Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, cuando hace muchos años hablé a su hermano por medio de quien doy esta palabra, lo hice con las palabras: «¡Anuncia Mi amor!». Como dirían ustedes, lo tomé «con el pie cambiado». Esto hizo que —sorprendido y hasta asustado— al principio reaccionara con dudas y rechazo. No se sentía capaz de cumplir una tarea semejante; pero ¿debo esperar hasta que ustedes sean perfectos? Sin embargo, durante los días y las semanas siguientes tuvo que pensar constantemente en Mi llamado.
Yo Soy, entre otras cosas, también la paciencia. Y así esperé mientras introducía una y otra vez impulsos en su interior sin que él lo advirtiera. Finalmente, las dudas y el rechazo fueron desmoronándose poco a poco y dejaron espacio a una actitud que expresaba aproximadamente: «No estoy seguro de que hayas sido Tú. Pero, en caso de que hayas sido Tú, te doy mi sí —con cautela y avanzando poco a poco—, aunque por ahora solo uno pequeño».
Con ello se encontraba y se encuentra en una situación que muchos de ustedes conocen. No cabe duda de que necesito a aquellos de ustedes en cuyo corazón Mi amor se desarrolla paso a paso. Si estás dispuesto a percibir tu interior, «escucharás» en ti Mi palabra de manera igual o semejante; aunque no se trata de escuchar con los oídos exteriores, sino de una certeza cada vez mayor de que también tú saliste para anunciar Mi amor, ante todo mediante tu vida.
Un llamado Mío no trae consigo privilegios ni ventajas de ninguna clase. No existe absolutamente ninguna razón para ver de algún modo algo especial en una persona por medio de quien doy Mi palabra ni para colocarla sobre un pedestal. Muchas veces es incluso su pasado no siempre «luminoso» de encarnaciones anteriores el que imprime el deseo de reparar algo esforzándose por servirme. Y en ocasiones no puede hacer más que esforzarse sinceramente, porque las tinieblas están preparadas para aprovechar cualquier debilidad, por pequeña que sea, con el fin de hacer caer a un mensajero que actúa por encargo Mío o dificultarle la vida. Los encargos asumidos libremente y por amor hacia Mí y hacia el prójimo pueden ser de las clases más diversas.
En todos los casos espera trabajo al hijo que, en principio, está dispuesto a darme su sí. No puede ser de otra manera. Porque si se trata de anunciar, ante todo mediante tu vida, que Yo Soy el amor, tu vida debe orientarse cada vez más hacia Mí.
Esto significa trabajo interior, desconocido para la inmensa mayoría de las personas y que representa algo profundamente distinto de limitarse a creer en Mí o pertenecer a una comunidad religiosa. Entonces Soy Yo quien comienza a trabajar en ti y contigo, algo que sucederá en todos. Sin embargo, el trabajo adopta formas siempre nuevas en el transcurso de su camino. En todo caso, pasa por el conocimiento de uno mismo, que se inicia mediante acontecimientos exteriores o gracias a la disposición de ustedes para querer contemplarse con mayor profundidad que en el pasado.
Gracias a su sí puedo guiarlos de manera distinta que si tienen que esperar a que el llamado destino les quite poco a poco la venda de los ojos. Esto significa al mismo tiempo que adquieren cada vez más fuerza interior y amor hacia Mí, y comprenden cada vez mejor cómo los guío. Entonces, ante nuevos conocimientos o tareas de aprendizaje, ya no se «asustan» tanto como antes, cuando todavía no se conocían, o apenas lo hacían, y se evaluaban de manera equivocada.
Pero comprender cada vez mejor no significa que siempre les resultará fácil clasificar todo correctamente de inmediato. Sin embargo, la certeza crecerá en ustedes y finalmente conducirá a una confianza profunda en que todo tiene sentido, porque Yo no cometo errores, sino que siempre y en todos los casos tengo presente el bienestar —ante todo, el bienestar del alma— de Mi hijo.
