Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, al comenzar Mi palabra revelada de hoy les recuerdo quiénes son: Mis hijos, criaturas de los Cielos, seres espirituales de una belleza indescriptible, una fortaleza inimaginable y una conciencia cósmica que todo lo abarca, aunque temporalmente estén encarnados en un cuerpo humano que volverán a abandonar. Aquello que ven en ustedes mismos y en el prójimo, y con lo cual se identifican a sí mismos y a sus semejantes con demasiada frecuencia, no es más que la sombra fugaz de una personalidad espiritual e individual en la que he depositado muchas de Mis cualidades divinas. Yo, su Dios y Padre, los he creado; aquello que Yo creo no tiene errores, y ningún poder puede impedirme conservar para siempre lo que he creado.
Eso son ustedes, cada uno de ustedes. Por tanto, llevan en su interior toda la sabiduría y claridad, todo el amor y la inteligencia divina. Cuanto más a menudo lo recuerden y cuanto más procuren corresponder a esta imagen ya durante su vida —hasta donde les sea posible—, tanto antes podrán liberarse de las cadenas ideológicas que todavía les impiden alcanzar la libertad interior; cadenas que los han mantenido en la ignorancia y muchas veces en el temor, y que en gran medida aún lo hacen.
Deseo hijos e hijas que, al reconocer la verdad, caminen erguidos interior y exteriormente por su vida; que sean conscientes de la responsabilidad que tienen por sí mismos y también por las personas confiadas a su cuidado, y que asuman esa responsabilidad poco a poco. Por medio de ellos transformaré el mundo si están dispuestos a vivir la enseñanza que llevé mediante Jesús de Nazaret. En Mis revelaciones pongo en sus manos las herramientas necesarias; y la «lógica del corazón» que enseño desde hace muchos meses es el instrumento para pasar de la ignorancia y la falsedad a la sabiduría y la verdad. Finalmente, les permite encontrar el amor, el amor que vive en ellos y en todas las criaturas: ¡Mi amor eterno, que todo lo sostiene!
Desde la Caída, también llamada caída de los ángeles, que tuvo lugar hace ciclos de eones imposibles de precisar, se libra la batalla entre las tinieblas y la luz, entre Mi adversario y el de ustedes y las fuerzas de los Cielos. Se desarrolló y continúa desarrollándose principalmente en las regiones astrales cercanas a la Tierra y, naturalmente, en su planeta. En ningún momento se ha dejado de intentar extraviar a Mis hijos humanos. En el punto más bajo del desarrollo espiritual y anímico de las personas, Yo, el amor, entré en la materia y encarné en el ser humano que ustedes conocen como Jesús de Nazaret.
Mi misión no fracasó, aunque desde entonces las tinieblas han procurado presentar Mi «muerte» como prueba del fracaso. Entre otras cosas, lo hicieron colocando sobre el símbolo de la cruz —que es un símbolo de la resurrección— una figura muerta, un cuerpo clavado, para demostrar así su poder: «Miren, aquí cuelga su “Redentor”».
No pudieron impedir la redención de Mis hijos caídos, porque desde el Gólgota cada alma y cada persona llevan en su interior una energía adicional, la llamada chispa de Cristo. Con este acto Mío se detuvo la Caída, se consumó la redención y los Cielos volvieron a abrirse. Solo que cada uno sigue teniendo que tomar por sí mismo la decisión de emprender el camino de regreso a la casa del Padre. Esto se debe al libre albedrío que he dado a cada alma y a cada persona como un regalo inviolable.
El bando contrario no pudo impedir que llevara a las personas la enseñanza de Mi amor incondicional y desinteresado y que la viviera como ejemplo hasta el amargo final. Tampoco pudo impedir que derramara Mi Espíritu y tocara así a muchas personas en su interior, de modo que decidieron seguir el camino que Yo había recorrido antes que ellas. Pero sí pudo hacer algo diferente, y lo hizo, mostrando —con paciencia y de acuerdo con un plan— una habilidad y una astucia que ya les he señalado muchas veces:
Buscó a personas en las que podía influir y modificó Mi enseñanza mediante pasos pequeños y diminutos, algo que nadie, o apenas unos pocos, reconoció. Después de algunos siglos ya había surgido una estructura religiosa cuyo interior se había vuelto en gran medida vacío, aunque una y otra vez hubo hombres y mujeres que no aceptaron estos cambios y tergiversaciones destinados a manipular y controlar. En la mayoría de los casos pagaron con su vida terrenal su fidelidad a Mí.
