Encuentro del 8 de septiembre de 2007 en Würzburg
Revelación divina
Mis amados, Mis fieles. He entrado en este recinto y estoy en medio de ustedes; e irradio Mi amor y Mi alegría en sus corazones abiertos.
Este recinto está inundado de luz, una luz que atraviesa sus paredes y se extiende por esta ciudad y mucho más allá de ella. Conmigo, Mis amigos, han venido muchos mensajeros de los cielos. Si pudieran contemplarlos en toda su multitud y esplendor, quizá dirían como seres humanos: «Señor, ¡cuánto despliegue! ¡Qué desproporción! Nosotros, tan pocos, y Tú con Tu poder y gloria y con las huestes de los cielos».
Así hablaría su parte humana; pero su alma comprendería por qué estoy entre ustedes acompañado de sus hermanos y hermanas de los cielos. Porque su alma vislumbra la grandeza de la tarea, e incluso la conoce, aunque su parte humana todavía sabe muy poco acerca de ella.
Algunos de estos mensajeros espirituales de luz se han ofrecido para ser sus ayudantes directos en aquello que sucederá aquí en el futuro. Protegerán esta casa y también a ustedes, les prepararán los caminos y unirán su fuerza y su amor a todo lo que ustedes hagan. Si pudieran contemplar esta luz y este poder, se llenarían de júbilo, y toda duda que quizá aún permanezca escondida en algún rincón de su corazón desaparecería en ese mismo instante.
Mis amados, esta es una hora muy importante, en la que ustedes se reúnen y vienen a Mí con un corazón lleno de amor. A algunos de ustedes les expliqué, durante el encuentro de hace unas semanas, el trasfondo de todo esto. Les mostré la tarea a la que voluntariamente dijeron que sí en los cielos. Para ninguno de esos hermanos y hermanas Mi revelación fue verdaderamente una sorpresa, pues ya existía en ellos un presentimiento.
Ahora saben que contribuirán a iniciar y llevar a término Conmigo la obra del retorno al Hogar. Por supuesto, saben que no existe la casualidad y que, por tanto, no es una «casualidad» que el nuevo comienzo tenga lugar en esta casa. En una revelación hablé una vez del gran transatlántico que había zarpado para salvar a Mis hijos y había encallado. Yo lo he puesto nuevamente a flote y he llevado a bordo una tripulación de la que sé que cada uno de sus miembros Me ama.
A este amor, Mis hermanos y hermanas, la oscuridad no puede oponer nada comparable. Ya les he dicho muchas veces, y volveré a repetirlo para infundirles valor en las horas difíciles, que juntos venceremos. Pero también deben ser conscientes de que, como punta de lanza en medio de la oscuridad, ustedes constituyen un blanco luminoso y que se hará todo lo posible por dificultar su tarea o hacerla fracasar.
Sin embargo, ustedes saben que, si caminan tomados de Mi mano y permanecen junto a Mí, todos esos intentos fracasarán. Sin duda habrá aquí y allá ataques pequeños o incluso mayores que quizá los inquieten un poco y que, en ocasiones, impidan que algún paso previsto pueda ponerse inmediatamente en práctica. Sin duda pondrán piedras en su camino; pero nada de esto debe afectarlos seriamente ni lo hará.
No les digo esto para causarles temor, sino para recordarles que deben mantenerse vigilantes y tener siempre presente que ahora son ustedes aquellos cuyo trabajo se intentará obstaculizar e impedir. Ya les he revelado en varias ocasiones que la manera de actuar de la oscuridad es muy astuta.
Por eso, Mis amados, mantengan claridad y conciencia, permanezcan unidos y ayúdense mutuamente. Si así lo desean, examinen una y otra vez su propia vida: ¿Dónde existen puntos débiles que la oscuridad pueda aprovechar? ¿Dónde queda todavía algo que me hace vulnerable? ¿Dónde olvidé cerrar una puerta o una ventana de mi castillo, de mi fortaleza?
Mis amados, esas son las vías de entrada. Examinen, pues, su vida, si así lo desean. Y si encuentran algo que intuyen o saben que puede mejorarse, vengan a Mí y cuéntenme lo que los aflige. Entonces los ayudaré a establecer estructuras claras y ordenadas en su vida, que les servirán de fundamento y de base firme, imposible de estremecer.
Yo soy la roca firme en medio del oleaje, y ustedes son las rocas que están junto a Mí. Se lo repito: alégrense, Mis amados, porque la puerta ha sido abierta de par en par. Se han revestido con su armadura, la espada del amor y el escudo de la sabiduría, y salen Conmigo hacia la luz. Y la luz iluminará el mundo y atraerá a todos aquellos que sienten añoranza por su Hogar eterno.
Los amo, Mis fieles. Toda Mi protección y toda Mi ayuda están con ustedes. Amén.
Revelación divina
Mis amados, sean valientes y no tengan miedo, porque allí donde Yo estoy solo existe la victoria, la victoria del amor y de la luz. Porque Yo soy el amor y la luz. Si camino a su lado, podrá llevarse a buen término todo lo que Nos hemos propuesto, y ustedes serán capaces de dar grandes pasos en la obra del retorno al Hogar de todo lo caído.
En tiempos pasados se emprendieron muchas cosas con la intención de traer a esta Tierra Mi Reino, o aquello que el ser humano creía que era Mi Reino. Cuántas veces el poder humano fue el medio elegido por Mis hijos para hacer triunfar ese propósito. Pero Yo les digo: ¡el poder humano no conseguirá nada! Todo lo construido mediante el poder humano caerá, porque allí donde reina el poder humano también existen la opresión y el miedo. ¿Y no son precisamente estos lo contrario del amor?
Reconozcan, Mis fieles, que esta vez construiremos la Jerusalén interior, cada uno de ustedes dentro de sí mismo, en lo profundo de su corazón. A través de ustedes, Yo, su Padre, haré comprender de qué se trata y cuál es Mi deseo a todos aquellos que Me buscan, que ponen su esperanza en Mí y que suplican poder experimentarme en su interior.
¿Acaso no dije que Mi Reino no es de este mundo? Tomen, pues, estas palabras literalmente: ¡Mi Reino no es un reino de este mundo terrenal!
Ustedes se han reunido en este lugar y en esta hora consagrada por Mí, y tanto esta hora como este lugar tienen una gran importancia. Porque, Mis hijos e hijas, ustedes deben encender un gran fuego que se extienda por todas partes. El amor debe propagarse como un fuego que ya no pueda ser contenido ni apagado, alcanzando mucho más allá de esta ciudad y de este país, hasta abarcar a todos los países y a todos los seres humanos.
Los Míos no deben reunirse en un solo lugar. Deben estar y actuar en todas partes, dentro de Mi Espíritu de amor. Entonces, Mis amados, el fuego en su totalidad ya no podrá ser apagado, porque allí donde una llama llegue a extinguirse por un breve tiempo surgirán muchas otras.
Así se expande el amor en círculos cada vez más amplios. Y así, Mis fieles, es como está previsto.
Yo estoy entre ustedes con Mis huestes y, como ya les dije, conforme a la importancia de esta hora, los cantos y el júbilo resuenan hasta la infinitud, porque la alegría es grande. Que esa misma alegría también viva en ustedes.
Sepan que nada puede hacerles daño porque, como suelen decir ustedes, la victoria ya está asegurada. Porque Yo soy el vencedor y estoy a su lado junto con muchos otros que han asumido la tarea de actuar con ustedes.
Mantengan, pues, el valor y la alegría, y caminen en Mi Espíritu. Alégrense con todas las huestes, porque la victoria es nuestra, Mis amados. Amén.