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La batalla final ha comenzado

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Der Endkampf hat begonnen

Fecha original: 10 de enero de 2015

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, viven en un tiempo como nunca antes había existido. Un tiempo así requiere una santa palabra de revelación adecuada a las circunstancias y que, pese a todo el amor que contiene, refleje con gran claridad la seriedad necesaria. Sin embargo, para todos aquellos que no solo crean en Mi mensaje, sino que también lo sigan, será verdaderamente una buena noticia.

Desde que, hace eternidades, se produjo la caída que dio lugar a la formación de los ámbitos exteriores a los Cielos y finalmente al surgimiento del universo material, no ha habido un solo instante en que las fuerzas de las tinieblas no hayan intentado librar su lucha contra Mí y Mi Creación con el propósito de establecer una creación propia. Para ello utilizaron y siguen utilizando sin escrúpulos todos los medios y posibilidades de que disponen, mucho más ingeniosos, variados y amplios de lo que el ser humano puede imaginar. En muchas revelaciones les he señalado la astucia de sus procedimientos y la enorme vigilancia que necesitan Mis hijos humanos para no caer en las numerosas trampas colocadas ante ellos.

Como las tinieblas carecen de la conciencia amplia y la visión de conjunto necesarias para comprender que no pueden vencer a las fuerzas de la luz, nunca abandonaron sus esfuerzos. Pero cuando tuvieron que admitir que su fuerza no bastaría para dar vida a una creación propia, cambiaron su propósito. Comenzaron a seducir, intrigar, mentir y engañar, todo con la meta que nunca volvieron a perder de vista: provocar caos y destrucción. De esta manera también obtenían su energía, tanto de las personas a quienes podían utilizar para sus fines como de quienes, por falta de confianza en Dios, atravesaban la vida llenos de miedo y preocupaciones.

Hubo épocas —por ejemplo, durante la etapa que ustedes llaman Edad Media— en las que parecía imposible que existiera una distancia mayor respecto de Dios, porque la imagen de Mí y de Mi amor había sido convertida en una caricatura sin igual. Pero les digo que la distancia entre Mí y una gran parte de Mis hijos humanos no puede ser mayor que hoy. Los excesos de violencia, que antiguamente desembocaron con demasiada frecuencia en la tortura y la hoguera, ya no son hoy el medio del que se sirven las fuerzas contrarias. Han sabido alejarme de las personas hasta el punto de que casi nadie Me busca ni Me encuentra ya en su corazón. Han modificado Mi enseñanza de tal manera que ya no se reconoce Mi santa acción en todo. Me han convertido en un Dios abstracto que aparentemente permite la injusticia sin misericordia y en quien no vale la pena creer.

En verdad, en verdad les digo: ¡la ignorancia de los seres humanos es inconmensurable! ¡Nunca antes se habían dejado cegar y conducir al extravío al mismo tiempo como ovejas dóciles!

Una cantidad incontable de sus hermanos y hermanas procedentes de la luz asumió la tarea de encarnar durante este tiempo difícil para crear un contrapeso frente a todo lo negativo. Si ellos no estuvieran aquí y no hubieran llevado ya tanta luz a su oscuridad, la etapa que tienen por delante sería bastante más difícil de superar. Pero ellos, junto con todos aquellos a quienes ya lograron inspirar a cambiar su manera de pensar y motivar a actuar conforme al amor al prójimo, han contribuido y siguen contribuyendo a que la luz no pierda su fuerza radiante.

Sin embargo, esto no cambia el hecho de que el tiempo anunciado durante muchos siglos debe llegar para que se separe la paja del trigo y la oscuridad ya no pueda presentarse como portadora del éxito y de la luz.

Ese tiempo ha llegado, aunque no haya existido ni vaya a existir un único disparo de salida o una sola señal, porque la transición es gradual. Pero les digo: ¡la batalla final ha comenzado!