Finalmente, Mi sencilla enseñanza del amor ya no podía reconocerse. Se habían añadido muchas cosas falsas, superfluas, exteriores, equivocadas, incoherentes y confusas. Las modificaciones y tergiversaciones deformaron Mis palabras. Los juegos intelectuales, que el pueblo sencillo no estaba en condiciones de comprender, se convirtieron en instrumentos para ejercer poder, crear ataduras y propagar el miedo. Un Dios de amor, un Padre misericordioso sin igual, se convirtió en una instancia de amenaza y juicio. La verdad quedó sepultada bajo una montaña de escombros. Debido a la falta de educación adecuada y, sobre todo, a una mentalidad de sumisión a las autoridades hábilmente promovida, unida a la amenaza de perder la salvación eterna del alma si dudaban o negaban algo, las personas —salvo pocas excepciones— no tenían posibilidad de cuestionar o examinar las doctrinas y los dogmas. A esto se añadió una alianza impía con el poder secular que hizo muy difícil, casi imposible, encontrar la verdad y, mucho más, proclamarla.
La semilla de las tinieblas había brotado y lo hizo durante muchos siglos. Primero surgió una iglesia; luego varias; y finalmente muchas iglesias y corrientes religiosas. Hoy, además de las religiones principales, existen innumerables visiones del mundo distintas, cuyos representantes, si se llaman cristianos, invocan todos Mi nombre, es decir, una sola fuente. ¿A quién ha hecho reflexionar este hecho contradictorio en sí mismo? ¿Quién ha planteado preguntas a partir de él? ¿Quién ha consultado su corazón incluyendo también su entendimiento? ¿Quién ha tomado decisiones como consecuencia de lo comprendido?
En verdad, les digo —y lo hago desde la plenitud absoluta de Mi autoridad divina, que nada ni nadie puede afectar—: ¡Yo jamás fundé religión alguna, de ninguna clase! Estoy igualmente presente para todos, con ayudas, apoyo, enseñanzas y mandamientos que cada uno puede aceptar, comprender y llevar a la práctica. Por tanto, quien presente como enseñanza algo que contenga más que Mi tantas veces mencionado «Ama, y nada más» no puede invocarme como origen de su religión.
Aquello que las personas denominan religión no tiene nada que ver con la verdadera religión. Una religiosidad profunda y auténtica es consciente de la conexión eterna que he establecido con todas Mis criaturas. Tiene una sola meta: cuidar esta conexión con amor, ampliarla y fundar la vida sobre ella. Nada más. ¡No se necesitan otros criterios! Según esta medida Mía, aquello que ustedes acostumbran llamar religión no es más que ideología. Son doctrinas con unos pocos contenidos correctos y muchos falsos, con preceptos, ritos, tradiciones y formalidades exteriores que no acercan verdaderamente a Mi corazón a una persona que las sigue o practica, aunque lo haga con absoluta fidelidad a la letra.
Nada que haya crecido sobre un terreno ajeno a Mi ley del amor perdura para siempre. Ustedes tienen un refrán para expresar esta verdad: «Los molinos de Dios muelen despacio, pero con justicia». En su época muelen cada vez con mayor rapidez…
Cuando observan su mundo, reconocen fácilmente las transformaciones que comienzan a perfilarse y que tomarán cada vez más forma en el tiempo venidero. Esto afecta también al aspecto espiritual de la humanidad. Hasta hace unas pocas décadas apenas hubo crecimiento espiritual; la ignorancia impuesta parecía un bloque de concreto imposible de romper. Pero el poder de quienes reprimieron la verdad durante casi dos milenios se ha desvanecido. Todavía defienden las posiciones con las que se mantuvieron durante mucho tiempo. Sin embargo, la verdad se abrirá camino y finalmente acogerá en sus brazos también a quienes la reprimieron.
