Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, en numerosas revelaciones —no solo en su tiempo actual— les he explicado que todo es energía; que incluso la materia no es otra cosa que una forma de energía que se ha condensado, produciendo en ustedes la impresión de algo sólido que se puede tocar y ver. Sus científicos descubrieron hace mucho que la materia como tal no existe. Para ustedes, que como seres humanos no conocen otra cosa que lo material denso, esto es difícil de imaginar.
La ciencia descubre y reconoce cada vez más en todos los campos, aunque todo ello apenas sea una gota en el océano infinito de Mi sabiduría divina. Y aunque con cada respuesta encontrada surjan muchas preguntas nuevas, poco a poco se descubren y aceptan las relaciones entre las cosas. Así comienzan a iluminarse lentamente espacios que permanecieron mucho tiempo en la oscuridad. Algunos ya sospechan que quizá también el papel del ser humano sea distinto del que se le atribuyó en el pasado. Porque tampoco se puede excluir al ser humano del hecho de que la energía es el factor absolutamente decisivo y la fuente de toda vida.
Pero ¿qué significa esto? Con esta revelación ayudaré a quien desee penetrar un poco más profundamente en Mi verdad y acercarse a Mí con el corazón y la razón, para que se comprenda mejor a sí mismo, es decir, su existencia anímica y corporal y su inserción en un destino muchas veces inexplicable. Sobre todo, más allá de comprender, puede llegar a estar en condiciones de asumir su vida con mayor responsabilidad propia que hasta ahora. Quizá cambie entonces algo allí donde sea necesario para convertirse verdaderamente en quien forja su propia felicidad.
Emprendan conmigo, en pensamiento, un viaje en el tiempo hasta el momento anterior a la caída, que conocen por sus Escrituras como la caída de los ángeles. La Creación era una obra puramente espiritual, llamada a la vida por Mí mediante Mi «Hágase». No existían ámbitos extracelestiales y, por supuesto, tampoco el cosmos material.
Cada ser celestial era —y lo es hoy y para siempre— energía de la vibración más elevada y, al concluir su evolución, poseía una conciencia plenamente desarrollada. Esto les resulta difícil de imaginar porque siempre relacionan la «energía» con algo invisible y poco tangible. Sin embargo, como punto de partida de esta energía que se derrama eternamente, soy perfectamente capaz de dar una forma a las criaturas que procedieron de Mí, aunque se trate «solo» de energía.
Estos hijos espirituales Míos —entre los que también se cuentan ustedes— poseen una inteligencia y unas capacidades que no se encuentran en ninguna otra parte. No son iguales a Dios, porque no son la fuente de la vida, el «móvil perpetuo» de la Creación, ni Mi «Yo Soy»; pero los he creado —¡a ustedes!— a Mi imagen. Reciben la vida eterna sin tener que preguntar por ella, pedirla ni suplicarla. Viven en Mi orden divino y, por ello, todo fluye hacia ellos sin limitación alguna. Su existencia perpetua está integrada en una armonía que todavía es desconocida para ustedes como seres humanos. Viven en la ley de Mi amor, son amor, y así reciben Mi energía de vida y amor.
Porque los amo a todos, desinteresada e incondicionalmente. Los amo a todos por igual, ya sean los minerales espirituales más pequeños en su actual etapa de desarrollo o los «más grandes» ángeles, que personifican Mis aspectos desde el orden hasta la misericordia.
Cuando Sadhana, quien más tarde se llamó Lucifer —la que «quería ser como Dios», según está escrito entre ustedes—, provocó la caída, muchas cosas cambiaron para ella y sus seguidores. Quien no conozca la caída como un acontecimiento decisivo y trascendental ni la incluya en sus reflexiones no verá el hilo conductor que atraviesa el dramático acontecer y que es la causa de que ustedes —hijos espirituales de Mi amor— vivan como seres humanos en la materia.