Cuando se menciona la expresión «batalla final», inmediatamente se piensa en enfrentamientos bélicos. A muchas personas les resulta difícil, en este tiempo de relativa calma, creer en semejante choque de fuerzas opuestas, aunque realmente no haga falta mucha imaginación para concebir un escenario de esa naturaleza.

Pero la batalla final no significa necesariamente que se recurra de inmediato a medios bélicos. El conflicto entre la luz y las tinieblas no puede reconocerse solo por ello. Significa, en cambio, que la etapa de los preparativos está en gran medida concluida, aunque estos continúen ampliándose y perfeccionándose. También significa que se preparó el terreno, se sembró la semilla de lo negativo y ya está recogiéndose la primera cosecha. Después de una planificación bien meditada y de un período de preparación que se prolongó durante siglos y milenios, se dio un paso decisivo. Por eso les hablo del comienzo de la batalla final.

Especialmente durante los últimos años y decenios, los preparativos se intensificaron con cautela, en dosis medidas y mediante pequeños pasos que de este modo pasaron casi inadvertidos. Las fuerzas contrarias se beneficiaron del desarrollo tecnológico, que les permitió penetrar con mayor intensidad en casi todos los ámbitos de la vida para depositar allí su semilla. Quien atraviese el día con los ojos y los oídos abiertos habrá tenido que advertir que en todas partes se produjeron cambios que aparentan facilitar la vida y representar progreso. Pero, al observarlos con atención, se revelan como trampas hábilmente construidas en las que una gran parte de la humanidad se enreda con excesivo gusto y demasiada frecuencia.

No se omitió ningún sector de su vida cotidiana; todo fue infiltrado, todo fue «trabajado» desde dentro, apartado muchas veces de su verdadero propósito y vaciado parcialmente de contenido. Miren donde quieran: en todas partes encontrarán una semilla que lleva lo negativo en su interior, en la economía, el medioambiente, el matrimonio y la pareja, la educación y la alimentación; en la cultura con sus numerosas facetas, en las finanzas, la convivencia social, las posibilidades mundiales de comunicación, las incontables concepciones religiosas divergentes y mucho más.

Nada se opone a que Mis hijos humanos se sirvan del progreso en todos los ámbitos; incluso es necesario, puesto que todo es evolución. Una cosa se edifica sobre otra. Pero quien se pregunte si Mi ley del amor sirvió de fundamento para un progreso tan elogiado reconocerá, si observa con sinceridad, en cuáles avances intervinieron las tinieblas.

La limitación de la conciencia avanza de manera gradual e inadvertida. Aceptar y utilizar ofertas que, al observarlas detenidamente, no cumplen Mi ley del amor perjudica la atención, la vigilancia y la capacidad de discernimiento. De ello resulta una reducción, al principio imperceptible, de la comprensión y de la «mirada hacia lo profundo», que se intensifica con el paso del tiempo. El acceso al conocimiento espiritual no llega siquiera a permitirse o se va obstruyendo poco a poco, hasta que las prioridades y lo que se considera importante en la vida se desplazan cada vez más hacia exterioridades que distraen. Esto no tiene que ocurrir necesariamente durante una sola encarnación. El bando contrario planifica a largo plazo; por eso es perfectamente posible que una mentalidad que se conforma con «pan y circo» se forme también a lo largo de varias encarnaciones.

Una vez más, amados Míos: ¡no subestimen a Mis adversarios y a los suyos! Lo que ven —si es que lo ven— es solo la punta de un enorme iceberg. El verdadero peligro procede de la parte invisible, ¡pero no inactiva!

No obstante, quienes los seducen también son Mis hijos amados y sus hermanos y hermanas, y siguen siéndolo sin importar la magnitud ni la forma en que se opongan a la ley. Ellos también serán redimidos por el amor, lo cual no significa que deban comportarse como ciegos y sordos ante los peligros de sus acciones.