Muchas cosas comenzaron a cambiar con los primeros conocimientos acerca de una vida después de la muerte. Como no recibían respuestas satisfactorias a sus preguntas, muchas personas comenzaron a buscar. En el centro de su búsqueda estaba y sigue estando, lo sepan o no, la pregunta por el sentido de la vida. Es cierto que también las tinieblas aprovechan la oportunidad para acercar sus propias ideas a las personas —y muchas, por falta de conocimientos de fondo, caen en las trampas instaladas—; pero muchas otras esperan llenas de esperanza y confianza respuestas que las ayuden a reconocer su origen espiritual y su meta para transformar su vida de acuerdo con ello.
El tiempo en que estas respuestas no podían darse o eran reprimidas ya se acerca a su final. Una poderosa irradiación de energía, cuya fuente es Mi amor, ha hecho —y en el futuro lo hará con mayor intensidad— que cada vez más personas despierten. No en último lugar, legiones de almas que han encarnado para colocarse del lado de la luz durante esta época y la venidera contribuyen a ampliar la conciencia. Es grande el anhelo de las personas por encontrar el sentido de todo, reconocer ¿de dónde?, ¿por qué? y ¿hacia dónde?, y obtener, más allá de la esperanza, el conocimiento de que existe un Dios; que este Dios es justo porque Él es el amor; y que detrás de todo actúa un orden regido por leyes que regula todas las cosas y obra sin error.
Durante muchísimo tiempo, las personas no se atrevieron, fueron demasiado apáticas o carecieron de las herramientas necesarias para responder por sí mismas a gran parte de las preguntas que las inquietaban. Esto también estaba relacionado con una imagen falsa de Dios, con la idea de un Dios lleno de misterios semejantes a una espesura impenetrable, en la que uno ni siquiera se atreve a entrar.
Pero Yo les digo: ¡Soy completamente diferente! Ciertamente soy la conciencia más grande y elevada, de una profundidad, amplitud e infinitud que ninguna criatura podrá explorar jamás; pero soy sumamente sencillo y nada complicado cuando se trata de la relación con Mis hijos. ¡Soy tu Padre, soy el Padre de ustedes! Les hablo como un padre —o una madre— habla a su hijo, adaptándome siempre a la conciencia de este. Tampoco Me cierro ante sus numerosas preguntas. Dejo que cada hijo «se sumerja en Mí» si lo desea y ya es capaz de hacerlo. Soy la inteligencia de la Creación. En Mí no existe contradicción alguna, y Mis leyes son completamente coherentes y lógicas en sí mismas.
¡Yo soy!
Muchas preguntas para las cuales la humanidad no recibió o no encontró respuestas en el pasado sí pueden responderse. Muchas veces solo hace falta pensar un poco más y llevar el razonamiento hasta sus últimas consecuencias; y, sin duda, a veces también se necesita algo de valor para reconocer las conclusiones resultantes. Esto puede conducir a tener que arrojar por la borda una antigua visión del mundo. Pero ¿qué tendría eso de malo si, a cambio, recibes una comprensión profunda y creces hacia tu libertad?
La llave para iluminar muchas preguntas sin respuesta se llama «lógica del corazón». Voy a explicársela y reconocerán por qué con frecuencia subrayo dos temas centrales en Mis revelaciones: por una parte, la manera en que actúa el adversario y, por otra, las posibilidades de trabajar con la lógica del corazón. Por medio de ella podrán encontrar ustedes mismos las respuestas que hasta ahora no encontraron, no pudieron encontrar o quizá tampoco quisieron necesariamente encontrar.
Aplicar correctamente la lógica del corazón los convierte en los hijos e hijas de quienes hablé al principio. Entendida en el sentido correcto, los vuelve invulnerables, porque mediante ella establecen un fundamento estable de fe y conocimiento. Los convierte en seguidores que no necesitan remitirse a pasajes de sus Escrituras cuando se les pregunta quién o qué es Dios, porque entonces serán capaces de anunciarme a partir de su propio conocimiento y experiencia. Les da claridad, consolida su convicción y los fortalece en la certeza de que Yo soy, sin reservas, un Dios de amor, y que en Mí no existen contradicciones, incoherencias ni misterios deliberadamente ocultos.
