Revelación divina
Amados hijos e hijas Míos, es inevitable —ya se lo he dicho varias veces— que se repitan los temas de Mis explicaciones y enseñanzas, o algunos aspectos de ellos. Esto tiene varias razones. Por una parte, se debe a que algunas cosas deben leerse o escucharse varias veces antes de pasar de la cabeza al corazón, ser comprendidas y, finalmente, puestas en práctica; por otra, también tiene que ver con que el círculo de lectores y oyentes de Mi palabra de revelación se amplía constantemente.
Al fin y al cabo, no se trata de llenar sus cabezas con información y detalles siempre nuevos, algo que algunos consideran importante porque creen que solo así pueden acercarse cada vez más a Mí. Olvidan que Mi mandamiento dice: ama, y no: acumula conocimientos.
El conocimiento que se acumula para satisfacer el intelecto —es decir, sin probarlo ni vivirlo en la vida cotidiana— bloquea el acceso a su corazón. Hace que se estanquen y que su conciencia se limite en vez de ampliarse paso a paso y conducirlos así a una comprensión más profunda de Mi obrar sin errores en Mi Creación y también en su vida.
En cambio, si el conocimiento sirve como fundamento necesario para emprender, con la fuerza de Mi amor que vive en ustedes, la transformación y eliminación de sus defectos y debilidades, finalmente se convierte en sabiduría, y relaciones cada vez más amplias se revelan en ustedes casi «por sí solas». Entonces dependen cada vez menos de leer o consultar aquí o allá lo que otra persona dijo o hizo. A menos que la vida que esa persona llevó conforme a Mis mandamientos deba servirles de estímulo en aspectos importantes para ustedes. Entonces vayan y hagan lo mismo.
Así, aunque en el camino hacia Mí siempre sigan siendo alumnos, se convertirán en maestros para muchas personas al haber reconocido puntos débiles en ustedes y haberlos transformado exitosamente Conmigo en rasgos firmes de carácter y de su ser. Tal transformación habrá sucedido por sus acciones y no por sus conocimientos. Mediante el amor practicado en su vida se habrán convertido en ayudantes fraternales para su prójimo. Y, como ya se ha dicho muchas veces, Me basta su empeño sincero.
¡Esto es seguimiento verdadero!
Para quien quiera aplicar la conclusión inversa, aunque quizá pueda desilusionarlo: quien todavía necesita remitirse con mayor o menor frecuencia a otras fuentes cuando se le pregunta qué piensa o sabe de Mí y de Mi amor, tal vez pueda deducir de ello que aún puede intensificar sus experiencias Conmigo. Si así lo desea, porque cada uno posee libre voluntad. No importa para qué la utilice: Mi amor por él jamás cambiará.
En cambio, si ya puede afirmar con profunda convicción: «Dios, mi Padre, es para mí el Amor sin ninguna limitación», entonces Yo Me he convertido para él en un ancla, en una certeza firme —en la certeza— de su vida, sobre la cual construye y en la cual confía.
Tal convicción expresa la fortaleza de su alma, y esta, a su vez —y aquí se cierra el círculo—, es consecuencia de una vida en Mí y Conmigo. No soltará Mi mano ni siquiera cuando, hablando en imágenes, los vientos se conviertan en tormentas y las tormentas en huracanes, y estos y otros acontecimientos todavía inimaginables para ustedes contribuyan a transformar radicalmente la faz de su planeta. ¡Esto se anuncia desde hace mucho y sucederá! La nueva Tierra exigirá cosas completamente distintas de los seres humanos.
Sé que es fácil leer el llamado a Mis hijos humanos para que vuelvan a convertirse en amor. También sé lo que alguno piensa en silencio: «¡Si tan solo fuera tan sencillo! La realidad de nuestra vida cotidiana nos lo dificulta muchísimo, porque aunque tenemos buena voluntad, los obstáculos son demasiado grandes para poder vivir nuestra intención».
Amados Míos, les explico tanto el principio, Mi ley divina, como su aplicación. La ley debe poder entenderse y comprenderse sin grandes reflexiones por cualquier persona —independientemente de su capacidad intelectual, su cultura, su educación y su posición—, porque Yo soy la Justicia y no favorezco a nadie; solo tiene que darme su «sí» en su interior.
La aplicación, en cambio, tiene un peso considerable y requiere bastante disposición y amor por Mí. Y no puede realizarse de una manera tan fácil y superficial como los falsificadores de Mi enseñanza quisieron hacerles creer durante dos mil años y todavía quieren hacerlo hoy.