Entonces comienzan a descansar más en Mí y comprenden que el camino hacia Mi corazón de Padre es, en el fondo —es decir, en cuanto al principio—, muy sencillo, porque dice: ama, y nada más; pero que llevarlo a la práctica exige a la persona entera, su perseverancia y un sí que debe renovarse una y otra vez, porque de lo contrario las fuerzas contrarias se introducen inadvertidamente en sus buenas intenciones. Precisamente en el tiempo que tienen por delante, esto puede convertirse en una tarea nada fácil.
He colocado Mi revelación de hoy bajo la palabra «¡Anuncia Mi amor!». Esta posee un significado mucho mayor de lo que parece a primera vista; porque con ella les pido que hagan lo que antes hice Yo cuando el aspecto de Mi amor encarnó en la persona de Jesús de Nazaret.
Como era Mi deseo y Mi voluntad llevar de regreso al hogar a Mis hijos caídos, y tenía y tengo también el poder para hacerlo, decidí dar a la humanidad extraviada un ejemplo de lo que significa el amor desinteresado que todo lo abarca y de aquello que es capaz de realizar. Al mismo tiempo, regalé como fuerza adicional a todas las personas y almas la chispa crística, que arde cerca de su corazón y que desde el Gólgota permite a cada uno volver a encontrar el camino hacia Mí. Con ello se detuvo la Caída provocada por Sadhana y sus seguidores, y se evitó la amenazante disolución de la Creación.
Por medio de Jesús anuncié Mi amor; un amor tan grande e ilimitado —independientemente de cómo se comporten el alma y la persona— que ni siquiera pueden formarse una idea aproximada de él. El hombre Jesús expresó su amor hacia Mí al aceptar su encargo y entregarse totalmente a Mí.
La cristiandad celebra su nacimiento como Navidad sin conocer verdaderamente el profundo trasfondo. La inmensa mayoría tampoco conoce ni es consciente de Mi presencia inmediata. Si así fuera, muchos se comportarían de manera distinta.
Aunque el cristianismo primitivo desconocía muchas cosas acerca de las cuales ustedes están hoy instruidos, su información relativa a lo espiritual era bastante escasa en comparación con lo que entretanto ha llegado al mundo. Pero, en cambio, poseía algo que hoy falta en gran medida: la disposición de seguir a Aquel que no solo enseñó Su amor hacia Mí, sino que también lo vivió hasta sus últimas consecuencias.
La idea de una Navidad como la que hoy se celebra con regalos y fiestas era ajena a los cristianos de aquel tiempo. Más aún, les habría parecido una abominación profanar mediante cosas exteriores algo tan santo como la aparición de Dios en la Tierra.
Solo siglos más tarde se desarrollaron rituales que fueron «refinados» y finalmente, paso a paso, se convirtieron en una festividad (1) con costumbres que —medidas según la idea original de celebrar Mi venida como Salvador— ya no tienen ni remotamente relación con su origen. Tampoco cambian esto la asistencia a los servicios religiosos ni los villancicos contemplativos. Sus villancicos infantiles todavía contienen muchas veces verdades profundas y un conocimiento (2), sin que ustedes lo perciban ni los lleve a reflexionar.
Está lejos de Mí empañar de algún modo su alegría navideña. A pesar de toda la secularización, me alegro por cada sentimiento sincero y cada acto desinteresado al que los inspira la Navidad. Y, sin embargo, les digo: aquello que hoy se celebra como una «fiesta del amor» no tiene nada en común con lo sucedido en Belén, y ante todo con su «enorme» dimensión espiritual.
¿Quién urdió esto y lo llevó a cabo siguiendo un plan cuidadoso? El mismo que no pudo impedir Mi nacimiento ni Mi redención, pero que todavía hace todo lo posible por causar el mayor daño a todos y a todo. Y, sin embargo, aunque sobrepase su comprensión: también lo amo a él, también por él morí en la cruz y también a él volveré finalmente a estrechar entre Mis brazos.