La lógica del corazón significa haber obtenido una comprensión propia utilizando el entendimiento, pero sin colocarlo en el primer lugar, sino concediéndole el sitio que le corresponde: como mano derecha del corazón. Mientras no posean una comprensión propia, dependen —al no poder comprobar por sí mismos— de aceptar lo que otros les enseñan o los inducen a creer. Si todavía no dominan las tablas de multiplicar más sencillas, considerarán correcto aquello que les enseñen, incluso, por ejemplo, un resultado equivocado: 3 × 3 = 8. Cuando más adelante las matemáticas ya no les resulten desconocidas, reconocerán de inmediato el error y no lo aceptarán.
Así sucede también cuando utilizan su entendimiento colocando por delante el corazón.
Si, por ejemplo, están convencidos de que Yo soy la omnipotencia, de que no existe voluntad alguna igual a la Mía y de que, por tanto, Mi voluntad no puede ser anulada de ninguna manera, al aplicar la lógica de su corazón surge una comprensión que sorprenderá a algunos: la doctrina de una condenación eterna no puede ser verdadera. ¿Por qué no? Reflexionemos: porque Yo soy el amor que todo lo perdona eternamente, Mi deseo es llevar de regreso a Mí todo cuanto ha caído, incluidas todas las almas y personas. ¡Esta es Mi voluntad! Si fuera cierto que una persona está condenada por toda la eternidad porque no quiere relacionarse Conmigo o porque no pertenece a la comunidad religiosa correcta, entonces esa persona podría anular Mi voluntad mediante su decisión o su conducta. Yo digo: «Volverás a Mí», y ella dice: «No, no quiero». Según la doctrina de ustedes, tendría que enviar a esta persona al infierno eterno, contra Mi voluntad declarada de volver a tenerla Conmigo. Según esta idea, las tinieblas podrían apartar de Mí a una parte de Mis criaturas. ¿La voluntad de quién habría vencido? ¡Utilicen la lógica de su corazón!
Si, por ejemplo, creen que Yo soy el amor, de ello se deduce que también soy la justicia, porque el amor sin justicia no es amor, sino arbitrariedad. Pero Yo soy justo. Por eso, aquello que sucede en tu vida personal y, en general, todo cuanto ocurre en su mundo tiene que suceder sobre la base de Mi justicia divina. Lo bueno y lo menos bueno que te acontece debe tener alguna relación contigo, aunque esto todavía no diga de qué se trata en cada caso ni si eres capaz de clasificarlo y comprenderlo correctamente. Pero si Mis leyes divinas obran sin error, no puede ocurrir que tengas que aprender o soportar algo que, en realidad, estaba destinado para otra persona. La existencia de cada ser humano y de su alma se asemeja a una cadena infinitamente larga en la que un eslabón sigue a otro. Tú no conoces cada eslabón. ¿Significa eso que no existen? Si aplicaran correctamente la ley de siembra y cosecha de la que también hablan sus Escrituras, no solo a lo que les traerá el futuro, sino que se preguntaran: «¿Cuándo sembré aquello que he cosechado hoy, ayer, anteayer o incluso antes?», ¿no surgiría necesariamente la conclusión de que debe haber existido algo antes de su vida actual que ahora actúa en esta? Utilicen la lógica de su corazón; de lo contrario, tendrán que recurrir a la imagen deformada de un Dios que, al nacer una persona, crea su alma mediante un acto único y luego coloca a esa persona, con condiciones iniciales y capacidades completamente desiguales, en circunstancias de vida totalmente diferentes. El corazón y el entendimiento les darán la respuesta si la buscan con sinceridad.
