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Cómo favorecer la evolución de su alma

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Wie ihr eure seelische Entwicklung fördert

Fecha original: 17 de junio de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, para quienes ya conocen Mi palabra de revelación, la verdad fundamental «el cielo es amor» no representa nada nuevo. Y muchos quizás se pregunten por qué coloco al comienzo de Mi comunicación de hoy algo que a sus ojos es evidente y por qué lo subrayo especialmente.

Lo hago porque deseo que se ejerciten en no limitarse a aceptar con un gesto de asentimiento las verdades y sabidurías que han reconocido, sino que descubran la profundidad que contienen. Esto significa que no deben pasar apresuradamente por alto una afirmación, un hecho o una realidad solo porque los consideren correctos o acertados. Porque casi siempre hay detrás otras leyes que únicamente los ayudarán a avanzar en su camino hacia Mí si comparan con ellas su propia conducta y, cuando sea necesario, la corrigen.

Si creen que el cielo es amor, ¿qué se deriva de ello para quienes desean regresar a su hogar eterno? Las respuestas son evidentes: por una parte, se desprende que no existe la muerte en el sentido de que «todo termina», y por tanto tampoco hay motivo para tener miedo ni preocuparse; por otra, la ley espiritual de la atracción regula lo que sucede después de la muerte para cada individuo. Esta ley establece que quien quiera entrar en el cielo debe llevar el cielo dentro de sí. En este caso, «cielo» se refiere a ámbitos de vida luminosos, ligeros y amplios, como los que no predominan entre ustedes en la Tierra y que, además, poseen una extensión inimaginable.

El verdadero cielo —la reunificación Conmigo, su vida en una belleza y libertad indescriptibles, el ser uno con todo lo que existe— se encuentra en una dimensión que, de todos modos, no puede alcanzarse mediante un «salto» desde la Tierra hasta allí. Pero incluso el ingreso posterior en esas esferas presupone que se hayan desarrollado tanto en el más allá —es decir, que hayan vuelto a convertirse en amor— que hayan alcanzado y lleven dentro de sí la elevada vibración de la eternidad.

Todavía no han llegado a ese punto; pero todos Mis hijos humanos y espirituales, lo sepan o no, se encuentran en el camino de regreso a casa. Porque cuando en otro tiempo partieron, entraron en una órbita que inevitablemente los traerá de vuelta a Mí. No existe nada fuera de Mí, nada que no permanezca eternamente en Mí y que Yo no sostenga con Mi energía. En esto no importa si un ser espiritual se separó de Mí por voluntad propia o si encarnó voluntariamente por amor a sus hermanos y hermanas de la Tierra.

Saberlo debería servirles de consuelo y estímulo; y con esto vuelvo a lo que dije al principio: no deben pasar apresuradamente por alto algo que tiene una profunda importancia para todos ustedes, porque espera ser reconocido. Esto puede incluir, por ejemplo, preguntarse si ya están completamente libres de miedos y preocupaciones respecto a su vida en el más allá. Si todavía hubiera algo que los oprime en mayor o menor medida, quizás sería un motivo para mirar más profundamente en algo que conocen desde hace mucho, pero a lo que todavía no han prestado la atención necesaria.

El hecho de que ninguno de ustedes encarne todavía el cielo podría alentarlos a emprender el camino hacia el cielo, lo que en sentido figurado significa: el camino hacia su interior, siempre que realmente deseen volver a convertirse en amor. Yo fortalezco en ustedes hasta el más pequeño impulso de acercarse a esa meta. Muchas veces solo quedan por dar unos pasos ligeros hacia los que Yo y sus acompañantes espirituales los impulsamos; otras veces son cosas que les resultan un poco más difíciles, y de vez en cuando también hay obstáculos realmente grandes que desde hace tiempo esperan ser abordados.

Pero todos tienen en común que requieren una acción. Porque quien quiere llegar «de aquí hasta allá» tiene que moverse. Esta es una antigua sabiduría. De nada sirve que sus dirigentes y escribas les enseñen algo distinto. Nadie puede evitar la decisión de actuar bajo su propia responsabilidad, más allá de la «fe y la gracia», de observar mandamientos, preceptos y dogmas, de practicar actos rituales y mantener tradiciones.

Desde este punto de vista, las palabras «amen, y nada más» adquieren otro significado. A primera vista parecen facilitar las cosas, porque entonces muchas prácticas que en el pasado se realizaban de todos modos con medio corazón pierden la importancia que tenían o incluso desaparecen; pero, al mismo tiempo, los llaman a ponerse a trabajar, a emprender el trabajo interior. Sin embargo, Conmigo a tu lado lo lograrás con mucha mayor facilidad y llegarás incomparablemente más rápido a la meta que si te esfuerzas solo.