En quien desea vivir verdaderamente su condición de cristiano, introduzco impulsos cada vez más fuertes para que encuentre el camino «correcto» para él; es decir, un camino adaptado a él, a sus posibilidades y a su disposición.
Tal vez se sorprendan cuando hablo del camino correcto, puesto que solo existe uno: el camino del amor. Entonces recuerden que ya les he dicho muchas veces que voy al encuentro de cada uno allí donde se encuentra. Cada uno tiene un pasado que lo marcó y lo llevó al punto en el que ahora está. Partiendo de ese punto comienza con mayor intensidad nuestro camino común, si tú lo decides.
A muchos de ustedes que reconocen los signos de los tiempos les parece que la luz no tiene ninguna posibilidad frente a los ataques de las tinieblas, cada vez más intensos y astutos. Entretanto estas ya no se ocultan ni encubren apenas sus intenciones, porque después de una cuidadosa preparación han pasado a la ofensiva en todo el mundo.
Quien se pregunta dónde queda la «contraofensiva» de la luz desconoce o pasa por alto que desde hace mucho se ha dispuesto un ejército inmensamente grande de mensajeros de la luz (3) que actúan por encargo Mío. La motivación de su decisión se encuentra en su amor hacia Mí y hacia sus hermanos y hermanas terrenales.
Con mayor frecuencia durante las últimas generaciones y especialmente en estos años y décadas, muchos de Mis fieles fueron a la encarnación. Y muchos todavía esperan poder llevar Mi luz a sus tinieblas durante el tiempo que tienen por delante. Esta es también la razón por la que encuentran cada vez más hermanos y hermanas de ustedes por medio de quienes he comenzado a hablarles. Nunca fue tan grande como hoy el número de aquellos en cuyo interior irrumpe Mi palabra.
Y, sin embargo, todavía necesito a muchos que se reconozcan como combatientes de la luz y tomen entonces una decisión. Porque no basta con tener las mejores intenciones antes de una encarnación; los buenos propósitos, que muchas veces también son promesas, deben llevarse a la práctica. Esto no es fácil en su Tierra, que se ha convertido en el centro provisional de los ataques satánicos. Porque Mi adversario y el de ustedes hace todo lo posible por impedir que Mis mensajeros de la luz lleven a la práctica lo que se propusieron.
Para ello se sirve de todas las formas posibles de influencia y tentación. Tiende trampas tan hábilmente camufladas que causan tristeza y preocupaciones a muchos de Mis fieles, incluso cuando tienen buena voluntad. ¡En esto es un maestro!
Quiere impedir que decidas anunciar Mi amor mediante tu vida, ya sea en general o con mayor intensidad.
Cuando digo «mediante tu vida», esto significa que se trata ante todo de aplicar en la vida cotidiana los conocimientos que la mayoría de ustedes posee en cantidad más que suficiente. No significa que no puedas hablar de Mí ni de las experiencias que vives Conmigo. Pero no debe convertirse en un «proselitismo» en el que abordes a todos, tanto si quieren saber algo de Mí y de Mi amor como si no. (4)
Y aquí, cuando se trate de aplicarlo, advertirás que seguirme exige a la persona entera, que no se puede recorrer «con toda facilidad» el camino hacia Mi corazón, porque no basta con conocer las cosas o ser capaz de explicar sus relaciones. Se trata de transformar paso a paso, en el lugar donde te encuentras, tu conducta hacia tus semejantes y hacia ti mismo, de modo que el «viejo Adán» sea reemplazado poco a poco por un «nuevo Adán». Esto muchas veces requiere un poco de valor y, en todo caso, un esfuerzo sincero en el que Yo, en Jesucristo y como tu hermano divino, estoy a tu lado.
Conmigo puede alcanzarse todo. Sin Mí —es decir, por la voluntad propia o con el apoyo de «maestros» dudosos— solo se producirán como consecuencia cambios superficiales y breves, pero no duraderos y profundos. Incluso puede suceder que se falle ampliamente la meta buscada.