Los cambios a los que quedaron expuestos quienes se alejaron de Mí afectaron, ante todo, las condiciones energéticas que hasta entonces habían determinado su vida y, con ellas, su apariencia, forma, fuerza y vibración. A causa de su pensar y actuar contrarios, también cambiaron sus condiciones de vida, pues ya no podían permanecer en los ámbitos celestiales de energías puramente divinas. Entró en vigor la ley de la repulsión, activada por la propia Sadhana y su séquito. Abandonaron los cielos y encontraron un nuevo hogar fuera de las esferas divinas, que antes no existían porque no habían sido necesarias. Pero Mi misericordia permitió la formación de nuevos mundos que ya no poseían la gloria de los cielos, aunque su luminosidad se encontraba muy por encima de la de los ámbitos astrales que se formaron más tarde, al final de la caída.1)
Los caídos seguían recibiendo de Mí su vida, pero ya no eran capaces de recibir todo el espectro de Mi energía de amor. Sus cuerpos continuaban siendo de materia sutil, pero con cada nuevo intento de continuar su rebelión se condensaban cada vez más. Quienes reconocieron su conducta equivocada y se arrepintieron permanecieron en sus mundos. Los demás, que no abandonaron su resistencia, cayeron cada vez más bajo, en zonas progresivamente más frías y miserables.
Pero incluso estos seres todavía poseían un conocimiento extraordinariamente elevado de la Creación. Por eso eran capaces de tomar Mi energía, modificarla y utilizarla para sus fines. Sin embargo, con cada nueva acción contraria a la ley divina se alejaban más de Mi fuente. Su empeño contrario a la ley por obtener la fuerza vital que tanto necesitaban los hacía cada vez más pobres en luz; zonas correspondientemente grises y oscuras se convirtieron en su hogar. A pesar de todo, eran y siguieron siendo seres de energía. Pero el continuo abuso de la energía que aún fluía hacia ellos y la transgresión persistente y permanente de Mis leyes hicieron finalmente que la energía se condensara hasta dar origen a las primeras partículas de materia. Su ciencia ya ha obtenido los primeros conocimientos de que la materia no es otra cosa que energía. Todavía desconoce los detalles.
Por tanto, es un error considerar la materia de manera aislada y separarla de aquello que primero hizo que se convirtiera en materia y que continúa manteniéndola como tal: ¡la energía!
Este conocimiento y las consecuencias que de él se derivan representan un desafío para quien desea comprenderse mejor a sí mismo, su tarea y su lugar dentro de la Creación. Debe arrojar por la borda el pensamiento antiguo y falso, aceptar uno nuevo y ejercitarlo mediante una conducta correspondiente, si está dispuesto a trabajar activamente en el desarrollo de su alma; más exactamente, a colaborar en él. Digo «colaborar» porque Yo le quito una parte considerable —la mayor— de este trabajo y apoyo en gran medida su búsqueda, su decisión y su esfuerzo, si así lo desea.
De lo dicho se desprende que también el cuerpo humano, por material que parezca y aunque se perciba por los sentidos, es fundamentalmente energía; y que, como condición para poder seguir con vida, necesita un aporte permanente de energía. La recibe durante toda su vida de las formas más diversas: mediante la alimentación, el sueño, el movimiento, la respiración, los remedios y muchas otras cosas.
Este intercambio de energía tiene lugar en el plano corporal. Y, sin embargo, únicamente actúa en el cuerpo la energía transmitida. Lo material que le suministra la energía necesaria solo sirve de portador y transmisor y vuelve a ser eliminado. Que este proceso tenga lugar de esa forma no dice nada acerca de si se trata de energía buena o mala, edificante o perjudicial; tampoco acerca de si el cuerpo absorbe la energía y, en caso afirmativo, cómo lo hace.
Pero el ser humano, que consta de cuerpo y alma, necesita más que alimentación, sueño y demás. Con ello quizá pueda conservar hasta cierto punto su salud exterior; pero si tan solo piensan en lo que los «bienes inmateriales» como la atención, el afecto, la esperanza, el optimismo, la alegría, la confianza, la fe, el amor, la ternura y muchos otros producen también en el cuerpo, reconocerán la gran variedad de energías que mantienen la vida y son indispensables para ella.
