Revelación divina
Yo soy el que soy, de eternidad en eternidad. ¡Yo soy todo y fuera de Mí nada existe! Estoy en todo, en lo grande y en lo pequeño; ¡Yo soy la vida, Yo soy el poder y Yo soy el Amor! ¿Quién podría disputarme lo que es Mío? ¡Yo soy!
He entrado en este círculo acompañado por muchos de sus hermanos y hermanas espirituales. Alzo Mis manos para bendecirlos y lleno cada corazón abierto con Mi fuerza, que es igual a Mi amor. No soy el Dios lejano, sino que Yo vivo en ti, en ti y en ti. No podrías dar ni una sola respiración si Yo, la vida dentro de ti, no te sostuviera. Así de sencillo es, hijo Mío. Así de inmediata es la conexión entre tú y Yo.
Yo soy tu Padre y, al mismo tiempo, soy también Madre para ti. Soy todo lo que eres y todo lo que necesitas; y entre tú y Yo —para expresarlo con sus palabras— ni siquiera «cabe una hoja de papel».
Sus teólogos Me han desterrado a cielos desconocidos, alejados de toda imaginación, y muchos de Mis hijos han dado crédito a esas doctrinas erróneas. Sus eruditos se han erigido en intermediarios entre los seres humanos y Yo, su Dios y Padre. Pero Yo les digo: «No necesitan ningún intermediario»; y, en verdad, ¡Yo no necesito ningún representante! Todo es Mío. Allí donde quiero actuar y hablar, actúo y hablo directamente, sin rodeos y de la manera adecuada para cada situación.
Por eso Mis palabras son a veces serias; sin embargo, están sostenidas por Mi amor incondicional, que se dirige a todos —recalco: a todos—, incluidos quienes todavía están contra Mí. También se dirige a aquellos que no se oponen abiertamente a Mí, sino que han procedido con mayor astucia y han levantado un edificio de invenciones, mentiras e hipocresía para presentar a Mis hijos ignorantes una imagen falsa de Mí. También a ellos los traeré de regreso, al igual que a quienes permanecen detrás de ellos en lo invisible, los dirigen desde esferas espirituales inferiores y los impulsan a actuar movidos por su egoísmo, su orgullo y su afán de poder y dominio.
La sencilla enseñanza que traje como Jesús de Nazaret decía: ¡ama, y nada más! Para ponerla en práctica en la vida cotidiana no se necesitan teólogos, escribas ni dirigentes religiosos de ninguna clase. Desde el principio esta enseñanza fue una espina para las tinieblas. En muchas revelaciones ya les he explicado repetidamente cómo proceden las fuerzas oscuras. Lo hice, entre otras razones, para que no las subestimen, pues actúan con gran refinamiento y saben ocultarse sumamente bien.
Así, apenas unas décadas después de que floreciera el cristianismo primitivo y libre, las tinieblas comenzaron a introducir una tonalidad falsa en Mi enseñanza, cuidadosamente dosificada y, por ello, en pasos casi imperceptibles. Pudieron lograrlo mediante personas cuyo carácter no era íntegro. Aunque de sus bocas salían palabras de paz y amor, sus corazones estaban llenos de intrigas, perfidia y falta de sinceridad.
De este modo, las tinieblas establecieron, por medio de personas a quienes podían alcanzar e influir debido a la condición de sus almas, una organización que se apoderó de Mis hijos bienintencionados, pero también desprevenidos. No actuaron únicamente entre quienes Me seguían, sino que también infiltraron en todo el mundo otras religiones y comunidades de fe. En todas partes aprovecharon debilidades humanas como la vanidad, el ansia de poder y muchas otras para dirigir a quienes, movidos por la codicia y el deseo de sobresalir, se habían entregado a las tinieblas; los condujeron en la dirección que convenía —y todavía conviene— a las fuerzas contrarias. Y Mis hijos ignorantes los siguieron como ovejas confiadas y, al mismo tiempo, ciegas.
