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El peligro subestimado del estancamiento

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die unterschätzte Gefahr der Stagnation

Fecha original: 15 de septiembre de 2017

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis hijos e hijas, quien todavía recorre el mundo con los ojos cerrados no puede ni quiere reconocer que ya no es válida la afirmación, repetida desde hace muchos años, de que «faltan cinco minutos para las doce». Quien ya ha abierto los ojos —aunque sea solo un poco— presiente o sabe entretanto que la aguja ya ha pasado de las doce.

Con ello, las fuerzas negativas han alcanzado una de sus metas parciales: preparar el terreno para el caos, los disturbios y las catástrofes de toda clase. Al mismo tiempo, hacen cuanto pueden para crear la impresión de que las cosas no son tan graves como proclaman una y otra vez quienes advierten. Y para impedir que las personas reflexionen, en su tiempo ofrecen más distracciones, diversiones superficiales y pasatiempos que nunca antes. Para ello se sirven con suma habilidad de su progreso técnico. Así, a muchos les resulta difícil reconocer las tentaciones, que con frecuencia apenas están ocultas, y resistirse a ellas.

Por eso, Mis hijos humanos caen en gran número en las trampas preparadas y se dejan adormecer con demasiada facilidad. Así pueden seguir manteniendo cerrados los ojos y entregarse a la ilusión de que todo no es tan trágico como siempre se presenta. Y si quizá hubiera algo de verdad en ello, piensan que no deberían desperdiciar el tiempo con temores y preocupaciones, sino disfrutarlo hasta el último minuto.

En verdad les digo: quien no consigue reunir fuerzas para interpretar correctamente los signos de los tiempos tiene —para expresarlo con sus palabras— «malas cartas» en el «juego» que ya ha comenzado. Solo que no se trata de un juego, sino de una situación más que seria que no provoqué Yo, sino que surgió única y exclusivamente de la conducta contraria a la ley de gran parte de la humanidad, durante un período que se extiende por muchos siglos y milenios.

Cuando les digo que ninguna energía se pierde jamás1), ciertamente lo escuchan, pero en muy pocas ocasiones los lleva a reflexionar sobre lo que esto significa en la práctica, tanto en su vida personal como en la convivencia de los pueblos. Toda sensación, todo pensamiento, toda palabra y toda acción son energía. Pero la energía no puede destruirse, sino solamente transformarse. Esto ocurrió y sigue ocurriendo —cuando se trata de transformar una frecuencia más alta en otra más baja— por medio de las fuerzas contrarias. Las consecuencias son visibles y conocidas.

Pero también es posible elevar la vibración de la energía mediante el remedio universal que no solo se llama amor, sino que, en su forma más elevada y pura, es Mi fuerza que se derrama constantemente, conserva la vida y todo lo transforma. Cuando las personas ponen en marcha un proceso semejante, ciertamente lo desencadenan en el exterior, pero este actúa en el ámbito sutil y luego vuelve a mostrar sus frutos positivos en el exterior.

Durante mucho tiempo, las tinieblas trabajaron para llegar al punto que ahora comienza a perfilarse. Hicieron sus preparativos y llevaron su plan a la práctica paso a paso. Muchos de sus hermanos y hermanas procedentes de los cielos puramente espirituales procuraron, mediante sus encarnaciones, contrarrestar las fuerzas que el mal hizo fluir sin interrupción hacia el mundo. Finalmente, Yo mismo vine al mundo y traje el amor que enseñé y ejemplifiqué con Mi vida.

Pero mientras Yo respeto el libre albedrío de Mis hijos y acepto así que Mi palabra no se ponga en práctica, las tinieblas actúan sin consideración y con astucia: tergiversan hasta el absurdo el regalo del libre albedrío, incitándolos a hacer cuanto quieran y aquello que se les antoje, mientras les ocultan el grave reverso de su «medalla de la libertad», que dice: tienes que cargar con las consecuencias de tus actos contrarios a la ley. Tarde o temprano llegarán a ti.

