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Una ayuda muy especial para tomar una decisión

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Eine Entscheidungshilfe der besonderen Art

Fecha original: 28 de febrero de 2021

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis hijos e hijas, a algunos de ustedes los ocupa la pregunta de por qué hasta ahora no he abordado el tema de la «vacunación» y, en lo posible, de manera tan concreta que después sepan qué deben hacer o dejar de hacer.

Reflexionen ustedes mismos, amados Míos, sobre lo que esto significaría. Y no olviden que son criaturas libres de Mi amor, cuya tarea consiste, entre otras cosas, en volver a desarrollar la responsabilidad propia en el camino de regreso a Mí. Está fuera de toda duda que no los dejo solos en este proceso, sino que les brindo ayuda tras ayuda; quienes han establecido una relación estrecha y amorosa Conmigo lo experimentan sin cesar.

El regalo del libre albedrío excluye que pueda haber instrucciones o prohibiciones de Mi parte. Para eso existen los mandamientos y Mi ofrecimiento de ayudarlos a llegar a sus propias reflexiones y de apoyarlos en sus decisiones allí donde una situación deja margen para ello. Al mismo tiempo se ejercita de este modo su autonomía, para que —al aplicar la medida de Mis leyes, Mi sabiduría y Mi amor— lleguen a ser independientes de lo que se les presenta como correcto o falso y de aquello que se les recomienda o prescribe hacer.

Este es, lo admito, el camino más difícil, en comparación con limitarse a dejarse llevar, sin reflexionar demasiado, por la corriente de la opinión de las masas. Requiere su buena voluntad, un poco de reflexión y la valentía de querer asumir, naturalmente, las consecuencias de una decisión propia. Pero en cualquier caso tendrán que asumir las consecuencias, tanto si fueron precedidas por una decisión propia como por la recomendación o decisión de otra persona.

En definitiva, se trata de considerar dónde ven el riesgo mayor, en qué medida intervienen sus miedos u otros intereses y en quién confían: en las ayudas que Yo les brindo o en las explicaciones procedentes de otra parte, que no siempre ni necesariamente tienen que estar en contradicción entre sí. Sin embargo, si existiera una contradicción, entonces se requiere su lógica del corazón.

Por eso, aunque justamente ahora sea un asunto de actualidad, no se trata tanto o no se trata únicamente de la vacunación. Pueden sustituir el tema de la vacunación por cualquier otro, pues en su vida se encontrarán una y otra vez en situaciones que los desafiarán de manera semejante a la actual. Este es, entre otros, el sentido de una encarnación. En cada caso se plantea la pregunta de qué es correcto y qué es falso. ¿Qué me hace bien y qué no? ¿Qué me aporta ventajas y qué me ocasiona desventajas?

Para las personas que no solo creen en Mí, sino que se esfuerzan por seguirme conforme a Mi voluntad, la pregunta se amplía: ¿Qué es correcto o falso ante Dios?

Que después decidan aceptar o no la respuesta «descubierta» y actuar de acuerdo con ella es otra cuestión. Poseen el libre albedrío para hacer o no hacer lo que quieran, sin que Yo los castigue ni se perjudique Mi amor por ustedes. Pero al menos sabrán cuál sería la mejor decisión conforme a la ley divina, aunque después sigan sus propios caminos porque quizá ciertas circunstancias externas o internas se oponen y todavía impiden llevarla a la práctica.

El sentido de estas u otras reflexiones semejantes consiste también en sensibilizarlos para dirigir su mirada «hacia lo profundo», de manera que lleguen a reconocer cada vez más relaciones; y también para que aprendan a comprender que no basta con creer en el «Dios bueno». Una fe viva vive, como ya lo expresa su nombre. Es una fe cada vez más impregnada también de Mi sabiduría, que les permite avanzar con una seguridad creciente, pero que además —cuando es necesario— les exige asumir su responsabilidad personal.


Vacunarse: ¿sí o no? Les daré una imagen al respecto.

Supongan que están considerando solicitar un préstamo considerable. Lamentablemente, no disponen de varios prestamistas entre quienes elegir, por lo que dependen de dirigirse al único que concede préstamos. En principio esto todavía no tiene nada de malo. Pero después se enteran de que no pocos prestatarios tuvieron malas experiencias con él. A unos esto no les importó («Siempre existe algún riesgo; hay que aceptarlo»); otros recomendaron extremar las precauciones («Sufrí un daño enorme; me engañaron»). ¿Qué harán? Buscarán información y decidirán a partir de la que reciban. A menos que renuncien a detalles esclarecedores porque quizá quieran obtener el préstamo a toda costa y crean las garantías del prestamista de que todo está en orden. Pero si, por haber preguntado críticamente, las numerosas contradicciones e incoherencias los han vuelto precavidos o incluso desconfiados, su decisión dependerá finalmente de si confían o no en el prestamista. Porque ninguna persona en su sano juicio hará negocios con alguien si está convencida de que el otro alberga malas intenciones.