La lucha entre la luz y las tinieblas que se prolonga desde hace eternidades puede compararse con una partida de ajedrez en la que ambos bandos actúan constantemente en el terreno del adversario. Tan pronto como uno realiza una jugada, el otro responde con la suya. Durante la partida, al observar los acontecimientos mundiales, muchas veces parece que las negras llevan ventaja y podrían decidir el juego a su favor. Pero esto engaña. Si recurren a la lógica del corazón, también reconocerán por qué:

No existe una fuerza mayor que la del amor. Si en la imagen de la partida de ajedrez Me conceden las piezas blancas y, por tanto, la primera jugada, y si además están convencidos de que juego sin cometer errores, entonces saben cómo terminará la partida. Sin duda habrá etapas durante el juego que puedan producir en quienes dudan y temen la impresión de que quizá las negras terminen imponiéndose. La humanidad se encuentra actualmente en una etapa capaz de provocar semejantes confusiones.

Pero es como durante un embarazo: quien, en el tiempo de los dolores de parto, observa únicamente las molestias del momento nubla su mirada y no puede alegrarse por lo que está por llegar. Los dolores son necesarios para iniciar el acontecimiento tan esperado del nacimiento.

Sin embargo, Mi tiempo es diferente del suyo.


Yo no sería el Padre amoroso ni el Dios omnipotente si Me limitara a señalar los peligros y advertir acerca de las trampas de las tinieblas. No sería quien mantiene Su mano protectora sobre todos los que tienen buena voluntad. No sería la inteligencia suprema de la infinitud y la eternidad si no estuviera por encima de los acontecimientos, sean de la naturaleza que sean, y no pusiera en manos de los Míos ayudas muy prácticas que los conducirán con seguridad a través del tiempo venidero.

Para ello Me sirvo de la parábola de las vírgenes prudentes y las insensatas. Tanto unas como otras fueron informadas acerca de la inminente llegada del esposo. Unas tomaron en serio el aviso; las otras no. Las primeras estaban preparadas y pudieron recibir al esposo; las últimas no lo estaban y no pudieron entrar en el salón de bodas.

Las parábolas son siempre comparaciones mediante imágenes, pero su sentido se revela a quien está dispuesto a contemplar su propia conducta y su vida a la luz de ellas. Por una parte, las vírgenes prudentes creyeron en el anuncio; por otra, realizaron los preparativos necesarios, unos preparativos que podían llevarse fácilmente a la práctica mediante la provisión del aceite necesario para las lámparas.

Si lo desean, sustituyan el anuncio de la llegada del esposo por la información acerca del tiempo que tienen por delante, y la provisión del aceite por su esfuerzo para llevar a la práctica Mi enseñanza del amor en su vida. Así como el aceite era importante para poder salir al encuentro del esposo a medianoche, su esfuerzo es necesario para crecer en la unión íntima Conmigo, que será su protección.

En un tiempo de inquietud en el que aumentan en todo el mundo la inseguridad y los temores debido a la ignorancia reinante, resulta indispensable —al menos para quien desea confiarse a Mí— contar con una orientación, una guía que le dé la certeza de encontrarse en el camino correcto.

Con el mandamiento del amor a Dios y al prójimo y con el Sermón de la Montaña puse en sus manos una norma que los hará avanzar en su camino hacia Mí si comparan con ella su conducta y la corrigen cuando sea necesario. En el pasado hubo incontables explicaciones acerca de cómo deben ponerse en práctica Mis palabras, qué significan y cómo pueden transformar las acciones y omisiones de cada persona. Muchas veces, la debilidad y la apatía del ser humano se opusieron a su aplicación sincera; además, este no reconoció qué tesoro y, al mismo tiempo, qué protección se le ofrecían allí.

Por eso hoy quiero mostrarles otro punto de partida, una orientación de la cual ya he hablado repetidamente. Debe servirles como guía y salvoconducto, como Mi promesa de que durante el tiempo venidero estaré a su lado y los conduciré según lo previsto en Mi ley, regida por Mi amor y Mi misericordia.

Por tanto, escuchen y permitan que estas palabras penetren profundamente en ustedes para que queden firmemente arraigadas allí: ¡a quien sirve a la ley, la ley le sirve! Y a quien la ley sirve, lo acoge bajo su guía.

