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El seguimiento se vive en la vida cotidiana

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Nachfolge geschieht im Alltag

Fecha original: 29 de marzo de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Una y otra vez se pregunta qué significa seguir a Jesucristo en la vida cotidiana. Cómo se puede estar y permanecer unido a Dios cuando cada día nos llegan tantas cosas; cuando hay que cumplir con el trabajo; cuando los acontecimientos diarios exigen toda nuestra atención.

Entonces se plantean preguntas como estas:

«¿Debo pensar en Dios todo el día? ¿Qué significa amar a todos? ¿Cómo debe entenderse que hay que ver a Dios en todos y en todo? ¿Es siquiera posible cuando, al mismo tiempo, el trabajo, la casa, la familia y tantas otras cosas nos exigen constantemente? ¿Debo meditar varias veces al día? ¿Cómo puedo estar a la altura de exigencias tan elevadas? Como ser humano, con mis faltas e imperfecciones, ¿no me sobrepasan? ¿No es demasiado pedir que tome como ejemplo a Jesús y Su vida? ¿Qué reglas debo cumplir? ¿Realmente basta con esforzarse? Y así sucesivamente…»

Todos conocemos estas preguntas, que a menudo incluso se convierten en dudas acerca de si tiene algún sentido recorrer este camino cuando una y otra vez uno se enfrenta a su «fracaso», y el trabajo, la inquietud y el ajetreo vuelven a arrollarlo, aunque tenga buena voluntad. A ello se añade que distintas fuentes enseñan cosas diferentes como necesarias, correctas y obligatorias, porque, de lo contrario, supuestamente no se alcanzará el éxito esperado. Quien todavía no tiene seguridad, quizá sigue aferrado a una u otra opinión o incluso aborda el asunto con preocupaciones o temores acerca de si estará haciendo todo correctamente, corre el peligro de estancarse por su empeño en «no cometer ningún error».

Sin embargo, el camino hacia Dios no es algo tan complicado. Solo lo parece con frecuencia porque en nuestra mente se han instalado muchas ideas equivocadas acerca de todo lo que se debe hacer y evitar, y porque hasta ahora apenas conocíamos, salvo en teoría, el camino completamente sencillo que cualquier persona del mundo puede recorrer. Esto no significa que poner en práctica «amen, y nada más» sea siempre fácil. Quizá por eso no nos decidimos con tanto gusto a hacerlo y preferimos aceptar disposiciones e instrucciones exteriores que creemos más fáciles de cumplir que la práctica del trabajo interior.

La respuesta a estas preguntas —sobre todo porque procede de la fuente de toda vida— será comprensible para todos los que buscan con sinceridad.

Revelación divina

Mis amados hermanos y hermanas, les hablo como su Dios, como el Espíritu eterno del amor que encarnó en Jesús de Nazaret y, con ello, se convirtió en su hermano y también en ser humano, tal como ustedes viven actualmente como seres humanos en la Tierra.

Les recuerdo que son espíritu y que solo llevan temporalmente su envoltura humana. El espíritu dentro de ustedes —Mi Espíritu y, al mismo tiempo, su vida eterna— es amor. Es la conciencia más elevada, aunque esto todavía les resulte incomprensible. Procede de Mí; nunca se separó verdaderamente de Mí, aunque en este momento así lo parezca exteriormente. El vínculo entre ustedes y Yo es inseparable. Por eso tampoco te perderé, independientemente de lo que otros te enseñen. Un extremo del vínculo está anclado en Mí y el otro en lo profundo de tu alma.

Eres Mío, permaneces siendo Mío y volverás a sumergirte en el mar infinitamente grande de la armonía eterna y de la vida que todo lo abarca, en el que tenías tu lugar y volverás a ocuparlo.

El vínculo que nos une está formado —de una manera inimaginable para ustedes— por pura energía de amor. Aunque se trata de una imagen completamente insuficiente, pueden compararlo con una cuerda de seguridad que une con sus ayudantes a alguien que se aventura en un terreno desconocido. Es la garantía de que encontrará el camino de regreso.

Algunos conocen la frase «Quien quiera volver a entrar en el cielo debe llevar el cielo dentro de sí», lo que significa que debe volver a convertirse en amor, pues el cielo es amor. Aquí, como en toda la creación, rige la ley de que lo semejante atrae a lo semejante.

Cuando algo ha perdido el equilibrio, este debe restablecerse. La falta de armonía debe volver a convertirse en armonía. Esa es la ley. Garantiza que todo regrese nuevamente hacia Mí.