No dejarán de experimentar que, del esfuerzo por vivir el amor en la vida cotidiana, surgen casi por sí solos la sabiduría y el conocimiento. En cambio, el camino inverso, aparentemente menos trabajoso, de acumular conocimientos, o la pertenencia a una comunidad religiosa junto con la práctica de costumbres tradicionales, jamás harán que se desarrolle en ti el potencial necesario de amor compasivo y desinteresado que te acerca a Mí.

Mis amados, ¿qué se deriva de ello? Que no se Me puede estudiar a Mí ni a Mi sabiduría, pero sí se puede penetrar cada vez más profundamente en Mí. ¿Qué entienden por esto? ¿Cuántas veces al día están Conmigo? ¿Cuántas veces hablan Conmigo, aunque solo sea mediante un pensamiento amoroso, una pregunta breve o contándome lo que los mueve en ese momento o lo que están haciendo? ¿Diez veces, veinte, cincuenta o más?

Quizás alguno de ustedes, a quien esta forma de comunicación todavía le resulte un poco extraña, crea que entonces estaría hablando consigo mismo. Como lo indica la expresión, uno habla consigo mismo cuando está solo. Pero tú, hijo Mío, nunca estás solo. Jamás, porque no existe un solo instante de tu vida en el que Yo no esté contigo. ¡Yo Soy la vida en ti! ¿O todavía supones que Me encuentro en un cielo lejano y nebuloso, del que nadie puede decirte dónde está? Una mirada hacia arriba solo te deja ver una parte diminuta de su universo material. Una mirada hacia dentro, en cambio, te muestra el camino que conduce a Mi corazón.

Por lo tanto, cuando piensas en Mí o Me dices algo —incluso si solamente lo sientes—, estás conectado de manera directa con la fuente de tu vida. ¡Y esa fuente es el amor! ¿Puede haber algún motivo para no buscar y cultivar el contacto con la fuerza que te alimenta y fortalece incesantemente?

¿Estas reflexiones te hacen pensar? ¿Te recuerdo con ellas algo que ya te propusiste muchas veces? ¿Y cómo fue después la práctica? «El día exige lo suyo y también mis obligaciones», dirás. Es cierto, porque por regla general estás en la Tierra para aprender algo. Pero tú mismo sabes cuán amplio es el margen y cuántas posibilidades permite esta afirmación. ¿Cómo la interpretas? De los muchos cientos de minutos de los que dispones cada día, ¿cuánto espacio Me concedes?

El ser humano es un animal de costumbres, según uno de sus dichos. Entonces les hago una propuesta: pídanme que los ayude a cambiar algunas de sus costumbres; es decir, a sustituir por otras nuevas unas pocas de las muchas vías rutinarias por las que transitan, comenzando por algunas más pequeñas. ¿Pueden creer seriamente que el cielo desoiría una petición así o que no la cumpliría? ¿No será más bien que ni siquiera llegan a formularla?

Cuanto más a menudo estés Conmigo en tus pensamientos o palabras, más estrecho se hará el vínculo entre nosotros. Y cuanto más estrecho sea, más tranquilo y sereno te volverás, más natural te resultará acudir a Mí —quizás más adelante incluso hablar de todo Conmigo y percibir Mis impulsos con creciente claridad—, y más confiada se volverá nuestra relación. Una conducta practicada así repetidamente se convierte, como lo expresan sus científicos, en un «reflejo condicionado». Aplicado a nosotros dos, a Mí y a ti, puede formularse así: se convierte en una costumbre entrañable de la que ya no querrás prescindir cuando hayas conocido su familiaridad, su calidez y sus beneficios.


Apenas hemos comenzado a mirar un poco más profundamente en las palabras, apenas hemos empezado a «excavar» con algo más de intensidad, y ya surgen muchos aspectos nuevos que llenarían numerosos libros si entráramos en las sutilezas y en los innumerables detalles. Pero como esto abrumaría a cualquiera y el aprendizaje también constituye un proceso evolutivo que solo se revela de manera razonable paso a paso, basta con centrar nuestra atención en otro aspecto. Este tiene mucho peso, porque los toca directamente y —al igual que Mi presencia incesante— desempeña un papel decisivo en su esfuerzo por vivir el amor.

El desconocimiento general de que también existe otra realidad invisible —una realidad fuera del alcance de sus cinco sentidos— facilita mucho que Mi adversario y el de ustedes, junto con sus seguidores, los influya y obstaculice constantemente sin que lo noten, haga que se estanquen y les cause daño en el cuerpo y en el alma. A esto se suma el desconocimiento de la ley de causa y efecto.

Hablo de las fuerzas que casi todos ustedes conocen solo de nombre, a las que llaman oscuridad, tinieblas, Satanás, Anticristo, Lucifer o simplemente diablo, y que tienen su hogar en el mundo no material que ustedes no pueden percibir. Pero ese mundo sutil existe, y su influencia sobre ustedes —si la permiten— es tan permanente y directa que huirían a Mis brazos si pudieran ver el mal y las innumerables formas y variantes de las tentaciones que proceden de él.