La energía que procede de Mí, que crea lo nuevo y conserva lo antiguo, es la energía primordial; expresado con sus palabras: de calidad y cantidad insuperables. ¡Mi energía es amor! Todas las demás clases de energía que encuentran en el cosmos tienen su origen en Mí. Una de las propiedades fundamentales de Mi energía de amor es que continúa fluyendo sin interrupción cuando se transmite. Sus hermanos y hermanas celestiales no hacen otra cosa. Si se acumula, se utiliza egoístamente para fines propios o se abusa de ella de cualquier otro modo, disminuye su afluencia, se reduce su entrada. Lo que entonces aún mantiene con vida al ser humano es, ante todo, la fuerza que obtiene de lo que proporciona exteriormente a su cuerpo y, además, la que debe a una llama empequeñecida en su alma, que nunca se apaga pese a toda acción contraria, lo cual se funda en Mi misericordia.
Toda la Creación —desde los cielos puramente espirituales, pasando por las esferas sutiles, hasta su cosmos material— vive, hasta el átomo más pequeño. Es erróneo llamar vacíos a los inmensos espacios entre sus planetas y estrellas. En Mi Creación no existe nada vacío, sin vida ni rígido. Todo está en movimiento, todo vibra, todo se comunica entre sí. Así también ustedes están expuestos sin interrupción a una cantidad innumerable de energías. Que estas influyan sobre ustedes y puedan mantenerlos sanos o enfermarlos depende de factores que tienen mucho que ver con ustedes mismos.
Gran parte de las energías que actúan en ustedes y sobre ustedes les llegan desde el exterior. Con ello me refiero, por una parte, a la fuerza que conocen como la llamada energía cósmica, necesaria para mantener toda vida; y, por otra, a todo lo que ingieren, además de aquello que necesitan como luz, calor y otras cosas. Pero también mucho de lo que perjudica a su cuerpo los alcanza en forma de venenos, radiaciones agresivas, contaminación y demás. Todos están sometidos a estas influencias. En lo que respecta al ser humano, esta es, por así decirlo, la «cara peor» de la moneda, inseparable de la «cara mejor», es decir, de las posibilidades de desarrollo del alma. A menos que ya hubieran alcanzado un grado de perfección que los elevara por encima de todo lo inferior, de modo que ninguna vibración, por negativa y agresiva que fuera, pudiera ya alcanzarlos…
Por tanto, salvo excepciones, los perjuicios a los que de este modo están expuestos una y otra vez, en mayor o menor medida, no tienen por regla general un trasfondo kármico; es decir, no se deben, o apenas se deben, a cargas del alma procedentes de esta vida o de una anterior. Es el precio que pagan por el camino escogido voluntariamente a través del planeta escuela Tierra. Pero incluso entonces me aseguro de que el precio no sea demasiado alto, siempre que se esfuercen por vivir conmigo.
Los minerales, las plantas y los animales no poseen un alma individual; pertenecen a un alma colectiva o, en el caso de los animales, según su etapa evolutiva, ya desarrollan las primeras formas de componentes anímicos. Que todos ellos se vean, sin embargo, afectados por las consecuencias negativas de la vida en la Tierra puede mostrarles que también sin cargas anímicas pueden producirse daños, fallas y trastornos en el plano material.
Como ya se dijo, esto también se aplica a Mis hijos humanos. Pero en ustedes entra en juego un factor adicional: su alma. Y con ella, la fuerza que determina decisivamente su crecimiento interior y su sanación interior y exterior.