Pero lo decisivo, y esto vale para toda persona y toda alma, es que el cambio que los convierte en hijos de la luz no puede lograrse mediante el esfuerzo de la voluntad propia, ni siquiera con el mayor empeño. Así no habrá éxito. Y, sobre todo, los ritos, ceremonias, exterioridades de cualquier clase, actos sagrados, citas de pasajes bíblicos, normas eclesiásticas, membresías, mortificaciones llevadas hasta el fanatismo y mucho más no influyen en absoluto en que aumente la fortaleza de su alma y se desarrolle su conciencia. Tampoco el desarrollo de dudosas facultades de clarividencia y clariaudiencia, que el esoterismo les presenta de forma atractiva, los acerca ni un paso a Mi corazón. Al contrario: existe el gran peligro de que queden atados a fuerzas que pretenden exactamente lo opuesto de lo que anuncian con bellas palabras y grandes promesas.
La única llave que los capacita para abandonar antiguas cualidades perjudiciales y adquirir una conducta nueva y amorosa hacia todos y hacia todo se encuentra en el desarrollo de su capacidad de aprender a amar desinteresadamente. La fuerza necesaria está en ustedes. Esto es desconocido para casi todas las personas, incluso para quienes se llaman cristianas, porque nunca han «trabajado» con ella —¡Conmigo!—, sino que casi exclusivamente Me han alabado, ensalzado y pedido cosas.
Es la única fuerza que sostiene al ser humano y a su alma. No existe otra fuerza en el ser humano. Solo ella puede transformar en luz la oscuridad presente en cada uno de Mis hijos, siempre que la persona esté dispuesta, tome Mi mano y comience a vivir Mi mandamiento del amor paso a paso, conforme a sus posibilidades y capacidades.
Posee la libre voluntad de hacerlo o no. Puede resistirse, negarse, luchar contra Mí, ignorarme o despreciarme. Nada de esto cambiará que Yo, el Amor, viva en él y lo llevaré de regreso al hogar. Sin embargo, hasta que esto suceda, vive bajo la ley de la siembra y la cosecha, que nace del amor de Mi corazón paternal porque sirve para conducirlo finalmente, mediante el reconocimiento, a cambiar de rumbo.
La lógica del corazón puede ayudarlos a reconocer la verdad de Mis palabras:
El Cielo es amor. Conforme a la ley según la cual lo semejante atrae a lo semejante y lo diferente se rechaza, solo puede volver a entrar en su patria eterna aquel ser espiritual que haya vuelto a descubrir ampliamente el amor que habita en él. Esto significa que entonces él mismo se habrá convertido de nuevo en amor y, con ello, en un hijo poderoso y magnífico o en una hija hermosa y radiante, en un hijo de los Cielos.
Para hacerlo posible para todos vine al mundo en Jesús de Nazaret, enseñé el amor y lo viví como ejemplo hasta la muerte amarga, y después, en el Gólgota, hice fluir Mi fuerza fortalecedora como la chispa de Cristo en todas las personas y almas. La catástrofe de la Creación que se perfilaba entonces, provocada por la llamada Caída, había sido evitada. El poder de las tinieblas había sido quebrantado y todos los dispuestos podían despojarse definitivamente de las cadenas satánicas. Este proceso se denomina «redención».
Los Cielos se habían abierto de nuevo, y cada uno podía y puede emprender el camino de regreso mediante una decisión libre. Mi fuerza lo ayuda en una medida que apenas pueden comprender, o que no pueden comprender en absoluto. Todos ustedes ya han percibido el obrar de Mi amor en su vida; sin embargo, muy pocos tenían o llegaron a tener claro que fui Yo quien cambió el rumbo de su vida.
Yo soy quien orienta el gran rumbo. ¿Pueden imaginar lo que significa para el futuro de su existencia permitir que Yo —porque desean cada vez más volver a convertirse en amor— sea el único guía de su vida terrenal? ¿Con cada vez menos reservas y una confianza cada vez mayor?
Cuando digo que el amor debe ser descubierto nuevamente en Mis hijos, una comparación sencilla puede ayudarlos a comprender mejor lo que quiero decir y cómo puede lograrse.
Véanse como un pozo de cuya fuente profunda brota agua sin cesar. «Quisiera brotar» sería una descripción más acertada en el caso de muchos de Mis hijos humanos. Porque la fuente de algunos pozos está obstruida por toda clase de desechos, de modo que solo una pequeña cantidad de agua turbia, o ninguna, puede llegar a la superficie. Aprender a amar significa, en sentido figurado, liberar la fuente de todo lo que impide que brote su agua clara y sanadora. No hace falta perforar un pozo nuevo; basta con retirar aquello que no pertenece al pozo.