Quizá ya hayan oído o leído estas palabras con frecuencia sin que todo su contenido de verdad se revelara de inmediato a cada uno. ¡La ley de la que hablo es Mi ley del amor! Por tanto, a quien se esfuerza por cumplir esta ley, la ley le sirve; no porque no quiera servir a todos, sino porque solo puede actuar plenamente allí donde la persona se somete a la ley del amor mediante una decisión libre.

Quien procura volver a desarrollar la capacidad de amar que habita en su interior debe llevar la paz dentro de sí. Sin paz interior no existe verdadero amor. Y quien lleva la paz en su interior previamente contempló y puso en orden su mundo interior. Esto significa que reconoció, examinó lo mejor posible y trabajó y superó con Mi ayuda —al menos en gran parte— las dificultades, los problemas y las adversidades que la vida le presentó como lecciones, y que sin duda seguirá presentándole. En otras palabras: está en paz consigo mismo y mantiene sus asuntos al día. Esto significa, a su vez, que toma en serio su esfuerzo por volver a convertirse paso a paso en amor. Se ha confiado, junto con su vida, a la ley del amor y vive, conforme a su esfuerzo sincero, Mi mandamiento del amor a Dios y al prójimo, que también incluye el amor a sí mismo correctamente comprendido.

Si quieren saber cuánto han avanzado ya por este camino, háganse las siguientes preguntas:

¿La vida que llevo ahora es la vida que imaginé en lo profundo de mi corazón y que deseo? ¿Soy feliz y estoy satisfecho con ella? ¿O todavía existen deseos apremiantes e insatisfechos que me inquietan y se interponen en el camino hacia el equilibrio y la armonía que busco? ¿Son errores antiguos y conductas equivocadas, reconocidos desde hace tiempo pero aún no trabajados ni superados, los que vuelven a alcanzarme una y otra vez? ¿O puedo decir —hasta donde ya me resulta posible en este momento y dentro de mis posibilidades—: «Está bien tal como está, Padre. Estoy en camino hacia Ti y sé que con Tu ayuda también superaré el trayecto que me falta»?

Si tú, Mi amado hijo, y tú, Mi amada hija, pueden decir esto último con un corazón sincero, entonces se han colocado bajo la protección de Mi ley. El tiempo venidero no los inquietará, porque entonces sabrán: ¡Jesucristo, el Amor en el Padre, está a mi lado! ¡Que venga lo que tenga que venir! Sin embargo, «protección» no significa al mismo tiempo que en el futuro se verán libres de toda desgracia y adversidad. Un alma que entra en una encarnación con conocimiento sabe que penetra en el ámbito de dominio de las tinieblas y que la vida terrenal que tiene por delante no será un camino fácil. Pero quien Me acepta como guía y Me da su sí tiene a su lado al amigo más fuerte y fiel. Esto Me permite mantener alejado o mitigar mucho de lo que, de otro modo, podría producir grandes cargas físicas y espirituales.

Por falta de esclarecimiento, este camino —el único de eficacia duradera— apenas se conoce. Ciertamente no está mal dirigir oraciones breves al Cielo, envolverse en luz durante situaciones difíciles o afrontar mediante la meditación las situaciones de estrés; pero de este modo no encontrarás, hijo Mío, el amparo feliz y duradero que desea toda persona que Me busca y cree en Mí. Orar a Mí en circunstancias desagradables de la vida constituye una posibilidad de recibir ayuda. Pero ¿sustituye esto la decisión fundamental que deseo de ti? ¿No quieres algo más que una relación sin compromiso Conmigo? ¿No deseas la seguridad de Mi guía permanente?

