← Hans Dienstknecht

Los ayudantes invisibles a su lado

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die unsichtbaren Helfer an eurer Seite

Fecha original: 16 de marzo de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, cuando hice surgir de Mí Mi creación y le di vida, Mi deseo y Mi voluntad eran crear seres semejantes a Mí; no iguales, sino semejantes, lo que significa que podrían poseer para siempre gran parte de Mis cualidades y atributos. Debían ser, como ustedes lo expresan, «semejantes a Dios», dotados de un poder, una grandeza y un amor que como seres humanos no pueden imaginar ni remotamente.

Todo lo que surgió de la fuente de Mi vida eterna es semejante a Mí. No es igual a Mí, como los llamados maestros quieren hacerles creer. Por tanto, ustedes no son Dios, ni tampoco una parte o partícula de Dios. Son criaturas de Mi amor que llevan en su interior un potencial que solo podrán comprender cuando vuelvan a vivir en unidad conmigo.

Su camino hasta ese punto es un camino de evolución. La lógica del corazón tendría que decirles que no puede ser de otro modo. Porque, si se observan a ustedes mismos, su entorno, su historia, su conciencia y el crecimiento en la naturaleza —sencillamente todo—, reconocerán que nada de lo que existe apareció de pronto «sin más».

Ha madurado hasta el momento en que ahora es tal como es. Y seguirá desarrollándose por toda la eternidad. Porque Yo soy eterno e infinito, y tampoco tiene límites aquello que he creado. Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda.

La razón por la que no creé seres sometidos a Mí, que sin voluntad ni decisiones propias solo pudieran cumplir lo que establece Mi ley, es que Mi reino, que también es el reino de ellos, debía estar habitado por hijos libres de Mi amor. Porque solo mediante la libertad, que unida a la individualidad produce la diversidad de la vida, se garantiza que todo se «mueva» incesantemente, que predominen la alegría y la creatividad, que se prueben cosas nuevas y se les dé vida, de modo que nada se paralice, sino que todo se renueve y avance sin cesar.

Eso, amados Míos, es evolución. Exige que todas las criaturas estén dotadas de libre albedrío y que puedan utilizarlo y ponerlo en práctica sin limitación alguna. La otra cara, aparentemente negativa, de la «moneda del libre albedrío» contiene la posibilidad —que acepté conscientemente— de que este se utilice de manera indebida para perseguir e imponer ideas, deseos y objetivos propios. En ese caso, sin embargo, quien lo causa infringe el mandamiento del amor y se coloca automáticamente bajo la ley de la siembra y la cosecha.

El crecimiento continuo incluye todo lo que vive en las extensiones infinitas del espacio de la creación. Por tanto, esto no solo se aplica a los distintos niveles de desarrollo en cada esfera, sino también a los seres celestiales que ustedes llaman «ángeles». Muy pocos saben que ellos mismos son ángeles que, por los motivos más diversos, abandonaron su hogar eterno durante un período breve o prolongado. Cuando hayan terminado su excursión a la materia, volverán a ser también aquello que fueron antes y serán después para siempre: ángeles, conciencia de la vibración más elevada, habitantes y partícipes de una creación espiritual, hijos de Mi amor que han acumulado sus experiencias o cumplido su misión.

Tampoco los ángeles surgen en un instante como criaturas acabadas, creadas espontáneamente mediante un acto de Mi voluntad. De manera semejante a lo que sucede en la Tierra, son fruto del amor íntimo de dos seres espirituales. Cuando han pasado por un crecimiento cuya primera fase, con mucha imaginación, pueden comparar con un embarazo terrenal, Yo los bendigo; y bajo el cuidado de sus padres y hermanos maduran, aprenden llenos de alegría y desarrollan así gradualmente las capacidades que llevan dentro de sí conforme a su naturaleza.*)

Por tanto, para emplear las palabras de ustedes, hay ángeles «jóvenes» y «antiguos». Todos llevan dentro de sí el mismo amor, Mi amor. Sin embargo, este se ha desarrollado con distinta intensidad mediante las experiencias que han vivido y la práctica de su amor activo hacia todo cuanto vive: hacia el mineral, la planta, el animal, sus hermanos y hermanas espirituales y también el ser humano.

