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Bailan sobre un barco que se hunde

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Ihr tanzt auf einem sinkenden Schiff

Fecha original: 13 de noviembre de 2021

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Amados hijos e hijas Míos, no a todos les agrada que Yo mencione una y otra vez que, al encarnarse, entraron en el dominio de las tinieblas. Y menos aún quieren escuchar lo que este hecho significa para su vida —para la vida de todas las personas y también para la Tierra—, no solo de forma abstracta o teórica, sino muy real, por decirlo así, «en medio de su vida cotidiana». Esto se debe, por una parte, a que los peligros para el alma y el cuerpo acechan de manera invisible, directa y en todas partes; pero, por otra, a que perturbaría su tranquilidad y comodidad si concedieran espacio en su vida a la reflexión y al análisis de este tema, no apenas un poco más que hasta ahora, sino de manera fundamental y general.

Sin embargo, el solo hecho de examinar la importantísima pregunta de cómo interviene el mal en su mundo hace avanzar al menos a los dispuestos un paso en el camino hacia conocimientos más profundos y soluciones. Pero la mayoría de Mis hijos humanos ya está dominada o influida por las fuerzas de la oscuridad y no puede liberarse de este abrazo, semejante a un vínculo. Con Mi ayuda todavía serían posibles muchas cosas, pero no Me conocen o no Me reconocen. Se han convertido en vasallos de las fuerzas contrarias o siguen a la multitud sin haber adquirido o utilizado la capacidad de comprender las relaciones.

Para entender lo que sucede en su mundo y en la vida de cada individuo es indispensable —aunque Me repita, algo necesario para que puedan reconocer la totalidad— conocer la Caída y sus graves consecuencias. Lo que en su lenguaje se denomina el mal y el infierno surgió por la rebelión de una parte de los ángeles que no reconocieron a Mí ni Mi poder. «Cayeron» de la energía más elevada, la vibración de amor de los Cielos, y después vivieron en regiones fuera de los cielos con diferentes densidades o frecuencias, cuya forma más profunda o baja se llama infierno. En sus Escrituras este acontecimiento central, que desempeña una función clave, solo se menciona en unos pocos lugares y, además, se interpreta erróneamente.

Sin embargo, para poder evaluar correctamente las consecuencias, es decisivo saber que la rebelión y la lucha de los caídos contra la luz nunca terminaron; que todavía hoy se llevan a cabo con la misma intensidad, astucia y finalidad, y básicamente con los mismos medios o medios semejantes de siempre; y que continuarán aún durante algún tiempo. En muchas de Mis revelaciones les he explicado por qué es así (1).

Cuando hablo de una lucha contra la luz, no significa que se trate de una confrontación abierta en la que la oscuridad ataque a la luz. Algo así —y las fuerzas negativas lo saben muy bien— carecería de sentido, porque una energía de vibración baja nunca puede penetrar en otra de vibración más elevada y mucho menos vencerla. Esta es una de las razones por las que todo aquel que quiera entrar en el Cielo debe volver a llevar el Cielo en sí mismo o traerlo consigo.

Los seres del infierno actúan de otra manera en su lucha contra todo lo bueno:

Atacan a los hijos de Mi Creación —a ustedes—, quienes decidieron encarnarse en la Tierra y ahora viven en la materia para desarrollarse espiritualmente, por lo general sin saber siquiera de dónde vienen, por qué están en la Tierra ni adónde van. Sus seductores los superan ampliamente en conocimiento, astucia y posibilidades. Por eso tampoco reconocen su plan, que se extiende como un hilo conductor a través de todos los eones.

Si acaso lo ven, observan que en todas partes sucede el mal en una medida cada vez mayor y con excesos y crueldades antes inimaginables para ustedes. Pero no comprenden las relaciones, que no pueden reconocer ya por el hecho de que no conocen verdaderamente la ley de la siembra y la cosecha ni su funcionamiento. A lo sumo perciben detalles: desgracias que reaparecen una y otra vez, enfermedades, conflictos bélicos, hambrunas y mucho más. Los trasfondos permanecen ocultos; con frecuencia se los mantienen deliberadamente en secreto porque quienes saben pueden convertirse en focos de peligro. Los ignorantes, incluidos quienes no quieren saber, no representan peligro alguno como «seguidores inofensivos».

