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Mantenerse al día con el Señor

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Mit dem Herrn auf dem Laufenden sein

Fecha original: 12 de enero de 2013

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, he entrado en este recinto, que resplandece con Mi luz, y hago descender esta luz en sus corazones abiertos.

Han supuesto correctamente: fui Yo quien dispuso que el encuentro de hoy se desarrollara de una manera un poco diferente. Quise darles la oportunidad de conversar sobre lo que les ha sucedido en el pasado, sobre cómo lo vivieron y cómo lo afrontaron. También debía ofrecerles la posibilidad de mirar aquellos rincones de su conciencia que quizá todavía no estén suficientemente iluminados por Mi luz. Saben cuán importante es realizar este trabajo interior; cuán importante es mantenerse al día con la observación y el trabajo de aquello que han descubierto dentro de ustedes.

Dicho de otro modo: ¡cuán difícil puede volverse el camino cuando dejan asuntos pendientes; cuando los evitan o incluso se niegan a examinarse en ciertos aspectos, o posponen para más adelante un trabajo cuya necesidad ya reconocieron!

Quien se mantiene al día con lo que cada jornada le muestra no arrastra restos ni «pedazos de alma» sin trabajar. Está libre para cada nuevo día, para cada nueva tarea y para cada nuevo encuentro. Los bloqueos han sido eliminados en gran medida, y puede recorrer su vida Conmigo con los ojos, los sentidos y el corazón despiertos. Es como cuando ordenan una habitación o una vivienda: perciban la claridad, la limpieza y la ligereza que quedan después, y sientan también, una vez terminado el trabajo, el estímulo y el valor para dar el siguiente paso. Así debe ser en su vida, no solo exteriormente, sino también en su interior —lo cual es, por lo menos, igual de importante, pues ambas cosas van de la mano—.

Quien está al día no ha eludido ninguna de las tareas que la vida le presenta cotidianamente. Ha reconocido que son asuntos que debe resolver o superar, algo destinado para él, algo nuevo en esta escuela terrenal; y con cada paso que da con éxito crecen las fuerzas de su alma, se amplía su conciencia, florece su capacidad de amar, su corazón se hace cada vez más grande, se desarrolla su atención hacia el prójimo, y él mismo percibe cómo se extiende una libertad interior unida a una profunda confianza en Mí, la fuente de su vida. Así desarrollan cada vez más esa fortaleza que corresponde a un hijo y a una hija de Dios.

¡Aquello que han trabajado y conquistado les pertenece! Nadie puede quitárselo, a menos que ustedes lo permitan. Pero si caminan tomados de Mi mano y no vuelven a soltarla, ya no descenderán del peldaño al que han subido Conmigo. En ese nivel pasarán a los mundos del más allá y allí continuarán desarrollándose. Llevarán consigo, por tanto, la conciencia que han desarrollado, y esta será la base sobre la cual seguirán construyendo; si fuera necesario, también la llevarán a una nueva encarnación. Pero, sea como sea, ya no comenzarán desde cero, pues dentro de ustedes han crecido fuerzas del alma que ahora les pertenecen, que forman parte de su ser y que Yo los ayudé a desarrollar porque Me dieron su sí. La superación de las tareas que entonces tengan por delante se volverá cada vez más fácil, porque se habrá ampliado el espectro de su conocimiento y de su sabiduría, y ustedes irán creciendo hasta convertirse en los hijos de Dios que deseo: alcanzarán la fortaleza, el resplandor y el poder que contemplo en ustedes desde la eternidad.

No Me cansaré de recordarles quiénes son. No son siervos ni siervas de este mundo —aunque a veces se sientan así—; son Mis hijos e hijas, creados de Mi amor, dotados de Mi amor y capaces de volver a convertirse en ese amor y de vivir desde él.