El tiempo que tienen por delante será exigente. Pueden comportarse como el avestruz que esconde la cabeza en la arena y cree que de ese modo saldrá ileso. Esto solo los ayudará temporalmente, o no los ayudará en absoluto. O pueden creer en las leyes espirituales que les revelo y afrontar conscientemente su futuro, tanto el terrenal como el espiritual. Si deseas hacerlo, pregúntate: ¿conozco ya mi lugar? ¿Lo he ocupado ya o, por lo menos, me esfuerzo por hacerlo? ¿O sigo siendo juguete de fuerzas ante las cuales estoy tan indefenso como un ave cuando comienza la tormenta?


Si, por tanto, lo más equivocado es cerrar los ojos y los oídos para apartar así de la conciencia la oscuridad que se perfila en el horizonte, ¿qué es entonces lo más correcto? Ustedes conocen la respuesta, pues es tan evidente que no pueden pasarla por alto. Es esta:

Confiarse a Mi guía más que hasta ahora, no en la teoría, sino en la práctica; y usar realmente con seriedad, en las muchas situaciones pequeñas y grandes de su vida cotidiana, el instrumento del trabajo interior que se les ha regalado. Esto produce una transformación del carácter y, al mismo tiempo, aumenta las fuerzas de su alma. Así llegan a una vibración más elevada del alma, y entra en acción el principio espiritual según el cual aquello que vibra a baja frecuencia no puede penetrar en lo que vibra a una frecuencia más alta. Esto significa que Mi ley puede guiarlos de manera más directa y segura porque, mediante su decisión de seguirme conscientemente, salen paso a paso de la ley de la siembra y la cosecha. De otro modo, su vida estará determinada, en mayor o menor medida, por aquello que llaman «destino».

Pero la mayoría de ustedes ya lo sabe.

El trabajo interior es el corazón del camino hacia Mí. Todo ser que en otro tiempo abandonó los cielos —ya sea a causa de la caída o por una decisión libre y desinteresada de ayudar— tendrá que recorrer este camino tarde o temprano; es decir, debe ponerse a «trabajar», algo mal visto por todos los que se niegan a comprender y que ni siquiera resulta siempre fácil para quienes sí comprenden. Pero no tiene sentido ocultar que una transformación implica trabajo. La facilidad o dificultad que este presenta para cada persona depende, por un lado, de cuánto desee cambiar su propia conducta y, por otro, de la manera en que aborde el abandono de conductas antiguas y la construcción de otras nuevas. Y lo más importante: de si me incluye o no en su decisión y en sus actos.

Cuando alzo Mi palabra —no solo aquí ni solo ahora— para señalar con la seriedad debida lo que viene y la necesidad de prepararse interiormente, una y otra vez esto provoca temor en muchos de Mis hijos; incluso en aquellos que saben de su existencia eterna, de su vida individual e indestructible. Desde una perspectiva humana, ciertamente puede explicarse una reacción así; pero cuanto más avanza una persona por su camino hacia Mí, tanto más se reconoce como criatura espiritual que tiene su hogar junto a Mí. De manera correspondiente también crecerán su anhelo y su alegría por su verdadera libertad, que se encuentra «al otro lado del velo»; al mismo tiempo aceptará la necesidad de su vida terrenal y aprovechará las posibilidades de aprender aquí en la Tierra.

Sus temores ante el futuro y ante todo lo desconocido disminuirán en la misma medida en que descansen en su interior y, por tanto, en Mí, permitiéndome, como lo expresé una vez, «determinar el ritmo de su vida». Esto lo experimentan todos aquellos cuya entrega a Mí ha crecido y sigue creciendo.

Sería totalmente equivocado emprender, por temor a no «llegar al cielo» algún día, un camino dictado por el entendimiento y por una falsa búsqueda de seguridad. Lo que no se decide ni se pone en práctica a partir del reconocimiento de que el camino hacia Mi corazón debe recorrerse por amor a Mí, a su prójimo y a ustedes mismos, no perdura. Como Jesús de Nazaret les di este mandamiento, esencia de todo cuanto se ha escrito y dicho. Se aplica a sus sensaciones, pensamientos, palabras y acciones; es decir, a toda su vida, sin excepción y para cada uno. Y nada que no sea el amor, aunque al principio sea todavía pequeño, perdura como fundamento duradero de su deseo de transformación.

Aunque al comienzo de su camino estuvieran presentes el deseo, la voluntad y el entusiasmo, siempre existe el peligro de que «el impulso vaya disminuyendo» y se produzca así un estancamiento inadvertido. O son demasiado vacilantes y se mueven por caminos trillados, lo cual también equivale a permanecer inmóviles.