Así sucede también cuando se trata de aprender su capacidad de amar. ¿Es realmente necesario aprender algo fundamentalmente nuevo, algo que hasta ahora les era desconocido? No, porque como seres divinos ya llevan amor en ustedes, Mi amor; y por eso estamos unidos eternamente. Solo tienen que decidir si desean limpiar su pozo y después comenzar Conmigo a retirar, capa tras capa, los escombros, los desechos y las piedras pequeñas y grandes.
Entonces el agua clara vuelve a brotar por sí sola. O, expresado de otra manera, Mi luz comienza por sí sola a irradiarse hacia fuera a través de la persona, dando testimonio de Mi amor omnipresente.
¿Puede esta imagen impulsarte a trabajar quizá con un poco más de determinación que hasta ahora para dejar libre tu fuente?
Como seres humanos se encuentran frente a un adversario satánico invisible cuya peligrosidad no pueden calcular ni remotamente. Él busca apoderarse de sus almas y consigue ganar cada vez más terreno en su mundo y conducir a más y más personas a una vida superficial y sin Mí, o incluso contra Mí.
Cuando digo que Mi adversario y el de ustedes busca sus almas, esto perturbará menos a muchas personas que si dijera: «¡Cuidado, están a punto de llevarse tu automóvil con una grúa!». ¿Por qué sucede así? Porque la mayoría asocia ideas equivocadas con la palabra «alma» o no sabe realmente de qué se habla. Y esto a pesar de que el término forma parte de su lenguaje cotidiano y lo utilizan con mucha frecuencia.
¡Tu alma, amado hijo Mío, eres tú! La llevas dentro de ti. Es tu ser de materia sutil, actualmente envuelto por tu cuerpo material. Cuando este desaparezca, lo que inevitablemente sucederá tarde o temprano, saldrá a la luz la parte más importante de tu individualidad: tu alma, que no será como será por casualidad. Tú mismo la has moldeado durante toda una vida mediante tus acciones y omisiones, mediante tu voluntad propia o tu acercamiento a Mí, o quizá incluso mediante tu entrega a Mí. Tu empeño por vivir el amor ha influido en ella tanto como el haber prestado poca o ninguna atención a Mi mandamiento del amor a Dios, al prójimo y a ti mismo.
En el instante de la «muerte», como llaman erróneamente a este proceso de separación, tu alma queda verdaderamente «liberada» y continúa viviendo inmediatamente después del último aliento de la persona (1). No soy Yo quien determina dónde ni bajo qué circunstancias sucederá. Yo nunca determino nada; pero todo transcurre sin errores conforme a Mis leyes eternas. Aunque entonces ya no tengas un cuerpo de materia densa, sino «solo» uno de materia sutil, sigues viviendo, y de una manera mucho más real que durante tu paso actual por la Tierra.
Entonces vives en otro mundo. Continúas existiendo en el mundo que tú mismo te creaste mediante tu vida como ser humano. Pero allí no estás solo: viven contigo todos los que poseen una condición del alma semejante a la tuya. La ley de la atracción regula tu permanencia en el más allá. Si tu alma no está completamente insensibilizada por una vida alejada de Dios, seguirá siendo capaz de sentir y pensar con una claridad e intensidad para las cuales no tienen comparación mientras todavía viven en la Tierra.
Su acertado refrán «Cada uno forja su propia fortuna», que rechazan con tanta frecuencia porque desconocen las leyes que actúan en él y detrás de él, así como sus encarnaciones anteriores, se aplica a su vida después de la muerte con la misma exactitud que a su vida actual.
Ya les he dicho muchas veces que con su encarnación entraron en el dominio de la oscuridad y, con ello, ofrecen un flanco de ataque a las fuerzas satánicas. Esto vale para todas las personas, sin excepción. También valió para Mí. No importa por qué razones se hayan encarnado. Las tentaciones, los ataques y las molestias afectan a todos.
El mal posee, como todas las criaturas, libre voluntad y, con ella, también el derecho de dirigirse a ustedes e influirlos de muchas maneras. Por regla general, esto sucede con tanta astucia que la persona que las fuerzas contrarias han tomado como objetivo no lo advierte. Que tengan éxito en una persona depende de la fortaleza de su alma, de su sistema inmunitario espiritual. ¿Está intacto? ¿Es lo bastante fuerte para reconocer el modo de actuar de las tinieblas y oponer un «no» a sus tentaciones?