Cuando miro los corazones de Mis hijos, veo con frecuencia sus sentimientos de inferioridad, debilidad y pecaminosidad, porque solo contemplan su condición humana. Pero Yo les digo: ¡son criaturas de los cielos! ¡Asuman su herencia y actúen con la autoridad que he depositado en ustedes!

Les doy un ejemplo: en toda empresa grande existen diferentes niveles de dirección, entre ellos el de quien posee facultad de representación y, por encima de este, el de quien dispone de poderes generales. Quien ha ascendido hasta allí posee una amplia experiencia y actúa en consecuencia. Es consciente de sus capacidades y de su idoneidad, y toma decisiones de acuerdo con su competencia. Salvo excepciones, no tiene que preguntar si debe hacer esto o aquello de una u otra manera, pues sabe lo que corresponde hacer y lo hace.

Así deseo que sean Mis hijos e hijas: que maduren en Mi luz para que Yo pueda hablar y actuar a través de ellos, y para que ellos hablen y actúen en Mi nombre. Esos son hijos e hijas competentes de Mi amor. Esto no tiene nada que ver con arrogancia ni con darse importancia; al contrario, exige disposición para servir y no se alcanza sin la humildad necesaria.

Todos ustedes están en camino de volver a convertirse en ese amor. Entre Mis hijos existen opiniones diferentes acerca de si el camino hacia allí es difícil o fácil. En verdad les digo: cuando se recorre tomados de Mi mano, es un camino fácil. Para quien intenta recorrerlo sin Mí, poniendo en primer plano su parte humana y creyendo que puede lograrlo todo con su propia voluntad, será un camino difícil. Pero a quien camina Conmigo, a quien está dispuesto a conocerse a sí mismo y a atravesar la jornada con atención y vigilancia, a quien vuelve a darme una y otra vez su sí, Yo le quito una gran parte del trabajo. Y si hace aquello que pongo en su corazón —es decir, mantenerse al día—, podrá superar sin dificultades las tareas que el futuro todavía le depare. Entonces ya no habrá necesidad de volver la mirada atrás ni quedarán piedras pesadas en su mochila que le impidan avanzar con rapidez. Todo estará ordenado, y será libre para cuanto venga. Se parecerá entonces a las vírgenes prudentes de la parábola de sus Escrituras, que tenían llenas sus lámparas de aceite y estuvieron preparadas en el momento oportuno.

¡Quien se mantiene al día está preparado! Si lo desean, grábenlo profundamente en sus corazones y examinen dónde han descuidado algo. Yo los ayudaré a reconocer también esos restos y a eliminarlos, cualesquiera que sean.

Todos poseen conocimiento espiritual y, con él, llevan una responsabilidad y la obligación de ponerlo en práctica, porque el conocimiento espiritual quiere ser vivido. Para ello les doy una ayuda concreta:

Miren dentro de sus familias. ¿Están al día? Si tú, tú o tú, hijo Mío, reconoces que todavía hay algo pendiente, ¿qué te impide dar los pasos necesarios? Con tu conocimiento espiritual encontrarás una ocasión para hablar, en un ambiente tranquilo, de lo que sea necesario; pero no de la manera como quizá lo hacías antes, abrumando al otro con reproches y acusaciones. No: una persona con conocimiento espiritual procede de otro modo. Habla de sí misma, de sus deseos, de sus dificultades y de los errores y debilidades que ha reconocido; y habla de las soluciones que ve para cambiar su comportamiento. Pone abiertamente sobre la mesa aquello que la mueve y ofrece así un ejemplo al otro, quien conserva la libertad de seguirlo o no.

¿Ven, Mis amados, cuán sencillo puede ser? Si toman en serio este consejo, que no vale únicamente para sus familias sino para toda su vida cotidiana, irán eliminando, piedra tras piedra, aquello que hasta ahora no se había examinado debidamente. Y tarde o temprano, en una hora de quietud, conmovidos y quizá entre lágrimas, Me dirán: «Te doy gracias, Padre mío. Con Tu ayuda he avanzado un poco; estoy al día. A mi alrededor se ha hecho la luz, se percibe la libertad, los temores han desaparecido, la confianza crece cada vez más, y Tú has desarrollado en mí una capacidad de amar que yo no creía posible».