Como concedí a cada criatura un libre albedrío que jamás vulneraré, tampoco intervine en las acciones de las fuerzas que, desde ámbitos espirituales invisibles para ustedes —cuya existencia aún niegan muchos de sus teólogos—, manipulaban a las personas en quienes podían hacerlo. De acuerdo con la ley de atracción espiritual que conocen, lo lograron y siguen lográndolo allí donde encuentran vibraciones del alma que no corresponden a la elevada vibración del amor. Para expresarlo con mayor claridad: allí donde encuentran personas cuya disposición de carácter permite inducirlas a actuar contra la ley, entendida en el sentido divino.
Por regla general, no se trataba de quienes desempeñaban un papel subordinado en el engranaje eclesiástico y que muchas veces habían sido seducidos ellos mismos; mucho menos podían conseguirlo con quienes —aunque pertenecieran a una organización religiosa— se esforzaban honradamente por cumplir la ley del amor a Dios y al prójimo. Pero sí lo consiguieron con los dirigentes que predicaban la humildad sin vivirla.
En verdad, en verdad —y esto va dirigido a quienes, con pleno conocimiento, introdujeron una doctrina falsa en este mundo y no han corregido hasta hoy sus tergiversaciones, sino que siguen enseñando sobre este fundamento de desamor y arrogancia—: ¡en verdad, les pediré cuentas por cada alma que hayan extraviado! Por aquellas a quienes mostraron una imagen falsa de Dios; a quienes señalaron un camino que jamás puede terminar en Mi corazón; a quienes obligaron a recorrer el camino falso que ustedes trazaron, lleno de superstición; a quienes llenaron de miedo y terror exterior e interior mediante amenazas de castigos terrenales y de tormentos eternos en el infierno.
Les pediré cuentas por todos los humillados; por quienes persiguieron y mataron; por todos aquellos a quienes atormentaron con fuego y tortura, a quienes sedujeron y con demasiada frecuencia convirtieron en sus vasallos y servidores.
¡En verdad, se acerca el día de ajustar cuentas! Nadie podrá sustraerse a Mi ley, por refinadas que sean sus medidas de defensa y sus tácticas para ocultarse. Mi ley, que regula el equilibrio de Mi Creación mediante el principio de causa y efecto, los alcanzará. Pero no seré Yo quien los juzgue. Ellos mismos se sentarán en juicio sobre sí, como ya sucedió con sus predecesores.
A pesar de toda su actividad, su inteligencia no les bastó para penetrar en las sutilezas de Mi ley. De lo contrario habrían tenido que reconocer que a quien peca contra la ley del amor se le debilitan las fuerzas del alma y aumenta cada vez más la carga que pesa sobre ella. Esto vale para todos, sin excepción, pues Yo soy un Dios justo.
Si quienes quebrantaron esta ley hubieran reconocido su alcance, sabrían lo que les espera. Al mismo tiempo habrían comprendido Mi principio rector y habrían descubierto por qué el amor es la fuerza más poderosa: es invencible porque quien se opone a él de manera permanente se perjudica a sí mismo, se causa dolor y, finalmente, casi se destruye a sí mismo; y esto como consecuencia de su propia decisión, voluntad y conducta, impulsadas y azuzadas por las fuerzas del mal.
Su ciencia y su investigación histórica dan a conocer cada vez más de aquello que, durante los siglos pasados, sucedió en Mi nombre y bajo el manto de Mi amor. Decir: «Esto ocurrió hace siglos o milenios; pertenece desde hace mucho al pasado» corresponde únicamente a la realidad exterior, que excluye lo espiritual y, por tanto, no refleja la realidad completa. Aquello que todavía no ha sido reparado no pertenece en absoluto al pasado. Está presente y vive, porque para Mí su manera de contar el tiempo no desempeña ningún papel. Y si aún vive, también permanecen vivas las consecuencias derivadas de las causas establecidas, esperando solamente el momento de manifestarse.
En Mi amor he dispuesto el camino de la compensación, porque ninguna culpa puede subsistir eternamente: es el camino que conduce a través del reconocimiento, el arrepentimiento y la reparación. Quien lo recorre puede estar seguro de Mi ayuda misericordiosa. Este camino está abierto también para quienes extraviaron a Mis hijos. Es la mano que les tiendo. Quien no esté dispuesto a tomarla tendrá que saldar su deuda.