Una relación profunda y recíproca, que no puede ser atacada y une inseparablemente ambos corazones, siempre está edificada sobre un amor puro y desinteresado. Tal relación existía y ustedes la experimentaban y vivían conscientemente cuando todavía estaban junto a Mí. Puesto que Yo vivo en ustedes, en principio nada ha cambiado. Solo su naturaleza humana se ha interpuesto temporalmente. Ahora hay que convencerla de que el camino mejor, más sencillo, menos problemático y menos doloroso consiste en reactivar nuestra relación en tal medida y de tal manera que Yo, que Soy la vida fuerte e invencible dentro de ustedes, vuelva a prevalecer por su libre decisión y pueda convertirme así en guía de su ser humano y de su alma.

El amor que les pido y anhelo lo he expresado hacia ustedes una y otra vez; en la mayoría de los casos no lo notaron o no le prestaron atención. Y, sin embargo, siempre fue Mi fuerza —pues no vive otra en ustedes— la que los ayudó o preservó de algo peor; pero también la que los condujo a situaciones necesarias para el crecimiento de su ser humano y la maduración de su alma. No obstante, en la mayoría de los casos no reconocieron ni comprendieron Mi obrar y disponer. Pero, al mirar atrás más tarde, con frecuencia comprendieron que todo aquello que la vida les presentó como proceso de aprendizaje fue, a fin de cuentas, bueno. Como proceso de aprendizaje, y no como prueba impuesta por Mí.

En el punto más profundo de la caída me ofrecí Yo mismo como «sacrificio» por Mi amada creación, como suelen expresarlo ustedes. Fue el camino de la redención con el que hice posible el regreso al hogar para todos los que habían abandonado los cielos: hablando en sentido figurado, volví a abrir las puertas de su patria eterna. Y —esto es algo prácticamente desconocido y que, por ello, muy pocos incorporan a su esfuerzo diario— deposité en su corazón una energía adicional de amor, Mi energía redentora o energía de Cristo, con la cual pueden entrar en contacto en todo momento. Este hecho, conocerlo y, sobre todo, «trabajar» intensamente con esta fuerza que está siempre a su disposición de manera incondicional y desinteresada, constituye el punto central de todo el trabajo interior.

Si ahora deciden, o ya han decidido, recorrer de Mi mano el camino del amor, también saben que se trata de producir una transformación; pues si uno desea llegar a un punto distinto de aquel en que todavía se encuentra, solo puede hacerlo si se mueve. Y movimiento es transformación.

Así debe entenderse también el mandamiento del amor que les di como Jesús de Nazaret. Amar a alguien o algo que antes uno aún no era capaz de amar siempre significa decisión, transformación y movimiento; en definitiva, es trabajo, aunque no agrade expresarlo ni escucharlo con tanta claridad.

Quien no quiera esto y crea que pertenecer a una comunidad religiosa, cumplir mandamientos eclesiásticos, participar en actos sagrados, practicar técnicas o estudiar diversos escritos religiosos basta para acercarse al cielo o incluso alcanzarlo, tendrá que comprobar que ha caído en un error. Tal proceder no es movimiento en el sentido de una transformación interior del ser, sino que representa, únicamente y en el mejor de los casos, una «corrección cosmética».

Pero el movimiento o la transformación verdaderos son indispensables, pues quien desea entrar en el cielo debe llevar el cielo dentro de sí. Así lo establece la ley de la atracción. Las exterioridades y la acumulación de conocimientos no les abren el cielo interior.


Cuando, impulsado por Mi Espíritu, surge en un alma el deseo de mirar más profundamente y saber más que en el pasado, la persona emprende una búsqueda. Es totalmente normal, y muchas veces incluso necesario, que entre en contacto con distintas creencias e ideologías, lea mucho, pregunte y dialogue. Según la naturaleza de su alma, marcada en buena medida por sus vidas anteriores, la persona reúne información, examina —consciente o inconscientemente— si concuerda con lo que siente y recorre luego durante un período más corto o más largo el camino que considera correcto y que se ajusta a ella en ese momento.

Todos estos caminos son permitidos por Mí; cada persona se encuentra allí donde, de acuerdo con su conciencia, ha hallado en ese momento su lugar. Pues Yo sé que finalmente todos los caminos terminan en Mi corazón, aunque no en la forma en que se presentaron y recorrieron al comienzo.