Su alma sutil, muchas veces desconocida, no pocas veces despreciada y a menudo descuidada, vive en ustedes como nexo entre el cielo y la Tierra. Lleva dentro, en «forma comprimida», su verdadero ser eterno, que procede de los cielos y regresará allí. Entre tú y Yo existe, por medio de tu alma, una conexión indestructible. A través de ella Mi energía de vida y amor fluye hacia ti sin interrupción. Es la energía más pura y poderosa que existe; procede directamente de los cielos, de Mi corazón. Es la misma fuerza que dio y dará vida por toda la eternidad a ti y a tus hermanos y hermanas. ¡No puede ser manipulada! ¡Ninguna influencia de los poderes de las tinieblas, por grande que sea y por mucha energía que necesiten, puede dañar de modo alguno esta energía de amor!
Sin embargo, su flujo —a través de tu alma hacia tu cuerpo— puede reducirse, y exclusivamente por ti mismo o con tu consentimiento, la mayoría de las veces inconsciente y con menor frecuencia consciente. Esto sucede en menor o mayor medida siempre que no se observa el mandamiento del amor, que también incluye el amor a uno mismo.
Existen muchas ideas falsas sobre cómo llegar a amarse a uno mismo. Entre ellas está la suposición de que uno se hace un bien y actúa correctamente en el sentido del amor al prójimo cuando se sacrifica debido a una actitud básica equivocada, cuando quiere complacer a todos en lo posible o cuando posterga o desatiende las necesidades de su propia alma creyendo que eso es querido por Dios y constituye el cumplimiento del mandamiento del amor. ¡Presten atención, Mis hijos e hijas, a la motivación que hay debajo! Los ayudo a encontrar enfoques equivocados si me lo piden. Y también apoyo su esfuerzo por cambiar algo en este aspecto, paso a paso y con amor.
Como los minerales, las plantas y los animales no poseen libre albedrío, tampoco pueden cargarse a sí mismos. Pero esto también significa que no pueden escoger ni influir libremente en su vida y sus condiciones de vida, ni controlar la afluencia de energía vital. Solo los animales actúan en parte mediante su instinto.
Ustedes, en cambio, tienen libre albedrío, tienen conciencia moral y pueden tomar decisiones. De ese modo están en condiciones de continuar desarrollándose anímicamente, es decir, en su carácter, o de cargarse, con la consecuencia de aumentar o reducir el flujo de energía a través de su alma. Ambas cosas tienen efectos, positivos o negativos, sobre su cuerpo y su alma.
Por tanto, entre las muchas energías que actúan constantemente sobre ustedes, la energía de su alma, Mi energía de amor, es la más importante, en especial con respecto al desarrollo primordialmente necesario de su alma, pues para eso se han encarnado. Pero tampoco desatiende el bienestar de su cuerpo.
Las energías poseen las formas y vibraciones más diversas; no entraré en detalles porque no son decisivos para considerar su influencia sobre ustedes. Pero es importante saber que las ondas mediante las cuales se propagan las energías poseen distintas «características de calidad» y transportan información. Por tanto, una onda de energía no está «vacía», sino llena de contenidos, lo cual puede comprenderse fácilmente, por ejemplo, a partir de las ondas de radio. También cuando hablan con alguien, la onda sonora que se produce transporta una información creada por ustedes, que la otra persona puede recibir, procesar y comprender si dispone de las condiciones correspondientes, en este caso, un oído sano.
Por tanto, es perfectamente posible imprimir información en ondas de cualquier clase con el objetivo de que esa información llegue al receptor y provoque allí una reacción. Esto es aún más cierto en lo espiritual y se practica con mucha mayor intensidad que en su plano material.
Todo lo que Yo y sus hermanos y hermanas de la luz —entre quienes también se encuentran sus ángeles guardianes y maestros espirituales— irradiamos como energía de amor contiene, sin excepción, información sanadora, edificante, alentadora, animadora, consoladora, exhortadora, fortalecedora y mucho más. Contiene todo el espectro del amor desinteresado e incondicional.