Esto responde a la pregunta que han planteado muchas veces acerca de qué hacen realmente los ángeles en el cielo. Sirven; todos contribuyen a la interacción perfecta de los incontables procesos. Están ocupados, pero no porque «tengan que hacerlo», sino porque aportan voluntaria y alegremente su parte para que el gran conjunto alcance un buen resultado.

Reciben de Mí la energía para su acción desinteresada, para su perseverancia, visión de conjunto, decisiones, paciencia e indulgencia. Por tanto, no actúan por sí mismos; actúan por encargo Mío. No tienen que pedir por separado fuerza y fortaleza, porque viven dentro de la ley. Y a quien sirve a la ley, la ley le sirve. Esto es válido tanto en el cielo como en la Tierra.


Cada ángel es libre en lo que hace. Pero no hará nada que no corresponda a sus talentos y posibilidades ni nada dirigido contra el mandamiento del amor. La caída, también llamada caída de los ángeles, está presente en todo momento ante los ojos de cada uno; sus consecuencias devastadoras se perciben en todas partes y solo habrán desaparecido del mundo cuando se restablezca la unidad.

Así, cada uno actúa siempre de modo que se encuentre en armonía con todos y con todo, y el centro de su actividad queda determinado por su naturaleza. Esta está marcada por su hogar celestial: desde el ámbito del orden, la voluntad, la sabiduría, la seriedad, la paciencia y el amor hasta la misericordia.

La vida celestial se configura con una diversidad correspondiente. Los «antiguos» están dispuestos a ayudar a los «jóvenes», y estos quieren aprender llenos de entusiasmo, adquirir con ello conocimientos y experiencias y experimentar en sí mismos lo que significa la evolución. De este modo van asumiendo paso a paso tareas mayores y más difíciles. Hay más que suficientes, sobre todo si consideran en qué medida y con qué urgencia se necesitan atención, cuidado, asistencia, protección y ayuda para quienes tienen necesidad en los ámbitos ajenos al cielo, entre los que también se cuenta su Tierra.

Sus ángeles participan de manera invisible para ustedes en todas las situaciones de la vida humana —también de la vida mineral, vegetal y animal, aunque no quiero profundizar aquí en ello—. Algunos están presentes en el nacimiento, así como otros a quienes ustedes llaman «ángeles de la muerte», aunque en realidad son los verdaderos asistentes del nacimiento, porque ayudan al alma a desprenderse del cuerpo y a orientarse en su nuevo hogar.

Otros, a su vez, han asumido la tarea de apoyarlos cuando se trata de aprendizajes e investigaciones muy específicos, por ejemplo en las numerosas ramas de la ciencia, en la música, las artes de toda clase y mucho más; pero únicamente cuando su actividad de búsqueda y experimentación se mantiene dentro del marco de Mis leyes. Muchos también permanecen a su lado como maestros espirituales, muy especialmente cuando mediante su búsqueda expresan el deseo de encontrar el camino de la verdad.

Su imaginación no basta para que puedan formarse una idea de cuántas veces, en qué ocasiones y de qué manera fueron levantados y fortalecidos desde el mundo espiritual, ni de cuántas veces sus hermanos invisibles prepararon sus caminos. Solo en casos muy excepcionales intuyeron que el cielo había intervenido decisivamente.

Estas ayudas pueden estar limitadas en el tiempo; sus acompañantes espirituales pueden cambiar; o la asistencia prevista en realidad puede no actuar, o hacerlo solo de manera limitada, porque ustedes no lo permiten mediante su conducta. Pero hay algo que jamás cambiará: el amor y la tolerancia con que son guiados siempre ocupan el primer lugar. No puede ser de otro modo, porque ningún ser celestial lleva dentro de sí cualidades como la falta de comprensión, el desprecio, el juicio, la impaciencia o la desaprobación. Aquel a quien el cielo coloca a su lado está tan lleno de amor fraternal y ha evolucionado tanto que puede afrontar cualquier situación.

Su ángel guardián ocupa una posición especial y posiblemente ya los ha acompañado durante varias encarnaciones. Cada persona tiene su propio ángel guardián. Entre él y ustedes existe una conexión energética durante toda la vida, de modo que puede intervenir instantáneamente —y mucho más rápido de lo que ustedes son capaces de pensar— cuando una situación lo exige.