También tu camino terminará junto a Mí, porque Mi amor atrae irresistiblemente tu amor. Y porque en ese trayecto se desprenderán todas tus propias ideas, hasta que al final no quede sino el único mandamiento importante, la única conducta que conduce a la meta: ama, y nada más.

Quien ha llegado a la profunda convicción de que Yo vivo dentro de él como la única fuerza, y quien además me ha reconocido como aquel para quien todo es posible, sabe también que ningún otro maestro ni ninguna otra enseñanza pueden darle más de lo que Yo puedo darle. Esto no significa que en otros lugares no se enseñen también muchas cosas buenas. Tampoco significa que no haya muchas personas que recorran el camino del amor y anuncien verdades divinas. Pero sí significa que no encontrarás —por mucho tiempo que busques, por lejos que viajes y por muchos hombres y mujeres «santos» que visites— nada que no puedas encontrar también en Mí o que Yo no esté dispuesto a darte. Y esto por un camino directo, es decir, mediante una comunicación directa, sin que tengas que dar rodeos a través de otras personas.

Aunque con una pequeña condición: mediante tu sí a Mí tienes que aportar tu parte de «trabajo», que, sin embargo, es ínfima en comparación con lo que Yo hago por ti.

Si, a pesar de ello, de vez en cuando te atrae el «herrero menor», aunque tienes al «Herrero» dentro de ti, permite ocasionalmente que surja en ti la pregunta de si realmente me has reconocido como quien Soy. Y otra pregunta: ¿por qué no has encontrado en Mí aquello que ahora buscas fuera de Mí y de ti? Precisamente cuando busquen en otra parte no encontrarán aquello que su alma realmente necesita.

No Soy un Dios celoso, pues sé que no te perderé. ¡En todo caso volverás a Mí! Mi advertencia se refiere exclusivamente a tu bienestar, pues no quiero que tú mismo te hagas difícil el camino y quizá permanezcas estancado.

No impido a nadie hacer lo que considera correcto. Solo recuerdo a aquellos de ustedes que creen que pueden combinar de manera permanente dos o más caminos que todo en Mi creación descansa sobre los dos pilares de la energía y la comunicación.

Con todo lo que hacen —desde la sensación hasta la acción— entran en comunicación con energías iguales o semejantes, que luego actúan sobre ustedes. Las energías más elevadas que pueden recibir proceden de Mi fuente infinita de amor. Actúan dentro de todas las personas y sobre todas las personas que han decidido recorrer el camino de Cristo. La intensidad con que pueden obrar depende de su seriedad y entrega.

Todas las demás energías, sobre todo las de las corrientes esotéricas que se han puesto de moda, pero también las de las innumerables comunidades cristianas, tienen un potencial energético distinto. Se diferencia de la fuerza redentora de Cristo especialmente cuando —como ocurre, entre otras, en las doctrinas orientales— no se reconoce Mi redención; esto no dice nada acerca del esfuerzo honrado y serio de tales maestros por amar a su prójimo y a la creación.

La libertad que les he regalado les permite recorrer cualquier camino que deseen, sin que esto influya en Mi amor por ustedes. Pero cuiden de no dispersarse, de no «escoger solo lo que les gusta» aquí y allá. De otro modo se asemejan a una persona que busca dos o más guías que prefieren rutas de viaje distintas. Al principio quizá no presente problemas; incluso puede ayudarlos a decidirse por el camino que corresponde a su desarrollo actual.

Pero hará que se estanquen en su camino. En el peor de los casos, incluso puede ocurrir que pierdan su estabilidad interior. Porque, a largo plazo, no pueden servir simultáneamente a dos señores. Si aun así lo intentan, no alcanzarán su meta.


Junto con la negligencia y la distracción, seguir varios caminos a la vez es uno de los grandes peligros para quienes han comenzado a seguirme o se proponen hacerlo: un estancamiento inadvertido, que se instala silenciosa y furtivamente porque las fuerzas no están concentradas en una sola meta. Y sin que el bando contrario tenga que desplegar la artillería pesada de diversas tentaciones, impide así un desarrollo interior que avance constantemente.

