Revelación divina
Hijos e hijas Míos que leen o escuchan Mi palabra de revelación: ustedes se cuentan entre quienes sienten en su corazón el deseo de recibir respuestas a preguntas que los ocupan consciente e inconscientemente. Para todo aquel que lleva Mi vida en su interior —y todos, sin excepción, llevan Mi vida dentro de sí— es algo completamente natural, algo profundamente arraigado en su ser, querer encontrar el origen de la fuente que lo creó y lo sostiene. Porque deposité en cada uno de Mis hijos este deseo, este anhelo de conocer su verdadero hogar y el camino que conduce a él.
Esta es la razón por la que todas las personas y almas son buscadoras, lo sepan o no, lo admitan o no. Y como no pierdo aquello que he creado, tal como ya les he dicho muchas veces, todos se encuentran ya en el camino de regreso hacia Mí. Porque en el momento en que un ser espiritual abandona los cielos puros, entra en una trayectoria circular que inevitablemente lo conduce de nuevo a su punto de partida.
¡No puede ser de otro modo, porque no existe nada fuera de Mi creación! Fuera de ella no hay ningún lugar donde un alma pudiera permanecer. Esto significa: ¡todo está y permanece en Mí y vive dentro de Mi ley! Y puesto que Yo soy el amor incondicional y desinteresado y no albergo en Mí ni la chispa más diminuta de ofensa o dolor, ni tampoco pensamiento alguno de castigo o represalia, y puesto que además tengo la voluntad y el poder de traer de regreso todo lo caído, todo volverá también al seno del que surgió.
Estas palabras y otras semejantes no son nuevas para la mayoría de ustedes; sin embargo, las repito de vez en cuando porque quiero acercarlos a la lógica del corazón, que los convierte en hijos libres de Dios, capaces de pensar bajo su propia responsabilidad y que ya no dependen de enseñanzas e interpretaciones incorrectas.
Desde el comienzo de la historia humana, las fuerzas contrarias se han esforzado por impedir el verdadero conocimiento acerca de Mí y de Mi naturaleza, hasta donde el ser humano puede siquiera comprenderlo. Como tuvieron éxito, vine al mundo en Jesús de Nazaret. A partir de entonces, las cosas se volvieron considerablemente más difíciles para las tinieblas. Tuvieron que enfrentarse a lo que Yo enseñaba a las personas. Encontraron entre los ambiciosos, los obsesionados con el poder, los débiles, los ignorantes y los seguidores sin criterio propio a quienes podían seducir para llevar a cabo su propósito: tergiversar y deformar Mi enseñanza. Necesitan personas dóciles para realizar su obra dirigida contra Mí y contra ustedes, pues solo pueden actuar de manera indirecta, es decir, por medio de las personas y a través de ellas.
Así, después de un tiempo relativamente corto, suprimieron el conocimiento de que Yo, como Dios que habla y se revela, instruía personalmente a las personas, tal como lo había anunciado al prometerles enviar al Consolador, quien las conduciría hacia Mis verdades y sabidurías. Aunque los pasajes correspondientes todavía están presentes en su Escritura, muy pocos advierten que aparentemente Yo no cumplí Mi promesa; y que, si acaso la cumplí, habría sido únicamente dentro de los límites de lo ya escrito y conocido hasta entonces, según la interpretación equivocada.*)
Pueden reconocer el resultado de este engaño a gran escala en el estado de su mundo, pero también en la situación personal de ustedes: si el miedo, las preocupaciones, las dudas y la inseguridad determinan su existencia, si viven en la «superficie» o si ya recorren su jornada conmigo y, por tanto, protegidos, conocedores y llenos de confianza.
«¿Se puede afirmar de manera tan absoluta, expresarlo con tanta crudeza?», los oigo pensar. Sí, se puede, cuando se trata de mostrarles una ley que actúa en toda la creación y de la que nadie puede sustraerse. Como por ignorancia no se respeta o incluso se niega, la humanidad ha sido arrastrada cada vez más profundamente hacia un remolino. Quien reflexione adquirirá la fuerza suficiente para liberarse de su fuerza de succión.
Les hablo de que todo «fluye» incesantemente, de que no existe un solo instante en el universo visible e invisible que pueda calificarse de «inmovilidad». Todo —cada ser y cada cosa— se encuentra en movimiento ininterrumpido, vivificado por Mí y por Mi fuerza de amor y, con ello, orientado hacia un desarrollo continuo.