Por tanto, como en este ejemplo, no se trata tanto de la pregunta «¿Préstamo sí o no?», sino de si existe entre quien da y quien recibe una relación de confianza suficientemente buena para creerle a la otra parte. Pero que esa confianza esté justificada no se deduce de sus afirmaciones y promesas, sino de su conducta en el pasado.

¿Qué medida quieren aplicar, cuando se trata de la cuestión de la confianza, a quienes en casi todo el mundo y de manera casi simultánea no solo recomiendan una vacunación, sino que impulsan enérgicamente su aplicación? «La medida de Dios es el amor», dice acertadamente uno de sus lemas. Y Mi amor incluye honestidad, es decir, ninguna manipulación, ninguna información falsa, ninguna supresión de opiniones contrarias ni ninguna conducta secreta. Mi amor deja a un lado los intereses propios, concede a cada uno una libertad absoluta y jamás genera miedo ni presión.

Si tienen la sensación de que quienes actualmente tienen el poder de decisión en la política, la ciencia y la economía —independientemente de que se llamen cristianos o no— cumplen estas exigencias, existiría entonces un buen fundamento de confianza. Solo este debería servirles de medida para su decisión.

Si no tienen esta sensación porque perciben o ven que ya en el pasado no se actuó conforme a Mi mandamiento del amor y que tampoco se hace ahora, les corresponde considerar la situación y actuar en consecuencia. Para eso se les ha dado el libre albedrío.


Les he revelado innumerables veces que desde hace muchos siglos ya no se anuncia Mi verdadero mensaje. La dilución de Mi enseñanza ha llevado a que muchas personas crean ciertamente en Mí, pero posean una idea completamente equivocada de lo que significa vivir Conmigo. Aquello que anuncié y viví fue, por decirlo así —entendido correctamente—, «radical» y dejó en la sombra todo lo existente hasta ese momento. Los cristianos de las primeras décadas, que entonces todavía no se llamaban así, sabían que Mi enseñanza no podía llevarse a la práctica cotidiana con facilidad. Seguirla podía costar la vida, como sucedió millones de veces durante los últimos dos mil años.

Entonces el enemigo llegó en medio de la noche y sembró cizaña entre el trigo, lo que significa lo siguiente: en el transcurso de los siglos posteriores se consideró cada vez menos importante la necesidad de tomar Mis palabras en serio, incluso al precio de las desventajas, en parte graves, a las que uno quedaba expuesto. Solo permaneció el armazón de Mi anuncio, una imitación sin fuerza interior. Vivir el Sermón del Monte parece hoy imposible incluso a muchos de sus teólogos. Finalmente ya no representó ningún problema cultivar numerosos intereses mundanos —aunque contradijeran Mi enseñanza del amor— y, aun así, considerarse creyente con la idea de estar en el camino correcto como cristiano.

De esta manera, muchos de Mis hijos humanos han perdido la sensibilidad acerca de lo que significa seguirme. Y como en su propia vida permiten con frecuencia, y sin mala conciencia, que las cosas no sean tan rigurosas, tampoco pueden ni quieren reflexionar acerca de cómo actúan quienes se encuentran en las posiciones más altas de la política, la ciencia y la economía. Quien es demasiado indulgente ante su propia conducta y no pocas veces cierra los ojos frente a sus propias faltas tampoco aplicará —ni siquiera podrá hacerlo— la medida de Mi amor a otras personas cuando se trate de decisiones que quizá afecten también su propio bienestar exterior y sus metas mundanas.

En un mundo donde solo cuentan la explotación y las ganancias, ocupan el primer lugar «más rápido, más rico, más lejos, más fuerte, más grande». Allí ya no queda espacio para respetar Mi mandamiento del amor al prójimo. La mayoría de las personas ya está satisfecha cuando se encuentra relativamente bien. Rara vez se pregunta a qué precio se adquirió su bienestar, quién tuvo que pagar por él en otros países al trabajar bajo condiciones indignas del ser humano o qué acuerdos secretos se concertaron desatendiendo los derechos humanos; y la mayoría de las veces estas preguntas ni siquiera pueden responderse porque muchas cosas suceden en secreto y permanecen bajo llave.

Quien se dispone a orientar su vida conforme a Mis leyes tendrá que reconocer muy pronto que los demás lo adelantan y lo dejan atrás. Si no quiere aceptar desventajas, tendrá que participar en el juego o tendrá que limitarse. Entonces queda, por decirlo así, «fuera del juego».

Por eso, solo unos pocos están dispuestos a considerar que Yo y Mi enseñanza somos lo más importante en su vida. Quien, no obstante, se esfuerza por hacerlo sabe que sus aspiraciones y su existencia, contempladas a la luz de su vida eterna, no son más que un abrir y cerrar de ojos en la eternidad.