Entre las numerosas tareas que los ángeles deben afrontar hay, sin duda, algunas más fáciles que permanecer durante toda una vida al lado de una persona y amarla incondicionalmente, suceda lo que suceda. Pero tampoco se impone nada en esta distribución de tareas; uno de sus hermanos espirituales asume voluntaria y alegremente este servicio desinteresado de amor. Sin embargo, exige algo de su ángel guardián: además de las cualidades ya mencionadas de tolerancia, comprensión y paciencia, aceptar cualquier rechazo sin que su ángel se «retraiga interiormente» ni disminuya su amor, ni siquiera cuando una persona hace todo lo posible por recorrer el mundo de manera despiadada con su enorme ego.

Y su ángel debe ser capaz de algo más que la mayoría de las personas no consigue o, al menos, encuentra difícil: en su actividad se orienta exclusivamente por la justicia de la ley de causa y efecto sin perder de vista Mis principios de amor y misericordia. Esto significa que debe ser capaz de permitir que la persona confiada a su cuidado viva también algo aparentemente negativo cuando reconoce que solo así puede abrirse el camino hacia el autoconocimiento y el cambio. Por tanto, no le quitará ni le ahorrará un proceso de aprendizaje necesario. Al contrario, hará todo lo que esté en su poder —pues actúa con Mi autoridad— para conseguir que la persona despierte y cambie de rumbo, procurando que el despertar y el cambio estén asociados con el menor dolor posible.

Dicho brevemente: posee una visión de conjunto, nunca se da por vencido, es incorruptible, está lleno de amor y se alegra por cada pensamiento dirigido hacia él que nace de un corazón abierto. Pero, a pesar de todo su amor por ustedes —precisamente debido a su amor por ustedes—, tiene ante todo en cuenta su sanación y bienestar interiores. Porque, con respecto a su vida inmortal, la evolución de su alma es decisiva, mientras que su vida actual ciertamente es importante, pero solo representa un parpadeo en la eternidad, apenas un pequeño tramo del camino que conduce nuevamente hacia Mí.


Lo que he creado y creo es perfecto. Esto no significa que no tenga todavía que crecer y desarrollarse. También una semilla es ya perfecta; lleva dentro de sí el fruto que, sin embargo, primero debe madurar.

Ni siquiera sus estudiosos y escribas suponen que Yo sea el autor de lo defectuoso. Resuelven el problema de la falta de armonía, la enfermedad y la imperfección que, a pesar de todo, existen, afirmando que el ser humano no puede penetrar en los misterios de Dios. Esto es cierto en relación con las profundidades de Mi divinidad y sabiduría, pero no explica por qué, ante todas las calamidades que ocurren en la vida personal y también en el mundo, no saben explicar Mi amor por Mis criaturas.

La razón más profunda de esta postura se encuentra en que no reconocen que la ley de la siembra y la cosecha, mencionada en su Escritura, no solo actúa desde el presente hacia el futuro, sino también desde el pasado hacia el presente. La enseñanza equivocada de una única vida completa el desconocimiento y la inseguridad de todas las personas que creen en ella. Las peores manifestaciones de la dificultad explicativa de sus autoridades eclesiásticas aparecen en su afirmación de que Yo castigo a quienes no obedecen Mis mandamientos.

Pueden descubrir ustedes mismos la razón de su conducta, de aferrarse tenazmente a la doctrina dogmática y equivocada de una sola vida terrenal, si se plantean algunas preguntas sencillas: ¿qué sucedería si las personas fueran liberadas del estrecho corsé de esta norma de fe y se les permitiera pensar libremente y reconocer que Yo no soy ilógico ni injusto? ¿Y que, por tanto, cuando nace una nueva vida humana, no existe un único acto creador Mío que a menudo parece además defectuoso? ¿Y qué sucedería si las personas supieran que Yo vivo en su interior? Que, por tanto, tienen acceso directo a Mí, un contacto que existe desde las eternidades, existirá por toda la eternidad y jamás podrá ser interrumpido por nada ni por nadie.