Penetren en ese sentimiento de ligereza, claridad y nuevo comienzo. ¿No es también ese su anhelo y su deseo? Si es así, denme la mano y recorramos juntos el camino que tienen por delante, el cual irá quedando libre de las cargas del pasado.

Los bendigo, Mis amados, y con Mi bendición fluye hacia ustedes toda la fuerza. Amén.

Revelación divina (en respuesta a nuestras oraciones)

Solo porque sus ojos todavía están velados no perciben la cercanía inmediata del mundo espiritual. Tampoco ven las numerosas corrientes luminosas de energía que partieron de aquí y se unieron a otras energías de amor de igual vibración. El hecho de no poder verlas los distrae con frecuencia y hace que olviden cuán poderosa es la fuerza de las oraciones, sobre todo cuando —como acaba de suceder— se pronuncian en comunidad y todos las sostienen interiormente.

En verdad, Mis amados, les digo: ¡en estos minutos han cambiado el mundo! Ya no es el mismo que era antes. Esto les resulta difícil de imaginar; pero recuerden que todo es energía y que la energía de vibración más elevada es el amor. Las oraciones pronunciadas desde corazones compasivos —como las de ustedes— llevan en sí la vibración de Mi amor, y no solo atraviesan su mundo material, sino toda la Creación.

Saben que las energías no se disuelven y mucho menos pueden destruirse. ¿Qué sucede, entonces, con la energía de sus oraciones? En sus peticiones, pero también en su agradecimiento, incluyeron sus múltiples intenciones, y con ello se produjo una atracción. Esta atracción hace que la fuerza de sus oraciones sea conducida hacia el lugar al que ustedes la dirigieron —con la mirada puesta en Mí— y que allí produzca su efecto. Y Yo Soy quien ahora ha aportado Mi parte, como lo hago siempre que Mis hijos vienen a Mí de este modo.

En todos los lugares a los que llegaron sus peticiones y deseos de bendición pusieron algo en movimiento. Los efectos no siempre tienen que hacerse visibles de inmediato; quizá primero deban realizarse preparativos o colocarse las cosas en la dirección correcta. Puede suceder, por ejemplo, que personas que hasta ahora no lograban decidirse sepan de pronto lo que deben hacer; que se pronuncie la palabra adecuada en el momento oportuno, y muchas otras cosas. Las posibilidades son infinitas. Si supieran esto y lo recordaran una y otra vez, en verdad les digo: ¡toda su vida se convertiría en oración por el deseo de ayudar!

Yo soy el Creador y Sustentador de todo cuanto existe. Pero también les he dicho con suficiente frecuencia que ustedes —que todos los seres, sean ya conscientes de ello o no— son cocreadores. ¿Qué otra cosa hicieron durante los minutos pasados sino poner esto en práctica? Crearon, liberaron energía adicional de amor, la enviaron a este mundo y contribuyeron así a modificar la relación de fuerzas; un cambio que no se habría producido si no hubieran pronunciado estas oraciones y deseos de bendición.

Se lo recuerdo para que vuelvan a tomar conciencia de las posibilidades que existen dentro de ustedes —dentro de cada uno— para ayudar a su prójimo en este mundo y en el más allá, a los animales, a las plantas y a la Madre Tierra. Cada oración y cada bendición envuelven a su prójimo en Mi amor, porque es Mi amor el que fluye a través de ustedes. Los animo a hacerlo tan a menudo como les sea posible.

Desde Mi corazón les regalo una corriente intensificada de Mi amor; ustedes, que conocen esto, la transmitirán a todo aquel que necesite de ese amor. Amén.