Pero no es solamente el mal personificado lo que con frecuencia les hace tan difícil la vida y pone obstáculos una y otra vez en su camino. En muchos casos son energías, los llamados campos de energía, de los que existen innumerables formas e intensidades, que atraviesan el universo como enormes «formaciones de niebla» y rodean sobre todo su planeta. Sin embargo, muchas veces también son dirigidos por almas de las regiones astrales con la intención de obtener energía de las personas que vibran en sintonía con el contenido de esos campos.

¿Cuál es su contenido? Todo aquello que no corresponde al mandamiento de amor: desde el odio, la enemistad, la guerra y la falta de reconciliación, pasando por la enorme gama de los «pecados medianos», hasta las manifestaciones de superficialidad, ostentación engañosa, adulaciones complacientes, vanidades y muchas cosas más.

Están expuestos a ellos, en mayor o menor medida, las veinticuatro horas del día. Que puedan influirlos, robarles su tiempo o conducirlos en la dirección que pretenden depende de cada uno. Aquí actúa la ley de la atracción: cada uno de sus sentimientos y pensamientos entra, con mayor o menor intensidad y de manera más o menos directa, en comunicación con las energías correspondientes; y esto vale aún más para cada palabra y cada acto.

En la práctica, son estimulados a «transmitir» y «reciben» sin saberlo, y viceversa. Aquello que los atrae y ante lo que reaccionan está condicionado por lo que se encuentra en su alma y por los intereses y deseos que llevan dentro. También pueden expresarlo así: su carácter, es decir, la suma de sus cualidades amorosas y menos amorosas, interactúa con fuerzas correspondientes: buenas, neutrales, menos buenas o fuertemente contrarias.

Aquí entra en acción la ley de correspondencia, que muchos de ustedes conocen también como «ley del espejo» o «ley de resonancia» y que actúa cuando algo provoca reacciones en ustedes, sean negativas o positivas.


Con este único ejemplo, «el cielo es amor», los he llevado un poco más a lo profundo. Es evidente que debajo de esto hay todavía muchos más conocimientos que los ayudarán si toman las decisiones correspondientes. Porque la sabiduría de su Padre celestial es infinita.

Pero lo dicho hasta ahora ya basta para dar el paso siguiente: reconocer la consecuencia que se desprende de saber que están incesantemente rodeados de fuerzas que, en gran medida, desconocen. Con esto vuelvo a Mi pregunta sobre cuántos minutos de su tiempo quieren regalarme.

Cuanto más a menudo te ocupas de algo y cuanto más piensas en una dirección determinada, más llenas con ello tu conciencia, tu subconsciente y tu alma. Donde está una cosa no puede estar la otra. Cuando tus pensamientos están Conmigo, colocas —en sentido figurado— un pequeño peso en el platillo de la luz. Y con ello falta algo en el otro lado, algo que Yo he transformado cuando tu esfuerzo es serio. Entonces, poco a poco entran en acción Mis fuerzas en ti y a tu alrededor. A diferencia de las fuerzas del lado contrario, ellas no te manipulan —¡Yo respeto en todos los casos tu libre albedrío!—, sino que te fortalecen y hacen surgir en ti cada vez más conocimientos, que luego se manifiestan en tu conducta diaria como comprensión, tolerancia, indulgencia, paciencia y muchas cosas más. Esta es una consecuencia natural de tu esfuerzo, que no se produce si llenas con conocimientos el platillo mencionado de la balanza de tu alma.

Si en principio estás dispuesto a ello, en ciertas circunstancias surgirá en ti la pregunta: «¿Qué debo cambiar? ¿Qué debo pedirte?». Para responder primero a la segunda pregunta, hijo Mío: si eres valiente —lo digo con una sonrisa—, pide que Mi voluntad se cumpla en ti, algo distinto del «hágase Tu voluntad» que con frecuencia solo se dice de manera rutinaria. Entonces el cielo asumirá la dirección de tu vida, porque le habrás concedido al amor el derecho y la autoridad para hacerlo.

En cuanto a la otra pregunta, aprenderás a reconocer qué es lo que debes cambiar, porque Yo llamaré tu atención, de manera bien dosificada, sobre los rasgos de tu naturaleza humana a los que hasta ahora no has prestado la atención necesaria. Aprenderás a reconocer, a través de tus reacciones, qué debe ser todavía transformado en ti mediante Mi fuerza de amor.

Entonces te toca actuar. Entonces depende de ti decidir si quieres liberarte de esta o aquella conducta. Pero cuidado: aquí acecha una trampa.