Si algo es defectuoso, en su pasado debe haber existido algo que produjo esa imperfección. Y vuelvo a pedirles que utilicen su razón, la cual —como saben— cumple mejor su función como mano derecha del corazón. Dicho de otra manera: ¡hagan uso de su libertad de pensamiento!

Si no soy Yo quien envía las desgracias, las preocupaciones, las enfermedades, las calamidades y muchas otras cosas, entonces en algún punto de su camino desde la perfección original hasta la imperfección actual debe haber sucedido algo, y algo grave. Porque nunca fue ni es Mi intención —pues esto es ajeno a Mi naturaleza— volver a quitarles todo aquello que antes les regalé con la condición de que lo conservaran para siempre.

Eres un hijo de Mi amor, un hijo de los cielos. Eras perfecto y continúas siéndolo en tu interior. Pero en la Tierra, dentro de tu situación actual, reconoces que todavía hay muchas cosas que desarrollar para volver a ser aquello que alguna vez fuiste, plenamente consciente de tu condición de hijo.

Tus reflexiones no deben centrarse en descubrir qué fue lo que te llevó a la Tierra y a tu lugar actual, al punto en que ahora te encuentras dentro de tu encarnación presente. Es mucho más importante reconocer las oportunidades que ofrece esta encarnación y aprovecharlas en el sentido del amor vivido. Un alma puede adquirir mejor los conocimientos necesarios y extraer las conclusiones correspondientes cuando, después de encarnar, se encuentra en un mundo de diversidad, contrastes y las más diversas opiniones, intenciones y objetivos.

Entonces, hijo Mío, te ves confrontado con personas que te «mueven» interiormente, que te desafían, que te hacen preguntar y cuestionar y te llevan a reflexionar sobre el sentido y el propósito de todo. En una isla desierta, a lo sumo podrías quejarte de la falta de entretenimiento y variedad. Allí no se registrarían avances en el sentido de una evolución del alma.


Y así actué al convertir la Tierra —resultado de la caída de los ángeles y de sus consecuencias— en un punto de reunión para todas las almas que desean y están preparadas para encarnar. De este modo, es el planeta más importante del cosmos material para su evolución y ascenso. Mientras que en los demás astros y en los ámbitos sutiles ajenos al cielo rige de manera claramente visible el principio de que «lo semejante atrae a lo semejante», esta ley solo se manifiesta indirectamente en la Tierra.

También aquí se reúne a las personas para que conozcan y aprendan. Además de la posibilidad de orientarse mediante un buen ejemplo, esto ocurre principalmente cuando les molestan o irritan la conducta contraria de otra persona o de varias, cuando se enojan por ella o incluso se vuelven violentas. De este modo, tarde o temprano serán conducidas a reconocer la conducta equivocada que todavía llevan dentro de sí y que debe corregirse.**)

Por eso, en el «punto de reunión Tierra» encuentran los más diversos grados de conciencia, que no deben confundirse con la educación, el origen, la inteligencia ni mucho menos con el intelecto. Para comprender esta disposición, imaginen una pequeña comunidad rural cuya escuela solo tiene un salón donde reciben enseñanza todos los niños, sin importar su edad, sus conocimientos ni su capacidad y disposición para aprender.

Ahora viene la limitación, y con ella pisan el terreno de la realidad: nadie conoce al otro más de cerca; todos se fijan únicamente en lo exterior. La medida para evaluar al otro siempre es la propia opinión, y en muchos casos prácticamente no existe aceptación ante su conducta. En cambio, predominan los prejuicios, el desprecio y la condena. Nadie sabe quién es realmente su prójimo, así como desconoce quién es él mismo y por qué está allí.

Apliquen esta imagen a su vida, a su entorno y a las personas con quienes viven, trabajan y se encuentran, y tendrán que reconocer que no perciben ni saben mucho; que ni siquiera son conscientes de vivir dentro de un crisol al que, por regla general, entraron deliberadamente para dar sus próximos pasos de aprendizaje.

Y, sin embargo, existe constantemente la tentación de esperar o incluso exigir del prójimo aquello que, según la opinión de ustedes, es correcto. ¿Han reflexionado alguna vez acerca de que la otra persona no puede comportarse de modo diferente a como lo hace? Porque no posee otros conocimientos ni otra conciencia y quizá tampoco quiera —¡tiene libre albedrío!— o pueda tomar otras decisiones. Porque su vida interior es su propia vida interior y sus «condiciones anímicas» quizá sean completamente diferentes de lo que ustedes suponen, esperan o desean.