Todo lo que emiten Mis adversarios y los de ustedes contiene exactamente lo contrario. Su propósito es influir sobre ustedes, sobre cada uno, mediante insinuaciones empalagosas, tentaciones presentadas de manera interesante, la promesa engañosa de ventajas dudosas, la satisfacción de necesidades supuestamente importantes, tergiversaciones astutas de la verdad y el fortalecimiento de deseos y exigencias egoístas, y convertirlos así en proveedores dóciles de energía. Porque necesitan su energía.
El ser humano está expuesto sin interrupción a todas estas ondas de energía y a muchas más. Todo se encuentra invisiblemente a su alrededor, lo atraviesa e intenta introducir su información y dejar así huellas en su alma. Se pretende provocar un cambio en el cuerpo espiritual de la persona: las energías de amor, hacia el bien; todo lo que no es energía de amor, hacia el mal.
Mi objetivo es que su alma, cuando vuelva a abandonar el cuerpo al terminar la vida terrenal, se haya fortalecido y haya alcanzado un estado energético que —conforme a la ley de la atracción— la lleve a ámbitos luminosos donde pueda continuar desarrollándose. El objetivo de las tinieblas es impedir ya en este mundo que su alma continúe desarrollándose y, si es posible, debilitarla, para poder ejercer influencia sobre ella también en el más allá y retenerla así.
El resultado de este enfrentamiento, en cuyo centro se encuentran ustedes, está determinado por qué información puede llegarles, cuál permiten y cuál ponen en práctica. Aquello que se corresponda con ustedes porque todavía existe en su interior como error o debilidad encontrará resonancia en ustedes. Las fuerzas negativas tratarán de dirigirlos, manipularlos y, si es posible, dominarlos por esa vía. Pero cualquiera que sea el resultado, siempre será provisional. En cualquier caso, el vencedor definitivo seré Yo, quien finalmente volverá a estrechar a todos en Sus brazos.
Mis hijos e hijas, en Mis palabras reconocen la extraordinaria importancia de la fuerza que fluye hacia ustedes a través de su alma; cuando puede fluir sin grandes obstáculos, mantiene sanos el cuerpo y el alma, pero cuando su afluencia disminuye o queda bloqueada, también ocasiona malestares anímicos y corporales. Estos siempre tienen que ver con una carencia de energía más o menos marcada.
Su medicina, que prácticamente desconoce una visión integral, intenta suministrar a sus células enfermas la energía que les falta. En la mayoría de los casos desconoce que no es el medicamento el que ha producido una mejoría o curación, sino la información energética contenida en él. Como muchos fármacos también contienen vibraciones e información perjudiciales, se producen efectos secundarios. Este peligro también existe cuando se usan incorrectamente remedios naturales, pero no es tan grande, en especial cuando se emplean con responsabilidad y conocimiento.
¿Por qué habría de oponerme Yo a que se curen lesiones, heridas, dolencias, enfermedades y más con los medios que les han sido dados (véase al respecto la revelación del 18 de febrero de 2018)? Su utilización puede ayudarlos, y los ayudará muchas veces, a aliviar dolores y apoyar el proceso de recuperación. Entonces las energías antes bloqueadas podrán fluir de nuevo y las células volverán a recibir la fuerza vital necesaria.
Pero si su alma participa de algún modo en su enfermedad, la situación es un poco distinta. Entonces puede existir, por ejemplo —aunque no necesariamente—, una causa kármica, entendida principalmente como una carga que también se originó en vidas anteriores.
Pero no dirijan demasiado pronto su mirada hacia la posibilidad de una culpa del alma procedente de vidas anteriores. De lo contrario, existe el peligro de que pasen por alto con demasiada facilidad lo más cercano: una conducta aprendida y practicada en esta vida como causa de su enfermedad; y quizá incluso se convenzan de que deben soportar su destino con una humildad falsa porque no puede cambiarse y posiblemente representa hasta una «especie de castigo del buen Dios».
Existe una explicación mucho más sencilla:
No puede fluir suficiente energía hacia su cuerpo a través de su alma porque su alma no puede absorber suficiente energía. Pero esto no sucede porque exista alguna grave carga kármica, sino porque en el presente, aquí y ahora, están haciendo algo equivocado.