Pero, como también los seductores poseen libre albedrío, se les permite persistir en su obstinación. Sin embargo, les digo desde ahora: serán golpeados con las armas de sus propias doctrinas falsas. Las consecuencias que ellos mismos originaron los alcanzarán y pasarán sobre ellos. Ese día ya no está lejos. Pero también ellos —por endurecidos que estén—, cuando tengan que soportar pesadamente su carga y se derrumben bajo ella, enviarán algún día desde lo profundo de su alma el grito hacia Mí: «Por favor, ayúdame».
Al contemplar retrospectivamente lo ocurrido a lo largo de muchos siglos, pueden reconocer de qué manera se produjo el alejamiento de Mi sencilla y pura enseñanza del amor. Sus dirigentes eclesiásticos se atribuyeron una condición de absoluta necesidad, haciendo que los creyentes dependieran de ellos si pretendían —supuestamente— recorrer con éxito el camino hacia el cielo. Atacaron un punto central: eliminaron del mundo el conocimiento de la conexión única, íntima y eterna entre Padre e hijo, entre tú y Yo.
Se afirmó que era posible estudiarme a Mí, el Infinito, y de ese modo se aprovechó la ignorancia de Mis hijos. Ninguna criatura puede estudiarme jamás; mucho menos un ser humano y menos aún alguien con intenciones deshonestas. Puede acercarse a Mí y sumergirse en Mi corazón si Me ama, y porque Me ama, tan incondicionalmente como Yo lo amo. Entonces lo iluminaré y, de acuerdo con el nivel de su conciencia, lo iniciaré en Mis «misterios». El conocimiento que llegue a experimentar no lo habrá adquirido mediante estudios, sino mediante su profundo amor por Mí.
Este camino no correspondía a los intereses de las tinieblas ni de sus seguidores; porque vivir y hablar con un Dios que habita dentro del ser humano, que puede ser comprendido y que no necesita intermediarios, no convenía a quienes querían presentar otra imagen de Dios. Por eso se colocaron entre ustedes y Yo, y obstruyeron a los Míos el camino hacia Mí. El pueblo inexperto fue confrontado con escritos e interpretaciones que procedían exclusivamente del intelecto. Ser intelectual estaba y sigue estando de moda, porque confiere importancia, prestigio y, con ello, muchas ventajas. Otorga poder sobre quienes no logran comprender el juego.
Pero Yo les digo: ¡Yo soy la inteligencia suprema! ¡Y no llevo dentro de Mí ni una pizca de intelectualismo! Porque el intelectualismo representa el uso indebido de la inteligencia.
Así, por ejemplo, muchas comunidades religiosas crearon sus propios códigos de lenguaje, que solo podían y pueden comprender quienes pertenecen a ellas. Les digo: donde se enseña algo que la mente más sencilla no puede comprender, ¡allí interviene lo humano! Puesto que Yo soy el Amor —que incluye también la justicia—, las instrucciones y enseñanzas que traje tenían que ser tan sencillas y claramente comprensibles que cualquier persona del mundo —sin importar dónde viva ni cuál sea su condición— pudiera cumplirlas si era de buena voluntad. ¡Y así sucedió! Porque no hice otra cosa, y el ser humano tampoco necesita nada más.
Si quieren reconocer la magnitud de las tergiversaciones y modificaciones, examinen las normas, reglamentos, instrucciones e interpretaciones que sus iglesias y religiones proclaman como indispensables para la salvación. Quien comience a abrir sus ojos interiores reconocerá la verdad.
Cuando Me comunico con Mis hijos, esto sucede de corazón a corazón. Tiene lugar en el nivel de los sentimientos, sobre la base del amor mutuo, y no en el entendimiento. Enciendo dentro de Mi hijo un fuego que arde, crece cada vez más y alcanza tanto a Mi hijo como a las personas de su entorno que se dejan tocar y entusiasmar.