Cuando hablo de «avanzar constantemente», esto no significa que de Mi mano y bajo Mi guía no haya pausas de descanso, etapas que los edifiquen ni alegrías que los fortalezcan. Todo lo contrario: crecerán vigorosamente hacia una plenitud interior, hacia una seguridad y una libertad que antes no conocían.

Puesto que ya se han producido algunos cambios en muchos de quienes se han decidido por el camino de Cristo —«ama, y nada más»—, siempre existe el peligro de que se acostumbren a la nueva vida más fácil y luego se detengan. Al fin y al cabo, los temores comienzan a desvanecerse cada vez más, las preocupaciones han disminuido, las primeras debilidades del carácter pudieron transformarse en fortalezas con Mi ayuda, más de un camino torcido se ha enderezado, se han establecido nuevas amistades y mucho más. Por consiguiente, parece ser una «buena cosa» por la que uno se interesó y que ahora practica.

¡Pero eso es apenas una fracción de cuanto me es posible hacer dentro de ustedes y por medio de ustedes, si lo quieren y lo permiten!

Alégrense por aquello que ya ha cambiado para bien, amados Míos. Pero tengan también claro que estos son apenas los primeros y pequeños frutos de su decisión y de sus pasos. Una y otra vez veo la poca fe en el corazón de Mis hijos, que todavía no han comprendido de verdad qué tesoro llevan dentro de sí y aún no conocen la grandeza de Mi fuerza de amor, porque todavía no tienen el valor de confiarse a ella por completo.

¡Todavía no saben cuán fuerte Soy dentro de ustedes! ¡Todavía no saben cuán fuertes son también ustedes en realidad gracias a ello! ¡Con sus vacilaciones, su pasividad y su frecuente falta de decisión, ustedes mismos se limitan!

Si se muestran escépticos ante Mis palabras, recuerden lo que saben del cristianismo primitivo: el ánimo de renovación, el valor, el entusiasmo, la fe vivida, la convivencia amorosa y Mi fuerza, con la que pude fluir a través de los Míos, de modo que por medio de Mis discípulos y discípulas pudo difundirse la única religión verdadera, una vida en unión interior conmigo, aunque posteriormente las tinieblas la infiltraran, alteraran y paralizaran.

En una seguridad y certeza como las que reinaban entonces, alimentadas una y otra vez por las experiencias vividas conmigo, no había lugar para pensamientos temerosos cuando aparecían nubes oscuras en el horizonte. Esto vale hoy tanto como entonces. Pero esa seguridad, Mis hijos e hijas, debe «trabajarse» mediante su decisión y el esfuerzo posterior; y, sin embargo, se les regala. Esto no es una contradicción, porque Mi amor recorre infinitos pasos a su encuentro cuando ustedes dan los primeros, algo necesario a causa de su libre albedrío.

Pero no se trata únicamente de mirar sin preocupaciones y con confianza hacia un futuro desconocido, sino también de que, para cada persona que me da su sí y lo expresa asimismo mediante su esfuerzo, Yo pueda disponer los cambios de vía de tal manera que el tren de su destino tome caminos distintos de los que la ley de causa y efecto había previsto originalmente.

Una vez dije que ser verdaderamente cristiano es más que un paseo dominical en el que uno solo encuentra personas amables y las saluda cordialmente. Ser cristiano, tomado en serio, significa movimiento, transformación y trabajo. En muchas revelaciones he puesto en sus manos los instrumentos necesarios, y lo haré una y otra vez hasta haber ablandado también el último corazón que aún se niega a comprender y permanece endurecido.

Si quieren, si su amor por Mí y por sus hermanos y hermanas ya ha crecido y desean aportar su parte por amor, pónganse a Mi lado. Pongan fin al estancamiento y la tibieza, y mostremos y demostremos al mundo que el amor es la fuerza más poderosa, independientemente de lo que se perfile y ocurra en el exterior.

Para ello deposito Mi fuerza de amor en cada corazón dispuesto y abierto como impulso adicional para renovar su sí.

Amén

1) El 26 de diciembre de 2016, unos científicos registraron una onda gravitacional emitida por dos agujeros negros que ya llevaba viajando mil cuatrocientos millones de años luz; algo sencillamente inconcebible para nosotros. ¡Y esto en nuestro universo material, que es apenas un grano de arena en toda la creación…!