O bien es impulsado y arrastrado por fuerzas negativas que, ciertamente, no buscan el progreso, pero que tampoco pueden oponerse permanentemente a él. Estas fuerzas no solo aceptan la destrucción, sino que la emplean como medio para alcanzar sus objetivos. No saben o no creen que también ellas se encuentran en una trayectoria circular, en su propia trayectoria, que, sin embargo, es más amplia y prolongada que la de quienes han emprendido el camino para regresar a Mí.
En todo cuanto cambia, se mueve o evoluciona, además del ahora, del instante, siempre hay un momento anterior y uno posterior. Y puesto que no existe la casualidad, algo que muchos de ustedes ya han interiorizado, y tampoco puede intervenir arbitrariedad alguna de Mi parte, todo acontecimiento, tanto en el ámbito material como en el sutil, debe desarrollarse conforme a reglas inquebrantables. De no ser así, el caos que inevitablemente habría seguido ya habría disuelto todo nuevamente en la nada.
Su posible objeción de que en el mundo hay suficiente caos y, sin embargo, este todavía existe, no es válida. Porque, por una parte, el ser humano ha intervenido en ello y, por otra, incluso su caos sigue Mis directrices, que hacen surgir nueva vida de todas las cenizas.
Por tanto, si todo evoluciona paso a paso, solo puede suceder que cada cosa se edifique sobre lo anterior y se derive de ello. Puede haber sido una milésima de segundo o también un eón: lo que existe ahora y el modo en que existe tienen su origen en lo que existía antes y en el modo en que existía.
Por eso, todo lo que ven y viven forma siempre parte de una reacción en cadena. Esto también se aplica a cada ser humano, quien no «es simplemente como es», sino que es así porque ha llegado a ser de ese modo, ¡y no porque Yo lo haya creado así! Ha llegado a ser así porque, o bien me fue posible, con los medios de los que dispongo, animarlo hacia el bien, o bien las fuerzas negativas consiguieron, con mucha paciencia y habilidad, inducirlo a pensar y actuar de manera contraria.
Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos actúa sobre la persona una combinación de ambos factores, y su libre albedrío desempeña una función decisiva. La persona decide a qué lado concede mayor importancia. Pero esta evolución del alma, que se asemeja a una sucesión de ascensos y descensos, a una inclinación que se dirige unas veces en una dirección y otras en otra, no se realiza en los pocos años de una sola encarnación. Suponerlo conduce a un callejón sin salida y suscita muchas preguntas nuevas; y muy pronto vuelven a insinuarse dudas acerca de Mi amor y Mi justicia.
Vienes y te marchas, hijo Mío, y lo haces hasta que tu alma alcanza un estado de madurez que le permite seguir avanzando en mundos más luminosos sin tener que renacer nuevamente dentro de un ser humano.
Así llegaste a ser la persona que eres ahora —es decir, aquí, hoy y en este instante—, marcado por aquello que permitiste que influyera en ti, a lo que concediste poder y a lo que seguiste.
Interiorizar este conocimiento y convertirlo así en el fundamento —quizá nuevo— de su pensamiento transformará su actitud ante muchas cosas y hará que contemplen con otros ojos el mundo, todos los acontecimientos, su entorno y a ustedes mismos.
Y con ello, es decir, después de esta explicación de carácter más general, llego a la parte de Mi revelación que exigirá mucho de algunos de ustedes, que aquí y allá provocará cierto malestar en su interior o incluso suscitará oposición: se refiere a ustedes, Mis amados hijos e hijas, que viven en un mundo y a menudo también bajo circunstancias muy personales que muchos ya no comprenden ni saben interpretar correctamente. Esto ha llevado a no pocas personas a dejar de creer en un Dios «que permite tanta injusticia».
Abrir los ojos después de haber dormido durante mucho tiempo, para escuchar una llamada que quiere despertar y quizá incluso seguirla, no siempre resulta fácil. Pero Mi llamado nace de Mi amor por ustedes, que no solo quiere despertarlos, sino conducirlos después de despertar por caminos menos preocupantes y agobiantes que los recorridos hasta ahora, y acompañarlos por ellos.
La semilla que —como se mencionó antes— fue introducida deliberadamente por el bando contrario y difundida por personas ignorantes y fáciles de influenciar ha germinado: se trata de la representación equivocada de la ley de causa y efecto, integrada sin fisuras en Mi justicia divina. Debido a esta interpretación errónea deliberada, las personas ya no reconocen la lógica de la «mecánica de la creación», que continúa funcionando sin ninguna falla.