Pero la inmensa mayoría, tanto si ocupa posiciones directivas como si se trata de «ciudadanos comunes», reacciona inconscientemente en las muchas situaciones de su vida cotidiana como se lo dicta «su ser humano». A menudo ni siquiera entra en consideración reflexionar si debe comportarse de una u otra manera, y mucho menos cuando la decisión correspondiente quizá conlleve desventajas para ella misma.

Naturalmente, esto también lo saben quienes trabajan con los instrumentos del miedo, las promesas y las ofertas de ventajas. Por eso, cuando busquen honestamente su respuesta acerca de la vacunación —u otras respuestas en situaciones semejantes—, procuren estar libres, en lo posible, del interés personal de querer conservar, obtener o evitar esto o aquello. No se les prohíbe hacerlo, pero entonces su mirada estará empañada. La trampa de la influencia está colocada, abierta de par en par, y solo espera a quienes —indecisos o aun sabiendo que deberían actuar mejor— caigan en ella.


No todos ustedes quedarán satisfechos con Mi respuesta. Sin embargo, quien la examine con sinceridad y se examine también a sí mismo tendrá que comprender que no puede ser diferente. Le quedará claro que, para su propio desarrollo anímico, es necesario ocuparse de muchas cosas que —de manera humanamente comprensible— preferiría evitar. Consideren tan solo Mi mandamiento del amor a Dios y al prójimo, expresado brevemente como: ama, y nada más.

Esto se dice con mucha rapidez y quizá incluso se acepta en principio. Sin embargo, al contemplarlo más de cerca, se descubre una profundidad que abarca todos los ámbitos de la vida y de la propia conducta. Sería demasiado sencillo y no favorecería su maduración anímica si Yo les dijera detalladamente —¡o quizá incluso prescribiera a los indecisos o a quienes solo tienen una voluntad parcial!— cómo deben comportarse en esta o aquella situación. Yo les digo: «¡Así es correcto conforme a Mi ley eterna! Actúa de acuerdo con ella o no lo hagas. Eres libre en tu decisión».

Les recuerdo algo, Mis hijos e hijas: las instrucciones claras de Mi parte, tantas veces deseadas, existen desde hace mucho tiempo, entre otros lugares, en los Diez Mandamientos. ¿Ayudaron a la humanidad a liberarse interior y exteriormente de las cadenas satánicas? ¿No se establece allí inequívocamente que el ser humano —entre otras cosas— no debe matar, robar, cometer adulterio ni mentir? ¿Existe una respuesta más clara a la pregunta «¿Cómo debo comportarme?»?

¿Creen que una respuesta global a la cuestión de la vacunación produciría una reacción correspondiente en el sentido de Mi amor? Con toda seguridad no lo haría; pero como respuesta para quienes se esfuerzan seriamente, buscan una solución y lo hacen con un corazón sincero, no solo será suficiente, sino que además les aportará nuevos conocimientos y los alentará a seguir avanzando sin desviarse por el camino tomados de Mi mano.

Vuélvanse una y otra vez hacia su interior. Allí los espero. Tengan la certeza, Mis hijos e hijas, de que jamás dejo de escuchar una oración, una petición, una pregunta o lo que sea. También les respondo siempre. Pero ustedes muchas veces no están en condiciones de oír, ver o comprender Mi respuesta. La mayoría de las veces les respondo de manera indirecta; pero, si están atentos, reconocerán Mi respuesta en aquello que encuentren. No siempre representa inmediatamente la solución definitiva, porque adapto Mi manera de hablarles a su conciencia. Pero conduce paso a paso hacia adelante y hasta la meta a quien busca con sinceridad.

Si Me siguen por este camino llenos de confianza, siempre encontrarán aquello que pueden aceptar sin entrar en conflicto Conmigo. Finalmente reconocerán que los acompaño en toda situación, sin que tengan que tomar el rodeo por la ley de siembra y cosecha ni deban llegar al reconocimiento únicamente por medio de sus efectos.

Suelten, por tanto, todos los pensamientos acerca de lo que sucederá en el futuro. Carecen de sentido y utilidad, porque todo sucederá de una manera completamente distinta de la que imaginan. A menos que con sus pensamientos de miedo construyan un edificio que los encierre y apenas les deje un espacio libre para Mí.

Yo soy su Señor y Dios. Mi amor no puede ser vencido. Y todos aquellos que se confían a este amor —es decir, que vienen a Mí una y otra vez llenos de confianza— no serán dominados por las tinieblas. Es posible que, debido a los miedos que todavía existen, puedan ser atacados durante un breve tiempo. No permitan que esto los confunda ni los abata. Cuando se vuelven hacia Mí, les doy la fuerza necesaria para que logren mirar nuevamente hacia adelante.

Por tanto, sea cual sea su decisión respecto de la vacunación: si la toman Conmigo, soy Yo quien los guiará con Mi luz y Mi amor en todo cuanto siga.

Amén