Y puesto que no conocen las causas, mucho menos aquello que en el ámbito espiritual es responsable de su situación, tampoco tienen un remedio a su alcance. Las soluciones que proponen sus dirigentes —y que en la mayoría de los casos no aplican por falta de una voluntad seria— se quedan en la superficie y no son más que apariencias engañosas. Carecen de valor y efecto simplemente porque no se reconocen las causas situadas en lo espiritual o, cuando se vislumbran, se rechazan. Las iglesias, que habrían sido las más indicadas —si acaso— para iniciar las «contramedidas» correspondientes mediante un cambio espiritual de rumbo, no pueden transmitir Mis leyes. No conocen las leyes de Mi Creación y descartan como engaños las explicaciones e indicaciones que les doy una y otra vez desde que existe memoria humana; por eso no las aceptan.

El plan que, desde la perspectiva de las tinieblas, parece estar funcionando en este momento es antiquísimo. También aquí las favorece que ninguna persona pueda imaginar ni sepa que detrás existe una estrategia elaborada en la que un proyecto se enlaza con otro y una medida se apoya en la anterior. Se trabaja para alcanzar una meta, lo que naturalmente incluye seducir e intentar atar a cada persona; esto finalmente llevó a que la mayoría de Mis hijos humanos cayera en trampas hábilmente colocadas y camufladas.

Explicarles hasta el último detalle dónde y cuándo se encuentran con trampas satánicas, presentarles, por decirlo así, al tentador y la tentación en bandeja de plata, no corresponde al proceso de aprendizaje que he previsto para Mis hijos. Hay muchos conocimientos que deben adquirir por sí mismos, porque solo así se convierten en experiencia propia y solo así crecen paso a paso en Mi sabiduría, que todavía duerme sin ser reconocida en cada uno.

Además, para ustedes existe un gran riesgo si se enfrentan demasiado pronto a información para la que su alma aún no está madura y su conciencia todavía no se ha fortalecido. Aquí se da un proceso evolutivo semejante al que los espera cuando entren en los mundos del más allá después de la muerte corporal. También entonces y allí el cofre del tesoro de su conocimiento interior se abre poco a poco. Esto sucede con cautela y con la ayuda de sus asistentes y acompañantes espirituales, en la medida que sea buena para ustedes. «Abrir a la fuerza» sus ojos y oídos interiores sería comparable a abrir prematuramente un capullo que todavía no está preparado para la luz del sol. Sufriría daño.

Puesto que, a pesar de toda su maldad y perfidia, los caídos siguen siendo eternamente Mis hijos, a quienes traeré de regreso porque los amo como a todos los demás, no tocaré su libre voluntad. Esto también implica que no delato a nadie, sino que, para su comprensión, solo describo a grandes rasgos el proceder de las fuerzas de la Caída. Sin Mi ayuda diversa —desde Mi sacrificio del Gólgota, pasando por Mis explicaciones, hasta el hecho de que Yo, el Amor, vivo en ustedes—, no serían capaces de resistir las intrigas de la oscuridad.


Desde la perspectiva de Mi adversario y el de ustedes, una de las varias condiciones necesarias para poder ejercer una influencia duradera consiste, y siempre consistió, en perturbar sus sentimientos y pensamientos justos y lógicos e impedirles así desarrollarse como hijos e hijas libres y responsables de Mi amor. Esto sucedió, entre otras cosas, mediante la alteración de Mi enseñanza, que dejó de poder comprenderse y aplicarse en el sentido en que la acerqué a las personas.

Combinada con el instrumento del miedo, esta alteración impidió el desarrollo de la conciencia, de modo que quedaron muy limitadas la reflexión y la comprensión claras y las conclusiones que surgen de ellas. En este sentido, afectar su conciencia es una condición indispensable para ejercer después una influencia exitosa que llega hasta la manipulación. Algo así es difícil o imposible con los hijos libres de Mi amor.