Los procedimientos de Mi adversario y el de ustedes son inimaginablemente refinados. Engaña, finge y oculta con tal habilidad que casi ninguno podría evitar caer en él y en sus mentiras si no poseyera un sistema inmunitario espiritual que lo protege de lo peor. Fortalecerlo y convertirlo así en una fortaleza cada vez más difícil de penetrar y que, finalmente, tampoco pueda ser conquistada por el lado demoníaco —aunque todavía pueda ser sitiada y atacada— es algo que muchos de ustedes se propusieron antes de encarnarse. Pero al hacerlo entraron en la tierra del olvido…
No hace mucho les hablé de este tema y les expliqué detalladamente en qué consiste un sistema inmunitario espiritual (2).
Ustedes se protegen y defienden frente a ataques exteriores.
Su sistema inmunitario corporal, que durante toda la vida se mantiene actualizado mediante desafíos siempre nuevos, les brinda protección y seguridad cuando parásitos de muchas clases amenazan su salud física.
Solo su alma —que debería y puede garantizar que vivan aquí y ahora en armonía Conmigo y con sus semejantes, y cuya fortaleza o debilidad determina su vida posterior en el más allá— lleva, debido a su ignorancia, una existencia relegada a la sombra.
Superar el escudo protector de su alma —del que también forma parte su conciencia moral— o, al menos, debilitarlo, pertenece a las tareas más importantes de la oscuridad, que lleva a cabo sin descanso, con toda vehemencia y astucia, desde la formación de la materia y la encarnación de las primeras almas. Con bastante frecuencia también se han encarnado almas procedentes de las regiones astrales más profundas: por una parte, para obtener ventajas personales que sus instigadores demoníacos les conceden generosamente durante algunas décadas; por otra —aunque en rarísimos casos eran conscientes de ello—, para seducir, atemorizar y esclavizar a las personas, de modo que estas tengan que vivir su existencia futura como esclavas del adversario. Porque sus almas debilitadas y dañadas deben incorporarse en el más allá al gran ejército de las fuerzas oscuras.
La lucha de las tinieblas contra la luz se libra sin interrupción desde el comienzo de la Caída. Satanás y sus seguidores siempre han procurado atraer a su dominio el mayor número posible de almas después de su desencarnación, es decir, de separarse de su cuerpo humano. Lo consiguieron siempre que pudieron obstaculizar la maduración espiritual de una persona, cuando su sistema inmunitario espiritual era demasiado débil.
Del otro lado estaban —y están— Mis fieles, quienes procuraban ser un ejemplo para otros mediante su vida, para que estos también crecieran en Mi seguimiento, fortalecieran el lado de la luz y aumentaran su influencia.
Con estas pocas palabras queda esbozado un proceso que se desarrolla desde tiempos infinitamente remotos, con éxitos alternos para ambos lados, como sobre un escenario.
Las fuerzas contrarias saben que pronto serán «puestas en reposo» durante un tiempo prolongado. De allí su rebelión. De allí su clamor. De allí su empeño febril por conquistar a personas a quienes intentan seducir durante su vida mediante innumerables distracciones. Su objetivo es atar después sus almas a ellas, es decir, cuando lleguen al más allá, y aumentar así el ejército de sus súbditos.
Pero por eso también, amados Míos, resuena Mi palabra de revelación cada vez con mayor frecuencia, mayor seriedad y en más lugares de su Tierra. Por eso Mi petición de que cada uno de Mis hijos se esfuerce por fortalecer su alma para que pueda continuar su vida futura en regiones luminosas y libres.
Cada persona puede verse como un actor sobre un escenario: llega, aparece, representa su papel y vuelve a retirarse. Si es necesario, regresa y la representación comienza de nuevo. Mi deseo es que terminen sus apariciones terrenales. Para ello vine al mundo en Jesús de Nazaret. Pero solo lo lograrán cuando tomen en serio su empeño por querer convertirse nuevamente en amor.
Yo soy el Amor, y el amor jamás puede atemorizar. Quien Me atribuya la intención de infundir miedo todavía no Me ha reconocido. O, al mirar los años venideros, reprime lo inevitable porque no desea soltar aquello que construyó, porque a pesar de sus conocimientos espirituales todavía está apegado a lo terrenal. Tampoco es fácil ocuparse de cosas que representan exactamente lo contrario de lo que la persona soñó o creó. Pero no tiene que realizar sola este cambio de pensamiento y el posterior cambio de rumbo. Solo necesita pedir apoyo y ayuda, y en ese mismo instante estoy a su lado con muchos de sus amigos de la luz.