Al examinar su conducta, si desean mirarse con honradez, libérense de todo pensamiento de evaluación o condena. Mírense a sí mismos, en la medida de lo posible, como un médico responsable que solo puede llegar a un diagnóstico útil si está libre de prejuicios, es neutral y, si es posible, sensible. Deseo dirigir su mirada hacia su conducta, casi siempre inconsciente, que también incluye la falta de amor hacia ustedes mismos y cuyo reconocimiento es más importante que todas las ayudas exteriores.
Si me piden que esté presente en este proceso, no solo estaré a su lado, sino que también guiaré sus pensamientos, favoreceré su comprensión y orientaré su decisión en una buena dirección.
Si una conducta equivocada en el interior, en los pensamientos, y en el exterior, en los actos, fuera la causa de un aporte energético bloqueado y de la consiguiente enfermedad, tendrán que decidir si desean cambiar algo o no. Entonces también resulta fácil comprender que las medidas exteriores por sí solas, por razonables que parezcan o sean, no proporcionarán alivio duradero ni representarán una solución satisfactoria. Porque, por una parte, suministran energía mediante medicamentos, mientras que, por otra, continúa existiendo la carencia de energía que causó o contribuyó a causar la enfermedad y seguirá actuando negativamente hasta que su conducta cambie.
Incluso cuando las razones de sus actos u omisiones se encuentran muy atrás en el pasado, el camino que pasa por el reconocimiento hasta llegar al cambio y la disolución es el mismo. Ya se trate de una antigua culpa del alma o de una forma de pensar y actuar adquirida recientemente, en el hecho de que todavía hoy se exprese y actúe, y en la manera en que lo hace, reconocen que aún existe algo que no vibra conforme a la ley. Invítenme a ayudarlos y estaré a su lado con todo Mi amor. Y finalmente el largo camino que los alejó de la armonía con el gran Espíritu, conmigo, volverá a terminar donde comenzó: en su patria eterna.
Tengan valor, Mis amados hijos e hijas, para interiorizar las verdades que quizá sean nuevas para ustedes. Tengan valor para mirarse y reconocer que todo tiene algo que ver con ustedes de alguna manera. Tengan valor para incluir hasta sus pensamientos más secretos en su «inventario interior», porque también los pensamientos son energías y transportan información que no solo actúa sobre el receptor, sino también sobre el emisor, en este caso ustedes mismos. Tengan valor para venir a Mí, a los brazos de su verdadera vida.
Estoy junto a ustedes con todo Mi amor, que puede irradiarlos con especial intensidad como energía, edificarlos y fluir con mayor fuerza hacia cada célula de su cuerpo anímico y material cuando dan los primeros pasos hacia Mí, hacia la libertad.
Mi amor descansa sobre ustedes como una campana invisible de energía hecha de luz, rayos y una fuerza insuperable. Nunca los abandona, pero solo podrá determinar su vida más que hasta ahora cuando ustedes lo deseen en virtud de su libre albedrío.
Amén
1) «Ephides», quien transmitió maravillosos poemas desde el más allá y sin duda es conocido por muchos, expresó este acontecer con las siguientes palabras, de forma figurada, breve y precisa, como corresponde a su estilo incomparable:
Como un poema concibió Dios el mundo, donde el curso del tiempo sube y baja con ritmo, la rima une lo semejante en armoniosa consonancia, y el sentido, condensado en existencia, encuentra realización. Pero así la sublime construcción comenzó a tambalearse: las palabras se soltaron y salieron de sus límites; llamaron ganancia a destruir la rima, la existencia se volvió un fin en sí misma y olvidó el sentido. Veo sufrir las palabras que huyeron de la rima y buscar la consonancia. Algún día, también modestamente, la última estará alegre en su lugar, en la luz, convertida ahora en pilar del eterno poema de Dios.
De: «Ephides, un poeta de lo trascendente» (Bürger-Verlag, 2012).