Así sucedió durante los primeros años y décadas después de que Yo abandonara nuevamente este mundo. Así hablaron y actuaron Mis apóstoles, Mis discípulos y quienes Me amaban y transmitían Mi enseñanza: de corazón a corazón. ¿Pueden imaginar que habrían encontrado muchos seguidores mediante una maraña de dogmas y artículos, expresiones incomprensibles, innumerables preceptos y cosas semejantes? ¿Si hubieran proclamado lo mismo que hoy proclaman sus máximas autoridades eclesiásticas? Y eso que estas les ocultan una gran parte de las leyes y «recetas de salvación» que inventaron, porque temen que sus ovejitas huyan cuando lleguen a conocerse sus «decisiones basadas en inspiraciones divinas», las cuales no han corregido hasta hoy.
Pude hablar a través del corazón de Mis seguidores, del mismo modo que hoy Me es posible hacerlo en todo el mundo mediante muchas personas que se han entregado a Mí y que Me aman. Es el lenguaje del corazón, que todos comprenden y todos pueden poner en práctica. Pero cuídense de que no sean únicamente palabras hermosas las que empleen. Ya hay suficientes palabras hermosas en este mundo. Lo que deseo de Mis hijos e hijas es su palabra filial, honesta y abierta: «Padre, Te amo. Quiero recorrer Contigo este día». Y luego procuren que no se quede solo en palabras, pues aprenderán y cosecharán frutos positivos únicamente si recorren realmente Conmigo la jornada; si observan lo que les sale al encuentro; si prestan atención a sus propias reacciones y las corrigen cuando sea necesario; si son conscientes de que «hay alguien a mi lado que entra ahora conmigo en esta o aquella situación». Entonces ya no serán frases vacías, porque estarán poniendo en práctica aquello que formularon y que sienten en su corazón.
Existen muchas expresiones semejantes que a veces salen con demasiada facilidad de sus labios. Reflexionen ustedes mismos, por ejemplo, sobre lo que significa pensar o decir: «Dios mío, descanso en Ti». ¿Qué significa esto cuando procede de su corazón? ¿No implica una confianza infinitamente profunda, una fortaleza que los temores y las preocupaciones no pueden sacudir? O cuando dicen: «Padre, soy Tuyo», ¿procuran entonces que sus pensamientos y acciones correspondan también a las leyes del amor? ¿Qué sienten cuando de sus corazones surge el deseo: «Yo para Ti, y Tú a través de mí»? Si hablan en serio cuando Me dicen esto, entonces soy Yo el piloto al que han recibido a bordo del barco de su vida.
Esto, Mis amados hijos e hijas, es amor vivido. Para ello no necesitan códigos legales mundanos, eclesiásticos ni de ninguna otra clase. Todo aquel que recorra este camino reconocerá y sentirá cuán cerca estoy de él. Entonces nadie podrá volver a decirles: «Debes hacer esto o aquello, o dejar de hacer esto o aquello»; ni: «Yo te mostraré el camino hacia Dios». No. Tú Me has experimentado; conoces Mi vida inmediata dentro de ti, y serás y permanecerás libre. Serás tan libre como te creé y recorrerás este camino que conduce a la libertad sin mirar a derecha ni a izquierda. Te convertirás en un hijo adulto, en una hija adulta de Mi amor, porque asumiste la responsabilidad por ti mismo y fueron eliminadas las barreras que tú levantaste o permitiste que otros levantaran dentro de ti.
Deseo que cada vez más de Mis hijos reconozcan esta sencilla verdad y la pongan en práctica en su vida. Mi bendición se dirige a todos ustedes y, de manera muy especial, a quienes vuelven a darme su sí. Amén.
Revelación divina
Mis hijos e hijas, los amo; amo toda Mi Creación. Y, como les he revelado, llegará el tiempo en que habrá paz: cuando todos Mis hijos, cuando todas las criaturas hayan regresado al Reino de Dios, al Reino de su Padre celestial, donde habrá bienaventuranza y gloria, amor y paz, tal como cantaron: «Habrá paz». Pero, en verdad les digo, dentro de ustedes ya existe la paz, porque han encontrado el camino hacia Mí y, por tanto, puedo cobrar vida en ustedes de manera cada vez más consciente, día tras día y acción tras acción.
Vayan, pues, en esta paz; reciban los dones espirituales que se les han concedido y disfruten también de los alimentos que dentro de un momento cubrirán su mesa. Sean bendecidos, hijos Míos, aquí y allá. Amén.