Las posibilidades técnicas, que en muchos casos se convirtieron en una maldición y no en una bendición para las personas, ofrecieron otros puntos de partida para perjudicar su salud física y espiritual, entre ellos las radiaciones, los venenos, los medicamentos fabricados artificialmente y otras cosas. Hoy los elementos tierra, aire y agua, tan urgentemente necesarios para su bienestar, están contaminados y envenenados en tal medida que resulta difícil o imposible proporcionar a su cuerpo alimentos que todavía merezcan ese nombre, que lo fortalezcan y lo mantengan sano a largo plazo, aunque una publicidad hábil les haga creer lo contrario.

También así puede impedirse el desarrollo de la conciencia o incluso iniciarse su enturbiamiento.

Otro medio —aunque no el último— para adormecerlos e impedirles investigar las preguntas sobre el sentido de la vida es la inmensa oferta de entretenimiento, distracciones y placeres. La mayoría de las personas de su mundo occidental ya no encuentra tranquilidad. Sufre espiritual y físicamente e intenta ahogar, con las ofertas del espíritu de la época, las dudas que aparecen de vez en cuando acerca de la corrección de sus actos y las preguntas sobre las prioridades de su existencia. De este modo, el llamado de su conciencia moral se ignora con demasiada facilidad y rapidez.

Considerando que el ser humano posee un alma y existe eternamente como ser espiritual, ¿cómo podría describirse con mayor precisión semejante estado mental que llamándolo «limitación de la conciencia»?

En combinación con la deuda espiritual que la humanidad acumuló mediante una conducta carente de amor y contraria a la ley durante milenios, y especialmente durante los últimos siglos, esto ha hecho que el recipiente comience a desbordarse, como no es la primera vez que les digo. En este punto las tinieblas se consideran en el camino de la victoria. A sus ojos parece que sus cálculos se cumplen. Pero se equivocan. Porque la ley situada por encima de todo es Mi ley del amor, que volverá a equilibrarlo todo, aunque quizá bajo circunstancias y condiciones nunca vistas en la historia de la humanidad.

Quien no quiera aceptar esto porque no encaja con su idea de una vida seudofeliz sin grandes problemas, quien siga entregándose a la ilusión de que todo volverá a estar bien porque, al fin y al cabo, siempre terminó bien, se parece a un soñador que no quiere ser arrancado de su sueño.

En semejante situación se encuentra la mayoría de Mis hijos humanos. Les digo: «Despierten, están bailando sobre un barco que se hunde». Todavía se sostienen sobre la cubierta que ya comienza a inclinarse; apenas unos pocos resbalan. Pero a la larga no podrán mantener esta ilusión engañosa instalada por la oscuridad.


No hace mucho dije que lo que están viviendo es la ejecución de un plan concebido en el infierno, llevado a la materia y realizado en su Tierra (2). No todos comprendieron Mi palabra, y en algunos surgió oposición porque semejante idea no concuerda con las enseñanzas eclesiásticas ni con la imagen que —si acaso— se han formado de Mi adversario.

Quien cree Mis palabras ya conoce la intervención directa de seres negativos sobre las personas. Muchos sospechan que el diablo intenta seducirlas «de alguna manera» para que actúen incorrectamente, pero no tienen claro cómo puede suceder. Por eso, para ellos esto es y sigue siendo apenas una idea abstracta, quizá incluso una idea fija.

Hijos e hijas Míos, tengan cuidado: quien piensa así se equivoca profundamente.

Si retroceden, por ejemplo, en la historia antigua y reciente de la humanidad, reconocerán en muchos acontecimientos que participaron fuerzas que no procedían del amor. Las personas que Me condenaron a morir en la cruz y luego ejecutaron esa sentencia estaban bajo la influencia directa de Satanás. Para su «mayor triunfo» —que solo pudo percibir como tal durante muy poco tiempo, pues después llegó el reconocimiento aleccionador— eligió deliberadamente a sus servidores y a los ejecutores de sus intenciones. Nada ha cambiado desde entonces en sus planes ni en los de sus demonios. Su estrategia y sus métodos siguen siendo los mismos.

