descansarán algún día nuevamente en Mi corazón. Pero cuídense de no sucumbir a sus seducciones. No vivan un «yo soy» falso, sino el yo soy que dice: «Padre, yo soy Tu hijo, y toda fuerza viene de Ti».

En su idioma tienen el concepto de «perpetuum mobile», y han reconocido correctamente que algo así no puede existir en su mundo material. Pero en el mundo espiritual, en Mi creación, existe un único perpetuum mobile, ¡y ese soy Yo! Todo es sostenido por Mí y por Mi amor, y todo lo conduciré de regreso. Nada vive por sí mismo, tampoco quienes les hacen creer que ellos y ustedes son iguales a Dios, y a quienes ustedes —sin saberlo— pagan por ello entregándoles su energía vital.

Los hijos que Me han reconocido como su Padre afrontarán las dificultades de su vida cotidiana de manera diferente que antes. Saben que pueden venir a Mí con todo, y lo hacen. Así se va formando una relación de confianza cada vez más íntima entre tú, Mi hijo, entre tú, Mi hija, y Yo, hasta que vivas completamente Conmigo; hasta que experimentes Mi amor y comprendas que también tú eres amor. Entonces, hijo Mío, recorremos juntos el camino de regreso. Has puesto tu mano en la Mía y ya no la soltarás; de ello se ocupa Mi amor, si tú lo pides.

Y Mi promesa para ti, si Me das tu mano, dice: «Desde este momento Yo soy el piloto de la nave de tu vida. Te guiaré a través de todos los bajíos, de todas las tormentas y de toda adversidad, y te conduciré junto a todos los escollos sin que sufras daño alguno». Con ello no Me refiero a las dificultades y obstáculos que la vida pone ante ti para que aprendas y madures mediante ellos. Pero también entonces estoy contigo.

Derramo Mi amor en sus corazones abiertos; y, si quieren, conserven este sentimiento para que puedan volver a él en cualquier momento.

Mi bendición fluye sobre ustedes y sobre toda Mi creación. Amén.