Si, por ejemplo, oyen decir: «Todos creemos en un solo Dios; únicamente le damos nombres diferentes», están llamados a mirar las profundidades de estas palabras. No se trata del nombre que Me den. Pueden llamarme como quieran, siempre que su corazón esté Conmigo. Por tanto, el nombre no es decisivo. Entonces, ¿qué lo es? ¿Qué relacionan las diversas ideologías con el nombre que Me dan? ¿Se encuentra realmente detrás de él el amor que todo lo comprende y todo lo perdona, que no amenaza ni castiga? ¿Se encuentra detrás la mano fraterna que desea ayudar incluso al mayor pecador y que realmente lo ayuda cuando este reconoce su culpa, se arrepiente y cambia de rumbo? Con «cambiar de rumbo» se entiende que comienza a recorrer el camino del amor vivido, no que se convierte a la «única religión verdadera». Si esto no sucede, ¿se trata en realidad de la misma fuente a la que únicamente se denomina de otra forma? Utilicen la lógica de su corazón.
Si, por ejemplo, conocen los acontecimientos de la Caída, saben también que antes de ella todos los seres vivían en la unidad, igualdad y libertad indescriptible del Cielo. También ustedes. La única «religión» —entendida en el sentido que les he explicado— era, es y será por toda la eternidad el amor que nos damos mutuamente, el elixir de vida de todas las criaturas. Todos regresarán a esta gloria del Cielo —o, en plural, «de los Cielos», lo cual describe las siete esferas fundamentales, desde el orden hasta la misericordia—. En la eternidad no existen Cielos separados para los seguidores de las distintas ideologías. Puesto que, según la ley espiritual de atracción, solo puede «volver a entrar en el Cielo quien lleva el Cielo dentro de sí», algún día todos volverán a estar unidos en la unidad, igualdad y libertad que antes les pertenecían y que llevan eternamente como herencia divina. Esto significa que, al regresar a la casa del Padre, cada alma tendrá que revisar y finalmente abandonar por completo las ideas aprendidas acerca de Mí, de su patria eterna, de las supuestas necesidades y condiciones para entrar en el Cielo, de ataduras y dependencias, de falsas creencias y de muchas cosas más. A cambio, con mucho apoyo de sus hermanos y hermanas espirituales durante su desarrollo posterior, reconocerá que se trata exclusivamente del amor y que este crece al practicar el servicio a quienes todavía necesitan esa ayuda en el tramo de camino que recorren. De este modo aumenta la fuerza interior de cada alma, se amplía su conciencia y se intensifica su luminosidad. La época en que seguía diversos mandamientos que consideraba absolutamente necesarios para su salvación queda muy atrás. Finalmente entra en el territorio libre de la unidad que todo lo abarca. Y ahora utilicen la lógica de su corazón y reconozcan, en su luz y claridad, la diferencia entre la verdad y la falsificación: si antes de la Caída fue como se ha descrito, ¿podrá ser diferente más tarde, cuando Yo haya vuelto a reunirlo todo?
Un último ejemplo: la mayoría de ustedes sabe que todo es energía y que la energía no puede destruirse. Reconocer esto es importante para relacionarse correctamente con la culpa. Un estafador no puede alegar que su acto algún día «se disolverá en el aire» solo porque no fue descubierto. El hecho del fraude —o de cualquier otro delito— permanece hasta que se restablece el equilibrio. Si esto no sucede, la energía negativa introducida en el mundo mediante el acto seguirá existiendo dentro de 50 años, dentro de 500 o 5,000 años y más allá. No desaparece de repente tan solo porque haya transcurrido el tiempo. Y mientras siga existiendo, actúa desde una «distancia invisible» sobre quienes participaron en el acto. Sin embargo, existe un camino, uno solo, para liberarse de la culpa: reconocer con honestidad la propia conducta equivocada; arrepentirse —y cuanto más profundo sea el arrepentimiento, mayor será su efecto en la disolución de la culpa—; reparar el daño, cuando sea posible; y, finalmente, pedir perdón. Como Yo soy el amor y la misericordia, no es posible que Me niegue a una petición de perdón cuando el deudor reconoce y lamenta su conducta, sin importar la magnitud de su culpa. Tampoco sucede, como muchas veces se supone por desconocer estas relaciones, que Yo decida caso por caso. Quien viene a Mí con humildad y un corazón abierto pone en acción, prácticamente de manera «automática», Mi ley, que le permite restablecer el equilibrio y lo libera así de su falta. Utilicen la lógica de su corazón y comparen la idea tan frecuente de que con el último aliento todo termina y queda olvidado con Mi ayuda, que les permite borrar su culpa incluso sin recurrir a un intermediario. Solo que su reconocimiento debe ser sincero de corazón.