La oscuridad ha logrado influir en no pocos de los «grandes» de su mundo, a quienes encuentran en todos los ámbitos de la política, la ciencia, la economía y la religión. Que sus intentos y tentaciones tengan éxito siempre depende de la astucia con que se planifiquen e inicien; de que logren presionar los botones correctos en los puntos débiles adecuados del alma; y de la fuerza con que realicen su ataque, en ocasiones reuniendo diversas fuerzas. Pero, sobre todo, para ella es decisivo encontrar puntos desprotegidos o apenas defendidos en el carácter de la persona. Y sabe descubrirlos perfectamente, algo que consigue especialmente cuando falta el conocimiento de sí mismo en quien se ha convertido en su objetivo.

Pero apliquen primero a ustedes mismos esta verdad desconocida para la mayoría, antes de ponerse a pensar en aquellos a quienes atribuyen la miseria mundial. Solo cuando incluyan sus propias acciones y omisiones en sus reflexiones y estén dispuestos a realizar un análisis sincero de sus fortalezas y debilidades, Mis explicaciones les servirán de ayuda.

Es relativamente fácil reconocer quiénes son los instigadores invisibles detrás de un acontecimiento. Piensen:

El amor no provoca guerras, no reclama poder, no desarrolla armas mortales, no explota otro país, no impone a nadie una ideología ni una fe, no consume sin consideración los recursos de su planeta, no trastorna las reglas de una convivencia ordenada en el sentido del desinterés, no promueve en general ninguna conducta contraria a Mis leyes, etcétera…

Quizá esta forma de pensar sea nueva para ustedes porque nunca aprendieron a aplicar a una conducta —también a la propia— el criterio del amor que enseñé y viví como ejemplo en Jesús de Nazaret. Pero si lo hacen sin condenar, descubrirán que muchos más acontecimientos pasados llevan una firma satánica de lo que habían considerado. Esto vale también para lo que suceda en el futuro, a menos que la humanidad y sus dirigentes vuelvan a Mi enseñanza del amor y actúen conforme a ella. Pueden responderse con sinceridad cuán probable es esto.

Ya les he dicho muchas veces que no pueden sentir, pensar, hablar ni actuar sin entrar al mismo tiempo en contacto con energías de la misma clase o semejantes. Pueden ser campos energéticos impersonales que rodean todo el planeta y su atmósfera; pero también pueden ser —y esto sucede con mucha más frecuencia— contactos inadvertidos con seres que tienen malas intenciones. En cualquier caso se aplica Mi ley según la cual lo semejante atrae a lo semejante.

Por tanto, si el infierno quiere ejecutar sus planes y necesita personas para ello, elige a quienes, debido a la vibración de su alma, están dispuestos, quieren y pueden recibir y llevar a la práctica las instrucciones satánicas, que por regla general se reciben inconscientemente como impulsos e ideas.

Pero los exhorto, como ya he hecho repetidamente: no se trata de clasificar a hermanos y hermanas concretos como «buenos» o «malos» por su conducta. Cuídense de realizar semejante evaluación. No es tarea de ustedes; al contrario, puede ponerlos en graves dificultades y causar daño a su alma.

Les recuerdo cómo lo hago Yo y cómo deben practicarlo: ¡Yo escucho y veo todo, y aun así amo!

Se trata de reconocer cómo trabajan las fuerzas contrarias: debido a la vibración energética de una persona —expresado sin filtros y directamente, a sus debilidades de carácter— encuentran a aquellos a quienes pueden seducir para que les sirvan a causa de un ego fuerte, una fe débil y un sentimiento de amor al prójimo poco desarrollado. Nadie está a salvo de sus ataques, tampoco ustedes, aunque los efectos de sus artes de seducción no alcancen en ustedes una dimensión mundial y los daños que causan en ustedes y por medio de ustedes se limiten, por regla general, a ustedes mismos y a su entorno.


El miedo que las tinieblas producen en ustedes sigue siendo y será su arma más poderosa. El hecho de que este miedo sea a menudo ficticio y, por tanto, carezca de toda base realista no disminuye en nada su eficacia ni su peligro para su integridad física y la salvación de su alma.

