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La lógica del corazón les revela Mi verdad

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die Logik des Herzens erschließt euch Meine Wahrheit

Fecha original: 8 de marzo de 2014

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

¡Oh, miren! Yo soy el poder de los Cielos. Soy la luz del infinito. Soy el amor universal, la esencia fundamental de todo cuanto existe y, por tanto, también de ustedes. Cuántas veces he dicho ya: Mi herencia vive en ustedes, en ti, en ti y en ti, hermano Mío, hermana Mía, ¡sin excepción! Entonces, ¿quién pretende oponerse a Mí, el amor?

Pero para que el amor, que constituye la esencia más íntima de ustedes, pueda actuar dentro de ustedes y por medio de ustedes y expresarse también en su vida, se necesita su esfuerzo voluntario. En Mis enseñanzas les muestro numerosos caminos, dirijo su mirada hacia Mis leyes y les indico qué deben hacer para cumplirlas y preparar así su interior, de modo que la chispa del amor pueda convertirse en ustedes en una llama verdadera, cuyo resplandor será consuelo y orientación para muchos.

Les prometo que, si permanecen fieles a Mí, no sueltan Mi mano y procuran conservar la unión Conmigo dondequiera que se encuentren y hagan lo que hagan, entonces el amor —Yo mismo— se hará visible por medio de ustedes. Y sin necesidad de que pronuncien muchas palabras, sus semejantes reconocerán que Mi amor está presente y actúa en ustedes; al mismo tiempo se les revelará la verdad de la que todos tienen hambre y sed.

Hijos Míos en la materia y en el espíritu: en verdad, son innumerables quienes esperan poder reconocer también por medio de ustedes dónde se encuentra la fuente de la cual fluyen toda paz y toda salvación para el alma y el ser humano.

Mi luz se extiende sobre ustedes y sobre este lugar, llena este espacio; y en verdad, les digo: la luz del sol exterior, tal como resplandece para ustedes en este día, no es más que un débil reflejo comparada con el brillo y el esplendor de Mi luz divina, que también es la luz de ustedes. Amén

Revelación divina

Mis hijos e hijas, deseo profundizar la palabra revelada que acaban de escuchar y ampliarla con un aspecto del cual ya les he hablado. Se refiere a la «lógica del corazón».

Cuando digo «Yo soy el que soy», expreso con ello que fuera de Mí no existe fuente alguna de vida y que todo cuanto existe está en Mí y procede de Mí, aunque esta afirmación no sea fácil de comprender para Mis hijos humanos.

La característica sobresaliente de Mi divinidad es el amor: eterno, desinteresado e incondicional, cuya profundidad y al mismo tiempo grandeza ninguna criatura puede comprender. Está por encima de todo, lo incluye todo y nada puede compararse con él. Pero el amor no es únicamente un sentimiento como ustedes lo conocen en cuanto seres humanos; el amor es energía, y Mi amor es la única energía vital de toda la Creación. No existe otra fuente.

También Mi santa voluntad está por encima de todo y, por tanto, por encima de aquello que Mis criaturas buscan y hacen con la libertad que se les ha regalado. Nada es igual a Mi voluntad. Es inviolable, y Mi amor la contiene.

Lo mismo se aplica a Mi omnipotencia, que no tiene igual, a la que nada puede oponerse permanentemente y que también es gobernada por Mi amor.

Ahora deseo introducirlos un poco en la lógica del corazón contemplando la voluntad y la omnipotencia, para que Mis hijos, a quienes he dotado con partes de Mis cualidades divinas y que llevan en su interior un potencial espiritual inimaginablemente grande, ya no dependan de tener que creer sin examinar aquello que las diversas religiones e ideologías les presentan como verdad. Deseo moverlos, y lo haré, a utilizar el entendimiento que les he dado y la grandeza de su corazón para alcanzar sus propias comprensiones y decisiones, a fin de que maduren paso a paso hasta llegar a ser los hijos e hijas libres, soberanos y luminosos que Yo creé y de quienes deseo que aspiren a recibir la herencia que vive en ellos y la hagan suya.

Quiero explicarles la lógica del corazón —del corazón de ustedes y del Mío— mediante el ejemplo de una de sus doctrinas eclesiásticas: la condenación eterna. Mi voluntad es que todo cuanto cayó o abandonó los Cielos por otros motivos regrese a Mí. Y Mi omnipotencia es capaz de conseguirlo. Por tanto, ¡así sucederá!

¿Cómo podría entonces un poder contrario —que únicamente tomó Mi energía, abusó de ella y redujo su vibración— frustrar Mi voluntad y apartar de Mí a una parte de Mis hijos, incluso por toda la eternidad según la doctrina eclesiástica? De acuerdo con esa doctrina, Yo perdería contra Mi voluntad a una gran parte de Mis hijos humanos: a todos los que se hicieron culpables por no obedecer leyes humanas y eclesiásticas.

¿Cómo podría suceder esto si Mi omnipotencia y Mi voluntad están por encima de todo? Incluso cada persona que Me dijera «no» podría invalidar Mi voluntad —y sería, por tanto, más fuerte que Yo—, con la consecuencia de que supuestamente tendría que desterrarla de Mi corazón por toda la eternidad. Así enseña una de sus religiones.

¿Puede ser esto cierto si no existe un poder mayor que el Mío? ¿Acaso no tendría Yo la capacidad de conducir de regreso a Mis hijos conforme a Mis leyes? La aplicación de la ley de causa y efecto es una de las posibilidades de las que dispongo. Dense ustedes mismos la respuesta en su corazón, pues es importante que lleguen a una valoración propia. De esta manera reconocerán al mismo tiempo que aquello que se enseña sobre este punto no puede proceder de Mi amor. Aquí han intervenido otras fuerzas oscuras que deformaron y tergiversaron Mi enseñanza del amor.