Y, sin embargo, hijos e hijas Míos, desde la perspectiva espiritual es inevitable lo que se aproxima a la humanidad. Trae consigo mucha calamidad y adversidad. Es la cosecha anunciada por muchos fieles que ahora se recoge como consecuencia de las transgresiones cometidas durante siglos y milenios. Pero al mismo tiempo esto implica una purificación, a la que seguirá un nuevo comienzo para el cual muchas almas ya se preparan en los mundos del más allá y que esperan con alegría.
No les ha sido concedido conocer el momento. Este se encuentra únicamente en Mi mano. Pero quien tenga ojos para ver y oídos para oír puede interpretar correctamente los signos de los tiempos. Limitarse a esperar, en vez de reflexionar sobre los cambios interiores necesarios y todavía posibles, ciertamente no es lo más sabio. Aparte de Mí, innumerables ayudantes espirituales esperan poder asistirlos cuando decidan dedicarse al trabajo interior más que hasta ahora.
Procuren que no les suceda como a la persona que dedicó toda su fuerza a renovar su casa antigua, aunque sabía que pronto tendría que mudarse. Reprimió ese pensamiento porque temía la mudanza y le resultaban molestas las tareas preparatorias que ya habría podido realizar en su nuevo hogar. Pero un día finalmente tuvo que mudarse, quisiera o no. Y entonces encontró una nueva morada fría, incómoda y poco acogedora, en la que no se sentía bien en absoluto…
Amplío su conciencia y su corazón para que Mi palabra de revelación caiga en ustedes sobre tierra fértil. Vengan a Mí una y otra vez y, en adelante, con mayor frecuencia. Déjense caer sencillamente en Mis brazos y disfruten de Mi cercanía y de estar juntos. Así surgirá en ustedes, con intensidad creciente, el deseo de convertirse en mensajeros de Mi luz y de Mi amor.
Amén
(1) La muerte, tal como ustedes la ven…
La muerte, tal como la ven, mucho los espanta. La han convertido en enemiga declarada, tan solo porque nadie la ha reconocido y porque no miran más allá del ataúd, donde una vida encontró su punto final. La muerte, tal como la ven, es humo y ruido, solo un nombre marcado por un temor profundo, que paralizante se posa sobre sus almas y aparta también hasta el último aliento de valor y claridad que aún conservaban. La muerte, tal como la ven, no existe. Con sentidos apagados y mirada turbia ven la pequeña dicha de una sola vida. Cuando se quiebra como vidrio entre sus manos, les parece una enorme desgracia. La muerte, tal como la ven, los vuelve ciegos, y nadie aprende lo que Uno les enseñó: la vida permanece intacta en la muerte. Y puesto que los muertos no están muertos, su doctrina no vale ni un centavo.
De: Verlasse dich auf deines Herzens leisen Klang, Bürger-Verlag
(2) Véase la revelación del 15 de noviembre de 2020, «Entren a tiempo en el arca». Allí dice, entre otras cosas:
… Como seres humanos poseen un sistema inmunitario. Sin él no podrían sobrevivir en la «atmósfera hostil» de su Tierra. Por esta razón, entre otras, una encarnación siempre implica un riesgo. Pero un sistema inmunitario espiritual débil es mucho más peligroso, porque puede estar cargado de consecuencias de gran alcance. Probablemente nunca hayan reflexionado sobre ello.
Cada alma, es decir, el ser espiritual en la persona, está dotada de un sistema inmunitario destinado a impedir que quede indefensa frente a los ataques procedentes de la oscuridad invisible. Funciona de modo semejante a sus defensas corporales y se manifiesta, por ejemplo, mediante su conciencia moral, sus buenos propósitos, su amor al prójimo y muchas otras cosas, evitando decisiones y actos graves. Toda defensa puede ser anulada: en el ámbito físico, entre otras cosas, mediante un estilo de vida perjudicial para la salud; en el espiritual, entre otras, mediante insinuaciones y tentaciones de fuerzas negativas que, de otro modo, no podrían superar su muralla protectora.
Entre los procedimientos preferidos de la oscuridad se encuentra la generación de miedo. Este no solo debilita el sistema inmunitario corporal, sino también el espiritual. Y cada debilitamiento abre una puerta de entrada con la que se pretende inducir a su «fortaleza humana» a abrirse a las imposiciones e ideas del lado satánico.