Cada uno se encuentra en el punto que le corresponde dentro de su evolución completamente personal. Y nadie, excepto él mismo, lo llevó hasta allí.

Reunir a personas con diferentes estados de conciencia tiene como único propósito impulsar la evolución del alma, que, a diferencia de lo que sostienen otras doctrinas, tampoco ha alcanzado su punto culminante cuando el alma inmortal abandona el cuerpo que muere para seguir viviendo en otros mundos sutiles. Su madurez interior comienza y se fortalece cuando primero «rozan» unos con otros para aprender después de ello y esforzarse por dar los pasos que los acerquen al amor.

Su ángel guardián los acompaña durante este proceso. Intenta ayudarlos incesantemente; los encuentra allí donde se encuentran en ese momento; planifica y prepara el siguiente paso, que se edifica sobre lo que han desarrollado hasta ese instante; y nunca les exige más de lo que pueden soportar.

Si no hubiera desarrollado en su interior estas y otras capacidades desinteresadas, que en principio se encuentran en todos y, por tanto, también en ti, no sería capaz de ayudar como lo necesita la persona bajo su protección: sin valoraciones, prejuicios ni condiciones, con paciencia y sin condenar.

Se asemeja así a un buen médico, que solo puede formular un diagnóstico correcto y prescribir la terapia correspondiente cuando se encuentra con su paciente con un corazón abierto y compasivo, independientemente de cómo se comporte este, de cuán grave sea su enfermedad y de qué causas o conducta equivocada se encuentren en su origen.


Si quieres saber, hijo Mío, cómo se debe tratar correctamente a tu prójimo —ese ser desconocido que no está por casualidad en la misma clase que tú—, ten presente la conducta de tu ángel guardián y de tus acompañantes espirituales. No hablé sin motivo de las cualidades que poseen —que deben poseer— sus ayudantes, porque de otro modo no podrían cumplir con éxito su tarea de servicio.

Y cuando reconozcas que existe una buena razón para que hayas encarnado, llegarás en tus reflexiones a un punto que te hará preguntar en qué medida puedes contribuir a la comprensión, la armonía y la claridad. Una posibilidad de tu trabajo interior podría consistir en contemplar a tu prójimo con ojos diferentes de los que te era posible hasta ahora y actuar de otra manera con él en el futuro. Si te esfuerzas por hacerlo, la fuerza de los cielos fluirá hacia ti, pues cada paso, incluso el más pequeño, recibe Mi apoyo y es acompañado por quienes te rodean invisiblemente y te aman.

Cuanto más se abra tu comprensión interior, cuanto más reconozcas la verdad de Mis palabras y cuanto más afirmes en ti la disposición a avanzar, mayor será tu anhelo y más crecerá tu amor por Mí, por tu prójimo y por ti mismo. La consecuencia será que pensarás, hablarás y actuarás de otro modo; y de ello se desprenderá, a su vez, que Mi fuerza de amor podrá fluir hacia ti con mayor intensidad.

Esto hará que seas más libre y amoroso y que, mediante las experiencias cada vez más numerosas que vivas conmigo, tu comprensión se transforme y reconozcas e interiorices Mi gran plan, que dice: Yo soy el amor y traigo de regreso hacia Mí todo lo que abandonó los cielos; lo cual significa al mismo tiempo que nadie se perderá.

Cada ser está integrado en una evolución constante, en un desarrollo infinito que solo avanza, aunque muchas veces parezca otra cosa. Pero, como ya se lo revelé una vez: toda vida recorre una trayectoria circular cuyo punto final estará inevitablemente allí donde todo comenzó.

Así será, porque así lo quiero.

Amén

*) Los ángeles de los que el Señor habla aquí no tienen nada en común con el auge de los ángeles que desde hace años procede del ámbito esotérico y que, en su inmensa mayoría, es organizado por los maestros y sus seguidores.

**) Acerca de la ley de correspondencia, llamada también ley de resonancia o del reflejo.