Para muchas personas, el miedo a la llamada «muerte» es el recurso que promete mayor éxito. Tampoco son inmunes quienes se llaman cristianos. Con frecuencia precisamente entre ellos se encuentran personas que, debido a enseñanzas falsas, desconocen que la vida realmente continúa y cómo lo hace cuando cierran sus ojos terrenales para esta encarnación. En muchos casos, esta ignorancia hace que se extiendan la desesperación y la incredulidad, lo que no pocas veces desemboca en una acusación dirigida contra Mí como un Dios injusto y despiadado.

¿Reconocen el juego falso? ¿Reconocen el hilo conductor que, desde que existe memoria humana y desde antes, atraviesa todo lo que planean y realizan los seres de la Caída y sus seguidores?

Para hacer de esta falta de conocimiento la base de un pensamiento y una conducta posteriores equivocados, fue necesario diluir y falsificar Mi enseñanza de que el ser humano, en la esencia de su ser, es espíritu de Mi espíritu y tiene su patria eterna junto a Mí. Durante su permanencia fuera de los cielos, este espíritu se cargó de muchas maneras mediante una conducta que no correspondía al amor. Hablando en imágenes y comparándolo lejanamente con las capas de una cebolla, se formaron envolturas alrededor de su cuerpo espiritual puro, que en conjunto se denominan alma. Al encarnarse, el alma, de naturaleza sutil, entra en un cuerpo material; al morir vuelve a abandonarlo.

Bajo las impresiones de una vida en la materia —que ciertamente parece sumamente real y «concreta», aunque no es más que energía condensada— y bajo el bombardeo constante de representaciones falsas del lado contrario, la persona formó una imagen equivocada de sí misma a pesar de todas Mis explicaciones y las de Mis fieles: en lugar de considerar el cuerpo necesario para una encarnación simplemente como una necesidad transitoria sin la cual no es posible vivir en la Tierra, el alma se identificó con el cuerpo, con la persona. Una comparación puede ayudarlos a comprenderlo mejor:

Es como si una persona que sube a un automóvil se considerara en ese mismo instante el automóvil, aunque este solo sirve para llevarla de un lugar a otro. Cuando llegue a su destino volverá a salir del automóvil sin un solo pensamiento de miedo o pérdida…

Para poder blandir y utilizar con éxito el garrote del miedo, había que eliminar de la mente de Mis hijos el conocimiento de que, como alma, la vida continúa inmediatamente después de la muerte. En su lugar se implantó una idea falsa que a menudo sugiere castigo, sufrimiento, dolor, vacío, aflicción, oscuridad o alejamiento eterno de Dios. Encogerse de hombros ante la pregunta de qué sucede después sigue siendo la respuesta más «benigna», pero no puede satisfacer a quien pregunta ni prepararlo para una existencia en el más allá que lo espera inmediatamente después de su transición, en luz y ligereza, si se ha preparado mediante una estrecha unión Conmigo.

La doctrina errónea sobre de dónde viene y adónde va el ser humano forma parte del plan de las tinieblas tanto como muchas otras cosas que los inquietan y hacen sentir inseguros. O, como sucede con muchos: se vuelven, como bailarines sobre un barco que se hunde, hacia las abundantes distracciones ofrecidas y adormecen así la voz suave de su interior que quiere llamarlos a reflexionar y mantenerse vigilantes.

Así, y no de otra manera, se presenta el balance después de un largo período de conducta humana equivocada, cuando se realiza con sinceridad y valor. Es evidente que provocará oposición entre quienes, por distintas razones, no quieran afrontar la realidad. Pero, curiosamente, quienes no desean reconocer que el tren avanza en la dirección equivocada suelen ser los mismos que reaccionan una y otra vez con miedo y pidiendo ayuda ante cada cambio negativo y cada nuevo acontecimiento preocupante.

Hijos e hijas Míos, reflexionen: quien en lo profundo de su interior ha aceptado una meta —porque la considera importante e incluso digna de alcanzar— también verá como necesarias las distintas «estaciones» que deben recorrerse, trabajarse y superarse para alcanzar esa meta.

No es difícil comprender el significado de esta imagen: la meta es una Tierra nueva y una humanidad nueva, con una fortaleza espiritual distinta, con otro conocimiento y, sobre todo, con el deseo de utilizar la vida terrenal para desarrollar una conciencia nueva que ame a Dios y al prójimo. Quien mantenga esta meta ante sus ojos, aunque solo se convierta en realidad para generaciones posteriores, también sabe que lo antiguo debe desaparecer antes de que pueda surgir lo nuevo.