Si quieren seguir Mis palabras «¡Anuncia Mi amor!» y emprender el trabajo interior Conmigo, o quizá hacerlo con mayor seriedad y constancia que en el pasado, reconocerán que Mi llamado se parece a una especie de encabezado. Detrás se ocultan muchos capítulos, todos relacionados con su conducta en la vida cotidiana. Vale la pena que al menos una vez obtengan una visión general. En algún punto se sorprenderán porque no habían considerado que también allí la falta de amor se introduce y se extiende con gran rapidez. Y finalmente tendrán que comprobar que, en realidad, no existe nada que no necesite una conducta de amor a Dios y al prójimo.
Quien, por ejemplo, ora por la paz en el mundo debería contemplarse al mismo tiempo para ver si ya lleva en su interior la disposición pacífica que desea para otros. Posiblemente encontrará rincones todavía no iluminados por Mi luz con tanta claridad como había pensado. Pero esto no debe ser motivo de abatimiento, sino llevarlo a comenzar Conmigo a buscar la paz también allí donde hasta ahora le resultó difícil o imposible.
Algo semejante sucede con la confianza. Es relativamente fácil hablar de ella. Más difícil es conservar la confianza en Mi guía cuando las circunstancias exteriores parecen hablar un lenguaje distinto. La confianza, Mis amados, debe practicarse. En quien esté dispuesto a hacerlo surgirá «casi por sí sola». Porque la confianza hacia Mí y en Mí resulta de las experiencias que han vivido y viven Conmigo. Y quien esté dispuesto a confiarse cada vez más a Mí vivirá también cada vez más experiencias Conmigo. Al mirar hacia atrás, muchas veces reconocerá con asombro un desarrollo positivo para él que antes había considerado imposible.
Contemplen también la palabra «desinterés», que constituye asimismo un capítulo bajo el gran encabezado «amor». El desinterés tiene innumerables facetas y muchas de ellas se pasan por alto con demasiada rapidez. Significa pensar primero en el prójimo antes de ocuparse de uno mismo. Pero cuántas veces se engañan considerando desinteresado un acto detrás del cual, en realidad, se esconden motivos egoístas. Sean sinceros consigo mismos, Mis amados. Nadie exige que ya sean desinteresados en alto grado; pero quienes quieran comenzar a seguirme sí pueden reflexionar sobre la decisión de desarrollar el desinterés más que en el pasado.
Estos son solo tres de los muchos más «capítulos» que se desplegarán poco a poco ante ustedes cuando comiencen a buscar cada vez más Mi cercanía en su vida. Durante una de las horas tranquilas que tendrán en los días venideros, entren en su interior y reflexionen sobre «¡Anuncia Mi amor!». Les prometo que estoy en sus pensamientos y que acompaño su búsqueda y sus preguntas de tal modo que encontrarán las respuestas que les mostrarán los pasos siguientes. ¡Pero no avancen precipitadamente con una motivación equivocada ni por voluntad propia!
No es la primera vez que digo que el camino que conduce a la luz está formado por pasos pequeños. (5) Dar esos pasos poco a poco —¡pero con constancia!—, sabiendo que estoy a tu lado, es uno de los muchos pequeños «secretos» que se revelan con profundidad cada vez mayor a quien camina tomado de Mi mano y no la suelta.
Hijos e hijas Míos, el día en que entré en la Tierra con Mi amor y que ustedes celebran como Navidad posee un significado profundo, en gran medida no reconocido ni conocido. Fue el punto de inflexión de Mi Creación. Con él cambió todo y todo se volvió hacia el bien. Traten de celebrarlo con el espíritu correcto y no se dejen influir demasiado por aquello en lo que se convirtió, sabiendo que las personas se dejan seducir con gran facilidad por emociones superficiales.
Disfruten las luces, los adornos navideños y las canciones que expresan de qué se trata. Alégrense si la historia de la Navidad suscita gratitud en ustedes; y alégrense también por las atenciones amorosas que reciben de corazón de personas cercanas.