Lo que cayó fuera del amor debe volver a convertirse en amor. Este es un principio sencillo y comprensible. Cuando esto se haya realizado, todo volverá a estar en la unidad. Todas las personas y almas se encuentran en el camino de sumergirse nuevamente en la unidad y permanecer en ella por toda la eternidad.


Les doy una imagen: si has bebido muy poco, para restablecer el equilibrio no te servirá comer mucho. Tampoco la falta de sueño puede compensarse con un exceso de movimiento, del mismo modo que la generosidad para hacer donaciones no sustituye la amabilidad ni elimina el egoísmo.

Por eso, una mayor capacidad de amar solo se alcanza mediante un amor desinteresado vivido en la vida cotidiana, y no mediante técnicas, acumulación de conocimientos, estudios, ritos, ceremonias, alejamiento del mundo y muchas otras cosas. Por eso cada uno de ustedes encarnó y por eso vive precisamente bajo las circunstancias y junto a las personas que actualmente determinan su existencia.

Por tanto, solo hace falta el amor para permitir que crezca la fuerza de su alma. En la vida diaria, este se expresa de múltiples maneras mediante su naturaleza desinteresada, ante todo mediante una conducta amorosa hacia el prójimo, que constituye el fundamento de su amor por Mí. No es posible comportarse con indiferencia o rechazo hacia el prójimo y, al mismo tiempo, amarme a Mí, porque Yo también vivo en tu prójimo.

No enseñé ni viví otra cosa como Jesús de Nazaret.

Pero ¿qué significa esto para el ser humano? ¿Cómo debe ponerlo en práctica?

Para ustedes es importante, ante todo, reconocer que Mi seguimiento, si realmente aspiran a él, se vive en su vida cotidiana y que, en ese proceso, su prójimo es su ayudante más importante, pues sin él no pueden aprender nada. Es su espejo y, si ya pudieran recorrer su jornada con plena conciencia, reconocerían tantos espejos que les resultaría difícil registrarlo todo, prestarle atención y extraer de ello las conclusiones necesarias para ustedes y su conducta.

Pero esto tampoco es necesario. Los sobrepasaría y muy pronto abandonarían su trabajo interior. Los numerosos ayudantes espirituales que permanecen a su lado por encargo Mío conocen la «dosis» correcta. Los conducen hacia las personas y situaciones que representan para ustedes una tarea de aprendizaje pequeña o grande. Pero uno de los problemas es que sus pensamientos y sus acciones se encuentran en otra parte, que no reconocen que aquí y ahora se les exige estar atentos y reaccionar correctamente, es decir, conforme al amor.

No se trata de que no sepan cómo deben actuar. El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es conocido en todo el mundo. Se trata de otra cosa: su vida cotidiana no les permite mantenerse suficientemente vigilantes; a ello contribuyen, entre otras cosas, las numerosas distracciones a las que están expuestos constantemente y, con mucha frecuencia, también su falta de disposición para tener que volver a enfrentarse «otra vez» con ustedes mismos y con su prójimo.

Si quieren cambiar esto, comiencen conscientemente el día conmigo. Pídanme que les llame la atención sobre los acontecimientos que pueden ser importantes para ustedes, en los que puedan llevar a la práctica su propósito de «amen, y nada más». Los ayudaré a estar atentos, aunque solo sea mediante un impulso breve que, con un pequeño «cuidado», les recuerde reflexionar acerca de cómo actuar correctamente en ese momento y quizá de manera diferente a como lo hicieron en el pasado.

Otro problema es que muchos creen que, cuando se trata de seguirme, debe hacerse algo grandioso, nuevo y especial. Piensan que «solamente» amar sería demasiado poco. Imaginan algo completamente diferente, algo que deberían hacer exteriormente o aprender con gran esfuerzo para estar a la altura de las elevadas exigencias que Yo ni siquiera les impongo.

¿Simplemente amar?

Sí, hermano Mío, hermana Mía, ¡simplemente amar! Porque se trata de volver a equilibrar la cuenta del «amor» y llenar nuevamente el lado que presenta un déficit.

Si esto te parece demasiado poco, entra en ti durante una hora de quietud y reflexiona interiormente sobre la pregunta de qué significa amar. Cuando, con Mi ayuda, reconozcas el amplio espectro del amor desinteresado y de Mi seguimiento, comprenderás también que el principio es realmente sencillo —tan sencillo que cualquiera puede comprenderlo y practicarlo paso a paso si tiene la voluntad—, pero que su puesta en práctica tiene sus dificultades o, al menos, no resulta tan fácil como parece a muchos a primera vista. Porque la mayoría todavía no tiene una idea correcta de lo que significa amar como Yo enseñé, lo cual incluye también, por cierto, amarse a uno mismo.