Para unos me convertí en un Dios al que todavía se reconoce en el papel sin reflexionar demasiado, aunque no logren conciliar muchas cosas; para otros me convertí en un Dios incomprendido, que tiene poco en común con el amor que se predica al mismo tiempo y a quien, por ello, siguen solo a medias. Y para muchos sencillamente no existo, porque su razón se niega a reconocer o siquiera considerar posible una instancia tan indefensa e impotente.
La ocultación de la ley de la siembra y la cosecha fue y continúa siendo el arma más eficaz que la oscuridad emplea contra Mí, pero no me alcanza a Mí, sino que perjudica a Mis hijos. Ese era también el propósito: alejarme a Mis hijos deformando de tal manera la imagen de Mí y de Mi amor que tracé y viví como Jesús, que la humanidad ignorante dejara de comprenderme.
Apartar un poco la consideración general y dirigir su atención hacia lo que tiene que ver personalmente con ustedes obedece, entre otras, a la siguiente razón: no les será posible influir en el gran karma del mundo. Invertirían tiempo y energía en un asunto que no les corresponde. Tampoco tiene sentido querer cambiar a otras personas en las que reconocen o creen reconocer una conducta equivocada. Por una parte, esto no se les ha encomendado —salvo mediante su ejemplo—, porque con ello corren el peligro de despreciar y condenar; y, por otra, no puede ni podrá producir frutos duraderos. Esto no se aplica a una ayuda desinteresada, que puede brindarse en cualquier momento. Porque el camino al cielo no se recorre con éxito dejando de hacer el mal, sino haciendo el bien.
¡El único punto de partida para un cambio, que apoyo con todo Mi amor, se encuentra dentro de ti!
Mi justicia nunca permitirá, ni puede permitir, que alguna vez le sobrevenga a una persona un sufrimiento que no tenga relación con ella de alguna manera.
Esta afirmación no agradará a muchos de Mis hijos; incluso la rechazarán enérgicamente porque no pueden creer, o todavía no pueden creer, lo que dije antes. Contemplan su vida, no encuentran en ella demasiadas cosas equivocadas, pero, por otra parte, ven que algunas cosas no salen bien o les causan dolores de cabeza y preocupaciones; que golpes del destino de muy diversa índole los afectan a ellos y a sus familias, y que su vida dista mucho de transcurrir con la facilidad y armonía que debería tener, pues, al fin y al cabo, no son malas personas.
Amados Míos, contengan sus emociones un poco más y reflexionemos juntos; así reconocerán la verdad de Mis palabras, comprenderán esta ley y podrán entender también la solución. Que la acepten para su vida e inicien posibles cambios depende única y exclusivamente de su libre albedrío y no modifica en nada Mi amor por ustedes; tampoco cambia el hecho de que estoy dispuesto en todo momento y de inmediato a permanecer al lado de cualquiera que me pida ayuda con sinceridad, aun cuando hasta ahora se haya negado a acercarse a Mí, incluso durante muchas vidas.
El principio que garantiza Mi justicia es la ley de la atracción: lo semejante atrae a lo semejante, de lo cual se desprende que lo diferente se rechaza. Esta ley actúa en toda Mi creación; ningún ser queda excluido de ella. Así, por ejemplo, tampoco es «casualidad» el país, el entorno y la familia en los que encarna un alma, ni las circunstancias y tareas de aprendizaje a las que la persona se enfrenta desde su infancia.
Su capacidad de imaginación nunca bastará para que se formen siquiera una imagen aproximadamente correcta de la complejidad de esta ley. Para darles un pequeño ejemplo:
Cada sentimiento, cada pensamiento, cada palabra y cada acción de una persona o de un alma son portadores de energías cuya vibración corresponde a la motivación y a la acción. Estas entran en resonancia con vibraciones parecidas o iguales y así actúan unas sobre otras, sin limitación espacial. Esto significa que un pensamiento llega inmediatamente incluso a los ámbitos invisibles y sutiles, imperceptibles para ustedes, donde es recibido y, en determinadas circunstancias, enviado de regreso con una «respuesta» correspondiente. O bien procede de allí —aunque también puede proceder de una persona—, y los busca y los encuentra.
Lo que desencadene, e incluso si llega a desencadenar algo, depende de aquello con lo que se encuentre, de lo que halle.
Todo se encuentra en movimiento incesante; en ninguna parte hay inmovilidad. Es un proceso complejo que ustedes no pueden comprender, pero cuya eficacia puede reconocerse en sus resultados perfectos.