Aquí uno de sus refranes da exactamente en el blanco: «Dios solo puede llenarte las manos cuando están vacías».

Este «estar vacío» o «vaciarse» puede resultar doloroso para muchos, sobre todo si no están dispuestos a soltar aquello que en su encarnación actual fue una parte importante de su vida, sus ideas y sus deseos. La ignorancia de lo que les sucede después de la muerte contribuye además a que consideren todo cambio como algo preocupante y amenazante.

Pero quien se alegra por la meta también aceptará el camino necesario para llegar a ella, aunque no siempre sea fácil recorrerlo. No caerá en el error de lamentarse constantemente: «Mira, otra vez sucedió algo. Parece que se aproxima una nueva catástrofe. Viene otra noticia terrible…». Será consciente de que todo ello forma parte de una transformación. Y sabrá que, aun así, puede avanzar sin miedo si ha colocado su vida bajo Mi protección mediante sus actos —y no solo mediante palabras—; aunque esa protección no siempre se presente como la persona imagina desde su perspectiva limitada.

Si reconocen la verdad de Mis palabras, tampoco tendrán dudas cuando les diga que todo marcha conforme al plan. Conforme a Mi plan, con el que busco despertar a Mis hijos humanos y en el que también desempeña una función importante la ley de causa y efecto.

Y no existe nadie que pueda impedirme llevar Mi plan a la práctica.


Mi palabra de revelación de hoy, adaptada a su tiempo, es muy seria. No agradará a todos, especialmente a quienes crean que en ella falta el amor. O a quienes solo prefieran leer y escuchar cuán grande es Mi misericordia, cuán infinitas son Mi paciencia y Mi disposición a perdonar, cuánto los ayudo en sus esfuerzos cotidianos y mucho más.

Todo esto permanece y continúa siendo válido. Pero las circunstancias en las que ya viven y las que todavía se aproximan exigen que les hable con claridad. De esta manera todavía alguno será sacudido y despertará con suficiente anticipación para cambiar el rumbo de su vida. Pero muchos no se dejarán mover a reflexionar y cambiar su forma de pensar. Sin embargo, ¿debo esperar todavía más antes de alzar Mi voz con toda claridad? ¿Y cuánto tiempo más debo callar?

Por eso les doy un pensamiento más para su camino en el tiempo venidero:

Si no crees Mis palabras, ¿por qué las lees o escuchas?

Pero si Me crees, ¿por qué, en determinadas circunstancias, todavía te cuesta extraer las conclusiones correctas? ¿Por qué aún no puedes ver la solución de los problemas próximos en el trabajo interior, que vuelve cada vez más íntima nuestra relación? ¿Qué te impide todavía caminar de Mi mano con mayor intensidad que hasta ahora para que pueda envolverte aún más en Mi amor? No necesitas para ello autorización de una instancia superior ni dinero ni bienes. Tu sí, tu empeño y una confianza básica que después crecerá «automáticamente» a partir de las experiencias que vivas Conmigo son completamente suficientes.

Amén

(1) Entre otras, el 16 de septiembre de 2021.

(2) Revelación del 9 de diciembre de 2020, «Regreso a las raíces».

Posdata: después de recibir esta revelación encontré la siguiente afirmación en Der Ansteckungsmythos – Warum Viren nicht die Ursache von Krankheiten sind («El mito del contagio: por qué los virus no son la causa de las enfermedades»), de los doctores Thomas S. Cowan y Sally Fallon Morell:

«La humanidad se encuentra en una encrucijada y, aunque podemos presentar procedimientos de mitigación capaces de transformar los campos energéticos que constituyen la tecnología 5G, debemos tener claro lo siguiente: “Covid-19” es la primera ola de enfermedades provocada por la introducción de esta nueva tecnología. Es apenas la punta del iceberg. Los organismos oficiales nos advierten que vendrán más olas. Ellos lo saben. Sustituyen la sabiduría de Dios por la necedad del ser humano. Es hora de que la humanidad despierte, madure y encuentre el valor para detener esta amenaza».