La lista de ejemplos podría prolongarse indefinidamente, pero estos bastarán a quienes reconocen la verdad en Mis palabras. Recordarán su autonomía y corregirán las partes de la imagen que tienen de Mí que no corresponden a un Padre divino de amor y misericordia. Así se liberarán paso a paso de ideas restrictivas y, conforme a su crecimiento espiritual y anímico, surgirá en ellos no solo el sentimiento de ser un hijo o una hija libres, sino también la certeza de que Yo no soy como Me representan. De vez en cuando también tendrán que luchar consigo mismos, porque no es fácil abandonar sin más los caminos trillados. Pero también entonces estoy a su lado.
Como Jesús de Nazaret dije que les enviaría el Espíritu de la verdad, que los guiaría hacia toda la verdad. He cumplido Mi palabra. Mi Espíritu seguirá soplando, en todo el mundo y en todo lugar donde Él quiera. ¿Quién podría impedírmelo? De este modo conduzco a quienes son Míos cada vez más profundamente hacia Mi verdad eterna, para que poco a poco participen de Mi sabiduría.
Su época actual, que les ofrece tantas posibilidades como casi ninguna anterior, está preparada para recibir un conocimiento ampliado procedente de Mi Espíritu, que —como fue anunciado— derramaré sobre Mis siervos y siervas para que se liberen, se levanten y puedan y sepan anunciar Mi amor mediante su vida. Yo he encendido su fuego interior.
El instrumento de la «lógica del corazón» puede ayudar a todos a encontrar respuestas para las preguntas que hasta ahora permanecían en la oscuridad. Con él tienen en sus manos una posibilidad de comprender más profundamente y liberarse interiormente, pero su valor solo se les revelará cuando lo utilicen, lo pongan a prueba y finalmente lo integren en su vida. Si lo hacen en Mi Espíritu, es decir, si Me piden que los ayude en su búsqueda y en sus hallazgos, los guiaré y evitaré que sufran daño y sigan pistas falsas.
Pero permanezcan conscientes de que la separación de las ideas antiguas debe suceder con amor y nunca puede estar unida a acusaciones contra quienes —sin saberlo y muchas veces con las mejores intenciones y buena voluntad— les enseñaron algo distinto. Así crecerán hacia la autonomía y la responsabilidad propia de un hijo de Dios. Esto se asemeja a un proceso normal de separación que, cuando sea apropiado o necesario, puede acompañarse con gratitud hacia quienes los condujeron al punto actual de su vida y al nivel presente de su conciencia.
Quien, debido a la seriedad de Mis palabras, dude de su origen divino porque aparentemente les falta amor, debe tomar conciencia de que nunca existió ni existirá un amor mayor que aquel que entregó su vida para conducir a todos de regreso a la casa del Padre. Mi amor no favorece ni perjudica a nadie. En él actúa Mi justicia, pero también Mi autoridad, que revela Mi ley sin considerar rango, persona o méritos exteriores. ¿Debo guardar silencio cuando veo a un gran número de Mis hijos e hijas vagar sin conocer el camino ni su meta? ¿Debo cerrar los ojos ante sus preguntas y su búsqueda?
Abro los ojos de quienes están dispuestos a despertar de su sueño, que muchas veces ya dura una «pequeña eternidad». Asumo la guía de todos los que ponen en Mis manos sus pensamientos, su vida y sus actos. Pero también voy tras quienes permitieron que los sedujeran, porque ellos también son hijos de Mi amor. Por ese amor tampoco abandono a quienes denomino tinieblas, oscuridad o adversarios y que, desde lo invisible, continúan su lucha contra la luz, contra Mí y contra todos los que se han colocado a Mi lado. También a ellos los llevaré de regreso, de modo que «al final de todos los tiempos» se restablezca la unidad de la que todos proceden y en la que todos volverán a entrar.
Mi bendición descansa sobre ustedes. Los hace fuertes y claros, y los ayuda a recorrer su camino.
Amén