Trasladen esta imagen a la totalidad de todas las almas y personas, y añadan también a sus hermanos y hermanas de los mundos puramente espirituales; sepan entonces que nunca les será posible comprender los detalles de esta ley, algo que, por lo demás, se aplica a todo cuanto hice surgir de Mí. A ningún ser —ni siquiera a los poderosos ángeles que representan Mis cualidades esenciales— le será posible jamás penetrar en estas profundidades de Mi creación.
Mi ley de la atracción permite que una persona que se esfuerza con corazón sincero por vivir el amor pueda ser acompañada por fuerzas positivas correspondientes que la apoyen; y al mismo tiempo impide la acción de lo negativo o reduce su influencia, al menos, a la medida necesaria que Yo permito para que se produzcan el conocimiento, el cambio y, con ello, el fortalecimiento del alma.
Mis permisos son algo que no todos ustedes comprenden todavía. Forman parte de la ley de la siembra y la cosecha. Cuando sucede algo inesperado o se presenta algo que la persona no comprende ni sabe interpretar, se dice erróneamente con frecuencia: «Dios lo ha enviado» o «Esta es la voluntad de Dios». No puede haber una creencia más equivocada.
Mi voluntad es poder guiarte y protegerte porque me sigues. De ello se deriva para ti una vida sin miedo ni preocupaciones, fundada en la confianza en Mi amor; lo cual, sin embargo, no significa al mismo tiempo que en tu vida no haya obstáculos. Porque se trata precisamente de aprender algo.
Aunque Mis permisos también están anclados en la ley de Mi voluntad, nunca sirven como castigo, sino exclusivamente para hacerte detener y reflexionar. Deben impulsarte a reconocer un patrón contrario a la ley en tus pensamientos y acciones y a sustituirlo por otra conducta conforme al amor.
El tiempo no desempeña ningún papel en el mundo espiritual, y las energías no se disuelven por sí solas en la nada, ni siquiera después de cientos o miles de años, ni después de eones. Deben transformarse mediante el arrepentimiento y la reparación, o mediante la expiación. La expiación es, por así decirlo, el último recurso para crear una compensación energética y restablecer el equilibrio de las energías. En ese caso, quien causó el daño y no mostró ninguna o apenas alguna comprensión y arrepentimiento debe soportar, parcial o totalmente, lo que hizo a otra persona o a varias. Si finalmente reflexiona y llega al conocimiento y renuncia a devolver el golpe, habrá detenido la rueda de la siembra y la cosecha, que de otro modo volvería a girar.
Por tanto, los efectos que salen a la luz en esta vida pueden tener perfectamente sus causas en una época muy lejana; esto se aplica en primer lugar a las infracciones graves y conscientes de Mi mandamiento del amor. Pero también las pequeñas faltas, debilidades e imperfecciones deben reconocerse y superarse con Mi ayuda.
Sin embargo, aun cuando ningún asunto pendiente de vidas anteriores se proyecte sobre tu vida actual, todo tiene relación contigo, con tu vida y con tu ser. Quiere ser contemplado y, si se trata de errores y debilidades, transformado paso a paso en fortalezas de carácter. Así el alma se purifica gradualmente y Mis permisos —un instrumento de Mi amor para impulsarte a cambiar de rumbo— han cumplido su propósito.
Pasar por alto y seguir de largo ante las indicaciones que te ofrecen la vida cotidiana y también tu destino en conjunto, y atribuirlo todo a una instancia cuyo obrar y cuyas leyes de todos modos no pueden investigarse porque «no se puede penetrar en los misterios de Dios», no será la solución para aquel cuya alma busca respuestas.
Como han oído con frecuencia, la vida en la Tierra se asemeja a una escuela. El contenido de la enseñanza les está dado en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, y Mi ayuda para resolver sus tareas les está asegurada mediante Mi promesa de asumir gran parte de su trabajo, acercándome a ustedes —hablando en imágenes— muchos pasos cuando dan uno solo hacia Mí.
Lo que tienen que aprender se les presenta en su vida cotidiana por medio de Mis permisos, pero también por medio de cada uno de sus semejantes, ya sea que les sirva de ejemplo, los desafíe o «simplemente» los haga reflexionar acerca de él, de su manera de ser y de su comportamiento. Todo puede servir para conocer algo o mucho más acerca de ustedes mismos.
En este proceso puede suceder que una y otra vez se encuentren con personas que hacen vibrar en ustedes cuerdas que todavía no han sido «ennoblecidas»: ya sea en sus matrimonios, relaciones de pareja o familias, en sus lugares de trabajo, entre sus conocidos y en todos los lugares donde la ley de correspondencia o resonancia quiere poner algo en movimiento dentro de ustedes. También allí es grande la tentación de buscar o sospechar detrás de ello una mera casualidad o incluso una injusticia de Mi parte.