Esta surgirá «automáticamente» en tu vida si tomas en serio tu esfuerzo por seguirme. También para esto les doy una imagen:

Un padre o una madre cruza una calle muy transitada llevando de la mano a un niño pequeño. Sería peligroso para el niño si, siguiendo su propia voluntad, intentara cruzarla solo. Pero si permanece tomado de la mano protectora y escucha las advertencias e indicaciones, cruzar incluso una calle muy concurrida no representa ningún problema. En cambio, si se suelta e intenta seguir su propio camino, abandona la protección de sus padres y las posibles complicaciones quedan de antemano aseguradas.

Así «actúa» también Mi protección, que, sin embargo, deja a cada uno el libre albedrío de soltar Mi mano guía, lo cual significa recorrer durante algún tiempo el camino según su propio criterio.

Si aún no tienes claro qué significa «servir a la ley», reflexiona sobre lo que contiene la ley del amor. Posee muchas facetas que se te revelarán poco a poco cuando estés dispuesto a entrar en tu interior con mayor frecuencia y constancia. Veo en muchos corazones la intención de amarme a Mí y al prójimo. Me alegro y apoyo todo esfuerzo. Pero muy pocos saben que muchas conductas a las que apenas prestan atención se interponen en el camino del mandamiento de amar al prójimo y a sí mismos. También constituyen bloqueos que dificultan el crecimiento gradual dentro de la ley del amor. Entre ellas se encuentran:

No poder perdonar, no poder pedir perdón, sacar a relucir una y otra vez el pasado, depender de personas y cosas, conservar malos hábitos conocidos desde hace tiempo, mantener expectativas, carecer de constancia, no poder decidir ni soltar, sentir culpa y no poder decir «no». Todo esto y muchas otras cosas son obstáculos que te dificultan convertirte en el amor que ya se encuentra en tu alma y que desea expresarse en ti y a través de ti.


He entrado un poco en los detalles para mostrarles lo que puede dificultarle a una persona, pese a toda su buena voluntad, dar más pasos hacia Mí, pasos que, en el fondo, tanto el alma como el ser humano anhelan.

Quien, en su esfuerzo cotidiano, comienza a contemplar e incluir poco a poco en su trabajo interior Conmigo también aquellos ámbitos que hasta ahora no consideró «frenos» y que no le parecían tan importantes, dará un gran paso hacia adelante. Como consecuencia natural, crecerá dentro de una libertad —¡de su propia libertad!— interior, hasta poder decir finalmente: «Sí, la vida que llevo, en íntima relación con mi Dios, que está a mi lado en todas las cosas, corresponde a mi deseo».

Entonces habrá llegado la paz interior, fundamento para poder amar libremente a Dios y al prójimo. Entonces se habrá establecido la relación entre Padre e hijo que tanto deseo. Entonces se habrá activado la protección que ofrece la única seguridad que existe: ¡la seguridad en Mí, tu Dios!

Finalmente se convertirán en los ejemplos que su tiempo necesita con tanta urgencia. Serán como islas en un mar agitado, puntos de llegada, consuelo y ayuda para quienes todavía deben adquirir esa fortaleza interior. Por mucho que se encrespe el mar rugiente, habrán adquirido la confianza que se revela como la suma de las experiencias vividas Conmigo. Mediante su sí y Mi asistencia habrán quedado capacitados para decir: «Padre, todo está bien».

Al principio dije que Mi palabra de revelación sería verdaderamente una buena noticia para todos aquellos que no solo crean en Mi mensaje, sino que también lo sigan. Ahora saben lo que quise decir, porque un mensaje que promete guía y asistencia durante un tiempo difícil a quienes lo reciben y llevan a la práctica constituye verdaderamente una de las mayores alegrías que puede experimentar una persona.

Extiendo Mis brazos para bendecir y abrazo Mi Creación con todo cuanto fue creado por Mí y vive por Mí. Mi bendición alcanza a todos, tanto si luchan contra Mí como si se muestran indiferentes o Me aman. A su debido tiempo será fuerza y salvación para todos: para unos, con el fin de moverlos al reconocimiento y al cambio de rumbo; para otros, con el fin de fortalecerlos en su camino hacia la casa del Padre, que ya recorren conscientemente.

Amén