Y con ello llego al concepto de «conciencia». La conciencia de una persona está formada en parte por aquello que trajo consigo a esta vida y en parte por lo que le inculcaron, lo que —por las razones que fueran— permitió que le impusieran, aquello de lo que se apropió, lo que influyó sobre ella y lo que la marcó. La conciencia constituye el fundamento de los actos de una persona; esta no puede actuar de manera diferente de como se lo indica su conciencia. Aunque la conciencia les parezca abstracta —a diferencia, por ejemplo, del cerebro—, pueden reconocer en ello hasta qué punto determina realmente su vida.

La clase de conciencia que tiene una persona puede reconocerse por sus frutos: por su manera de hablar, sus acciones, sus intereses, aquello que considera importante, las metas que persigue, los esfuerzos que realiza y muchas otras cosas. Todo esto revela incluso a quienes tienen poca experiencia algo acerca del interior y, por tanto, de la conciencia de una persona.

Si quieres conocer tu conciencia, hijo Mío, presta atención a lo que sucede dentro de ti y a lo que se expresa en tu vida. Incluye también tus pensamientos; y si eres completamente sincero contigo mismo, reconocerás dónde te encuentras en este momento.

Ahora bien, la conciencia no es algo determinado y fijado para siempre tal como es. La conciencia puede transformarse; todos ustedes ya han vivido esta experiencia. Lo falso puede corregirse y lo nuevo puede aprenderse. La única pregunta es si Mi hijo está dispuesto a adquirir estas comprensiones y dar los pasos necesarios para aprender, y si continúa dispuesto y capacitado para extraer de lo reconocido las consecuencias necesarias, realizar las correcciones correspondientes y tomar las decisiones pendientes.

Ahora vuelvan a reflexionar, aplicando la lógica de su corazón, sobre la llamada condenación eterna y sobre lo que les he dicho acerca de la posibilidad de transformar y ampliar su conciencia. ¿Reconocen la doctrina falsa? ¿Reconocen en ello que Yo no soy un Dios que castiga y amenaza —ni siquiera puedo serlo—, sino el Padre del amor? Y si lo han comprendido, ¿qué consecuencias tiene esto en su vida?

Sé que muchos de quienes leerán Mi palabra sentirán que se les quita un gran peso de encima; que se sentirán aliviados por la comprensión a la que los he ayudado a llegar mediante un ejemplo sencillo. Para que este conocimiento se arraigue profundamente en su interior, tiene que proceder de una comprensión que «amanezca» dentro de ellos mismos y que, por ello, consideren correcta porque corresponde a la lógica de Mi amor; no deben creerla ciegamente solo porque la fuente de toda verdad y sabiduría la establece.

Quien utiliza de este modo su entendimiento crece hacia una libertad que antes no conocía. Abandona el campo de los temores, las limitaciones y las coacciones; reconoce la luz que lo llama desde hace mucho tiempo y lo espera. Se libera de las cadenas que él mismo se impuso o que otros le pusieron. En su interior comienza a crecer el amor que está en él desde la eternidad. Aprende a confiar en esta fuerza y, ante todo, aprende que el amor no es únicamente un sentimiento, sino una energía que lo mantiene con vida. Comprende que puede trabajar con esta energía —y se esfuerza por hacerlo— para hacer la vida más bella y mejor, ya en este mundo y también con miras al más allá.

Quien recorre este camino de responsabilidad propia comprende el juego engañoso. A cambio, experimenta cada vez más la libertad que lleva dentro de sí. Recibe la herencia que he preparado para él y que solo espera ser aceptada.

Envuelvo en Mi amor a todos Mis hijos: a ustedes aquí en la materia, en lo visible, y también a ustedes que están reunidos aquí en lo sutil, en lo invisible, para escuchar Mis palabras. Reflexionen sabiamente sobre cuanto les he dicho, perciban Mi amor en ello, entréguense a esta corriente magnética que desea atraerlos hacia Mi corazón de Padre y vuelvan a ser aquello que son desde la eternidad: ¡Mis hijos e hijas divinos, nacidos en libertad! Amén

Revelación divina (en respuesta a nuestra oración por la paz)

En verdad, les digo: un pensamiento de paz que fluye de sus corazones jamás dejará de producir efecto. La paz de ustedes la integro en Mi paz; con ella envuelvo esta Tierra y, mediante nuestra luz de paz, toco todos los corazones que la necesitan.

Dejen que la paz continúe creciendo también dentro de ustedes, para que se conviertan en servidores fuertes, desinteresados y humildes de Mi amor y Mi verdad; y para que lleguen a ser aquellos mensajeros que he enviado a la aflicción y la oscuridad de este tiempo, con el fin de encender el fuego necesario para iluminarlas y transformarlas. Y para que esto pueda suceder, Mis amados, todavía tendrán que ocurrir algunas cosas en su vida, para que su interior sea purificado y puedan prepararse para servir y ayudar, como mensajeros de la luz, a todos aquellos que deseo conducir hasta ustedes, a fin de ofrecerles Mi pan y Mi agua. Pues quiero volver a estrechar entre Mis brazos a todos Mis hijos y recibirlos nuevamente en el hogar, en la protección de Mi amor, que es su patria, cuando haya llegado el momento para cada hijo.

Los bendigo, estoy con ustedes y no los abandono. Permanezcan también ustedes junto a Mí, y les prometo que un día volverán la mirada hacia su vida y Me agradecerán a Mí, su Padre, la abundante bendición que recibieron en todo momento, incluso en medio del dolor, y que los elevó hacia Mí. Los amo. Amén