Sin embargo, solo se trata de llamar tu atención sobre algo a lo que hasta ahora prestaste poca o ninguna atención. Pero, en la mayoría de los casos, estas tareas no son reconocidas como tales. ¿Cómo puedes advertirlo? Por la amplitud con que, por ejemplo, examinas y analizas una situación desde todos los ángulos; por la frecuencia con que repasas mentalmente lo sucedido; por la intensidad y el detalle de tu relato; por la descripción de la conducta descortés e imposible de tu adversario, y por muchas otras cosas.
Todo esto puede ser correcto, y quizá también sea necesario hablar de ello. Pero lo que verdaderamente te ayudará es otra cosa; es la verdadera razón por la que una ley invisible preparó el encuentro, que no llegó a ti por casualidad: se trata de mostrarte las debilidades y faltas que todavía llevas contigo y aquello que te llevó a reaccionar como lo hiciste: de manera explosiva, herida, resentida, extremadamente molesta, etcétera.
Por tanto, en el sentido del autoconocimiento y del cambio, siempre se trata de tu reacción, y no de por qué la otra persona hizo o dejó de hacer esto o aquello. Ese es su asunto y pertenece a otra historia.
Aunque este ejemplo no se fundamente en un karma clásico, la situación puede contemplarse y reconocerse como parte de Mi ley, que de este modo quiere mostrarte cuánto trabajo interior voluntario tienes todavía por delante. En esta imagen también puedes reconocer que todo forma parte de la mencionada reacción en cadena. No podías reaccionar de otro modo. La causa se encuentra en tu «ayer», en tu pasado. Si te esfuerzas por trabajar en las correspondencias reconocidas, tu «mañana» será diferente. Y al mismo tiempo se convertirá en el nuevo fundamento de tu evolución constante. Todo fluye…
Si quieres, reflexiona también alguna vez sobre la siguiente frase, aunque al principio suscite oposición en ti: «La fortaleza de la otra persona siempre refleja tu propia debilidad».
¡No se trata de que contemplar tus imperfecciones te hunda! ¡Yo no condeno a nadie, sin importar cómo sea ni lo que haga! Yo amo. Por eso, tampoco te condenes a ti mismo ni te hagas pequeño. ¡Eres un hijo de Mi amor! Pero tampoco busques la culpa, o no la busques únicamente, en los demás cuando te suceda algo desagradable o malo.
Esto solo puede ocurrir cuando las fuerzas negativas han encontrado en ti una puerta de entrada. Cierra con Mi ayuda la debilidad reconocida y hazte fuerte. Porque el libre albedrío que te di también se lo di a quienes luchan contra Mí y contra ti. Pueden medirse con cualquiera. Pueden engañar, defraudar, mentir y seducir. Y en verdad les digo: su inventiva es casi ilimitada. Pero solo podrán desplegar su fuerza y tener éxito allí donde se lo permita la debilidad del alma de una persona que no toma en serio, según sus posibilidades, el mandamiento del amor. Allí entra en acción la ley de la atracción.
A quien no se limita a esforzarse de palabra por poner en práctica Mi enseñanza del amor, sino que también lo expresa mediante sus actos, Yo lo fortalezco con Mi protección cuando la fuerza de su propia alma todavía no posee el potencial necesario. Pero llamarme únicamente cuando —como dicen ustedes— «el niño ya cayó al pozo» no producirá el resultado deseado en quienes creyeron más en las ofertas y promesas seductoras que en Mi palabra, y que, en vez de confiarse a Mí, prefirieron escoger un camino aparentemente más fácil.
Y antes de disponerse a sacar al niño del pozo recurriendo a fuerzas que no proceden directamente de la fuente de toda vida y de Mi amor, recuerden que en la creación no existe poder ni fuerza mayores que los Míos.
Aunque de vez en cuando, como en esta ocasión, la seriedad se deje entrever en Mi palabra de revelación, tengan la certeza de que siempre está sostenida por Mi amor incondicional. Todo lo que les acerco sirve única y exclusivamente para agudizar su vigilancia y poner en sus manos ayudas que les faciliten el camino de regreso a casa. Porque espero lleno de anhelo a cada uno de ustedes.
Amén
*) En la revelación del 14 de enero de 2019 se dice:
¿Qué sienten cuando les explican: «Todo lo que Dios diga debe medirse por lo que Él ya ha dicho»? ¿Qué responderían a la dirección de una escuela que rechazara el nuevo contenido progresivo del segundo grado alegando que no estaba incluido en el contenido del primero?