Pero, en la medida en que les sea posible, procuren permanecer interiormente junto a Mí.
A muchos Mis palabras de hoy les parecerán demasiado serias e impropias de la fiesta de la alegría. Entonces vuelvan a leerlas con calma y reconozcan en ellas la promesa que se cumplió con Mi nacimiento. Sabrán entonces que es seductoramente falso —porque no sirve de nada, sino que, por el contrario, los ata a lo terrenal— contemplar el tiempo que tienen por delante con ojos «positivamente idealizados».
Mirar hacia adelante de manera positiva no solo es correcto, sino que constituye precisamente una exigencia del momento. Pero debe suceder de la manera correcta: con la certeza de que, a pesar de todas las afirmaciones en contrario, estoy presente; de que tomo cada mano que se extiende hacia Mí; de que puedo preservar aquello que creé, aunque sea bajo otra forma y en otras circunstancias, que entonces estarán adaptadas a la Nueva Era.
En este sentido pueden contribuir —también para beneficio propio— esforzándose por mantenerse alejados de todo lo que no sea constructivo. Esto incluye, entre otras cosas, sus noticias, que deberían consumir con cierta distancia interior y sin ser demasiado crédulos. Aparte de que solo pueden informar acerca de una fracción de lo que sucede en su mundo, muchas veces son manipuladas para impedir que la verdad salga a la luz o para difundir un estado de ánimo opresivo.
En cambio, acudan con mayor frecuencia a Mí en su interior. Allí encontrarán todo lo que necesitan: Mi consuelo, Mi fortalecimiento, Mi esperanza, Mi amor ilimitado. En el fondo poseen todo cuanto necesitan, aunque en la materia se encuentren muchas veces en circunstancias poco favorables.
Por un lado, me tienen a Mí como Aquel que es la vida en ustedes y que, mediante Su sacrificio en el Gólgota, les regaló una energía adicional: la chispa crística. Por otro, tienen suficientes instrucciones y ayudas, muchas veces hasta en los detalles más pequeños, acerca de cómo pueden llevar a la práctica Mi mandamiento del amor, traído por medio de Jesús. Si alguna vez hubo una época que necesitara urgentemente esta aplicación, es la de ustedes.
Los bendigo, Mis amados, y espero lleno de alegría y paciencia el día en que vuelva a estrecharte a ti, a ti y a ti —a todos ustedes— entre Mis brazos.
Amén
(1) Como festividad eclesiástica, el 25 de diciembre está documentado en Roma desde el año 336. Se desconoce cómo se llegó a esta fecha. (Wikipedia)
(2) «Vengan, pequeños», por ejemplo:
Y vean la alegría que en esta noche santísima el Padre del cielo nos regala.
O bien:
Acepta, pues, nuestros corazones como ofrenda; los entregamos con gusto y ánimo alegre.
(3) Los mensajeros de la luz son lo contrario de los «trabajadores de la luz». El bando contrario acuñó este concepto para crear confusión y conducir a las personas por una pista equivocada.
(4) Existe un refrán muy acertado si se comprende su sentido: «Habla solo cuando te pregunten; pero vive de tal manera que te pregunten».
(5) El camino hacia Dios consta de pequeños pasos,
de aquello que te muestra el espejo de cada día. Solo necesitas pedir una ayuda, y verás cómo Él se inclina hacia ti. Sin duda no lo verás como mil soles, ni como un soberano de mundos lleno de poder; se te muestra con una sutileza infinita y dirige con prudencia tu avance. Así nunca tienes que temer ningún tramo de tu camino cuando Él dirige tus pasos. Solo a ti mismo, si sirves únicamente a tu interés, debe temer tu corazón cuando solo recibe; porque, con tanta certeza como el amén final, tu destino te arrebatará lo que tomaste. Por eso, persona, sé prudente y deposita buena semilla, y procura no desfallecer con tanta frecuencia.
De: «Confía en el suave sonido de tu corazón»