Hay una diferencia entre que una persona ore: «Por favor, libérame de esto o aquello. Cámbiame en este o aquel aspecto», y que venga a Mí sabiendo y estando dispuesta a aportar también su propia y pequeña parte en el trabajo de transformación que tiene por delante. «Por favor, ayúdame a cambiar este rasgo de mi carácter» sería la mejor alternativa.

Si, por ejemplo, pides poder vivir en paz con tu vecino, también tendrás que mirar y trabajar el lado de ti que todavía no es del todo pacífico. Si lo tienes claro y estás dispuesto a hacerlo, Yo Me encargaré del resto. Puedes dejar confiadamente en manos del cielo cómo y cuándo se manifestará esto en el exterior, pues él tiene la visión de conjunto y sabe exactamente qué ajustes debe hacer y en qué momento.

Incluso quienes creen en Mí y en Mi palabra rara vez han reflexionado sobre por qué una oración no es escuchada. Sin embargo, vale la pena profundizar precisamente en esta cuestión. Porque si Yo Soy el amor absoluto, desinteresado e incondicional, Mi mayor interés tendría que ser escuchar las oraciones de Mis hijos. Pero ¿qué sucede cuando una petición no se cumple? ¿Cuando quizás piden una y otra vez siempre lo mismo y nada ocurre? ¿Nunca surge en ustedes la pregunta de por qué el amor —que entonces, a los ojos de algunos hijos Míos, se convierte en el «supuesto amor»— parece sordo y permanece en silencio?

Vale la pena, Mis amados, reflexionar sobre esta pregunta durante un momento de calma. Si buscan una respuesta con el corazón abierto, haré que esa respuesta surja de su interior o los conduciré hacia personas, libros o conversaciones que los ayuden a encontrar la solución. Si buscan con seriedad…

Otra trampa acecha cuando se trata de soltar algo. En muchos casos, Mis hijos humanos quieren librarse de algo que los molesta o les resulta desagradable. Pero soltar es algo distinto. Significa renunciar a algo de lo que, consciente o inconscientemente, se ha obtenido en el pasado un beneficio, una ventaja o energía.

Quieren sanar, lo cual es perfectamente comprensible, pero no desean renunciar, o apenas están dispuestos a hacerlo, a aquello que contribuyó a su enfermedad. Las causas de una enfermedad bien pueden encontrarse en el ámbito espiritual y anímico y no ser evidentes de inmediato. Pídanme ayuda, y encontraré caminos y posibilidades para permitirles descubrir una pista que conduzca a las causas más profundas de una enfermedad. En ciertas circunstancias puede tratarse de una falta de reconciliación —pero, naturalmente, también de muchas otras cosas— de la que han obtenido una satisfacción dudosa.

También pueden ser costumbres a las que han llegado a tener cariño y que deben abandonar. O puede tratarse de caminos rutinarios que no quieren dejar. Sin embargo, solo así podría crearse la base para un nuevo comienzo. En todo caso, soltar siempre significa también cambiar algo, dejar de practicar lo que se venía haciendo, aunque sea «solo» en los pensamientos.

Esto es, en cierta medida, trabajo, hijos e hijas Míos. En determinadas circunstancias también implica un poco de esfuerzo, o incluso bastante, y exige ante todo honestidad y seriedad. Porque las fuerzas que, debido a sus debilidades, han recibido y tomado energía de ustedes no se limitarán a observar cómo se acercan a la luz; entonces algo les hará falta. Al menos intentarán seguir alcanzándolos por las vías que hasta ahora les han dado resultado. O construirán vías nuevas.

Ustedes pueden impedirlo, porque Yo, su Padre celestial, que en Jesús de Nazaret Me convertí para ustedes en hermano y amigo, estoy en ustedes y a su lado. ¡No existe una fuerza mayor en toda la creación!

Ahora comprenden por qué es importante acudir a Mí con frecuencia, sí, tan a menudo como sea posible. Cada encuentro Conmigo, aunque solo sea un breve pensamiento amoroso, un agradecimiento infantil o un sencillo «Te quiero», fortalece tu alma en ese mismo instante. Hace que el platillo de tu balanza de luz se llene cada vez más, y tú aprendes, pues para eso viniste al mundo. Así, no solo tus semejantes podrán ver en ti un ejemplo; también las tinieblas pueden y deben medirse contigo y, si así lo quieren, reconocer que vale la pena abandonar la oscuridad y orientarse hacia la luz.

Para quienes hasta ahora no lograban comprender del todo el concepto de «lógica del corazón»: esto, Mis amados hijos e hijas, ha sido lógica del corazón en su forma más pura. Ella dice: usa tu razón, pero esta cumple mejor su tarea como mano derecha del corazón. La lógica del corazón permite penetrar cada vez más profundamente en Mi sabiduría sin correr el riesgo de vivir excesivamente desde la mente y olvidar lo verdaderamente importante de la vida: ¡amen, y nada más!

Amén