La vida te ofrece incesantemente oportunidades para ejercitarte en el amor, pues, por regla general, encarnaste precisamente por esta razón: quieres aprender algo que todavía no dominas en la medida deseada. La vida —que ustedes llaman acertadamente «escuela de la Tierra»— te presenta cada día algo que debes reconocer, provocado o permitido por Mi ley. Porque es Mi deseo y voluntad, al igual que el deseo de tu alma, que madures interiormente y te hagas fuerte.

Entre aquello a lo que podrías prestar un poco más de atención en el futuro se encuentran —como solo un ejemplo entre muchos— tus pensamientos y los sentimientos que se hallan debajo de ellos. Quizá surja en ti la pregunta de qué tienen que ver tus pensamientos y sentimientos con la puesta en práctica de Mi mandamiento del amor. Mucho más de lo que piensas, porque de ellos nacen tus palabras y acciones.

Todavía consiguen con muy poca frecuencia contemplar «neutralmente» a sus semejantes, es decir, sin clasificarlos, valorarlos, juzgarlos o quizá incluso condenarlos de inmediato, casi siempre de manera involuntaria. Muy pocos reflexionan acerca de que aquí ya existe una conducta carente de amor y muchas veces despectiva; en sentido estricto, una infracción del mandamiento del amor. ¿Con qué frecuencia les sucede? Si cuentan todas sus conversaciones a lo largo del día, lo que ocurre en el tránsito, los encuentros durante las compras, las noticias negativas de los periódicos y la televisión, las situaciones difíciles en el trabajo o la familia y muchas otras cosas, se acumula bastante.

Sin duda hay cosas peores que pensar negativamente o alterarse de vez en cuando. Tampoco se trata de eso, sino de desarrollar una sensibilidad para reconocer cuántas oportunidades ofrece el día de observarse a uno mismo y comprobar entonces: aquí podría practicar para mejorar algo.

Este fue solo un ejemplo. Habría incontables más que tú mismo puedes encontrar si esto es importante para ti. La falta de observancia del mandamiento del amor abarca un amplio espectro. Solo una pequeña indicación: la negligencia forma parte de él, al igual que el desorden, la incapacidad de soltar, la envidia y los celos, la falta de confianza, la conducta egoísta, los juegos de poder, la falta de arrepentimiento e infinitas cosas más; sin olvidar el resentimiento y la incapacidad o falta de voluntad para perdonar.

Algunas cosas se dirigen contra su prójimo y otras contra ustedes mismos, porque todavía no se aman lo suficiente; pero una conducta carente de amor siempre deja huellas en su alma y, con frecuencia, también en su cuerpo.

Todo esto y mucho más se encuentra comprendido en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, en «amen, y nada más». Y sin que por ello deban desanimarse inmediatamente, pues estoy a su lado como el amor que los fortalece: también forma parte de él enfrentarse a uno mismo, buscar las motivaciones de la propia conducta, tomar decisiones y luchar en el sentido correctamente comprendido. Y levantarse después de haber caído, si es necesario, una y otra vez. Yo los ayudo a hacerlo. Solo cuando deciden permanecer tendidos tengo las manos atadas, porque respeto su libre albedrío.

Uno u otro se sorprenderá ante el amplio espacio que ocupa el sencillo mandamiento de Mi amor. Cuando comiences a trabajar de este modo conmigo en ti mismo, comprobarás, por una parte, que no es posible hacerlo sin atención y práctica y, por otra, que no se requiere ninguna otra técnica ni esfuerzo, porque el trabajo interior te ocupará por completo, quizá algunas veces más de lo que en ese momento te agrade o estés dispuesto a hacer.

Y si todavía crees que debes ofrecerme un sacrificio porque «solamente» amar te parece insuficiente, entonces sacrifícame poco a poco tus ideas y deseos demasiado humanos; pero no lo hagas con fanatismo ni por temor a no ser suficiente para Mí. También te amo así, tal como eres en este momento.

Pero quiero ayudarte a volver a ser aquello que eres desde las eternidades, para que te resulte más fácil tu paso por la Tierra, que de todos modos ya es bastante difícil.

Ese, Mis amados hermanos y hermanas, es el camino. No existe otro. Es un principio sencillo porque vine para todas las personas, sin importar la raza o la cultura a la que pertenezcan actualmente. Todos deben poder recorrerlo; de otro modo, Yo no sería la justicia.

Si todavía te parece demasiado poco exigente y que te desafía muy poco, entonces te digo con una sonrisa: pruébalo. Yo estaré contigo.

Amén