Revelación divina
¡Hijos e hijas Míos, hijos de Mi amor eterno! Hoy antepongo una palabra que no les digo por primera vez, pero que es de suma importancia con vistas al tiempo que tienen por delante. Solo así, entre Mis hijos humanos, quienes estén dispuestos a mirar más profundamente podrán reconocer y comprender, y conservar así su fe en Mí:
Mi ley está por encima de todo. No puede ser anulada, sino que determinará en todos los casos el curso de las cosas, aunque parezca que he abandonado a los Míos. Y: Mi ley es amor, y ninguna fuerza de la Creación podrá jamás actuar permanentemente contra Mi voluntad, por muy astutamente planificados que estén sus métodos o por muy ingeniosos que sean los caminos considerados como «solución». Mi ley, Mi santa voluntad, regula todo lo que sucede y todavía sucederá tanto en lo grande como en lo «pequeño», es decir, en tu vida.
El desprecio de Mis leyes espirituales ha conducido a la humanidad a un callejón sin salida. A quienes preguntan: «¿Cuáles son Tus leyes espirituales?», les respondo: «Las enseñé como Jesús de Nazaret. Todos las conocen, o al menos conocen su esencia, que dice: “…pero lo más grande es el amor”».
Por medio de Jesús y, más tarde, de los incontables proclamadores de Mi palabra, adapté Mis explicaciones y enseñanzas a la conciencia de las personas de cada época. En aquel entonces bastaba, y también hoy basta, conocer este único mandamiento y vivir conforme a él para desarrollarse espiritualmente. Todo lo demás fue y sigue siendo un «complemento» para despertar una mejor comprensión en Mis hijos, para aclararles qué significa «ama, y nada más», y qué consecuencias positivas, constructivas y conducentes a la paz tiene respetar Mi mandamiento, mientras que no respetarlo trae dificultades y sufrimiento y finalmente termina en el caos.
Y la humanidad ha llegado exactamente a este último punto.
A modo de recordatorio: ¡todo es energía! También la materia no es otra cosa que energía solidificada, algo que sus científicos reconocieron y demostraron hace mucho. Por tanto, el origen de todo lo que pueden captar con sus sentidos es de naturaleza espiritual y, tarde o temprano, regresará a su forma espiritual original y volverá así a vivir en Mí y junto a Mí. Esto se aplica también a ti, hijo Mío, hija Mía. Alégrate por ello y, en la medida en que ya te sea posible, envía una y otra vez tu anhelo hacia el cielo.
Por desconocimiento y, ante todo, debido a las insinuaciones del mal, sus iglesias hicieron de Mí un Dios que castiga y juzga, aunque realizaron la «proeza» de presentarme al mismo tiempo como el amor y la misericordia que todo lo abarcan. Para lograrlo se modificó Mi enseñanza con la finalidad de conservar algún tipo de fe en Mí, pero impedir que se comprendiera el significado de la necesidad, la desgracia, las guerras, las catástrofes, las enfermedades y muchas cosas más.
De allí quedaba poco para llegar a la reflexión de que entonces tendría que ser el «buen Dios» quien envía todo eso. Pero ¿por qué lo hace? ¿Como castigo? Tal vez —y muchos terminaron llegando a esta opinión—, a pesar de todas las afirmaciones contradictorias, Él no exista después de todo…
Otro recordatorio: todos los ámbitos situados fuera de los cielos, cuyo punto más profundo es el universo material, surgieron como consecuencia de la primera caída en el pecado. Después de una rebelión contra Mí, Sadhana —quien más tarde se llamó Lucifer— abandonó los cielos puros con sus seguidores. Los rebeldes —¡que a pesar de su injusticia son y siguen siendo hermanos y hermanas de ustedes!— no lograron construir una creación propia. Pero continuaron su lucha contra el amor, que en su época alcanza un punto culminante provisional.
Comprender este enfrentamiento es para ustedes la clave que les permitirá clasificar correctamente por qué sucederá, y por qué tiene que suceder, lo que tienen por delante; y qué constituye, desde una perspectiva espiritual —y solo esta perspectiva es decisiva—, la solución para volver a unir la creación separada y atraerlos a todos nuevamente hacia Mi corazón de Padre.
Puesto que Yo —lo repito— no castigo ni juzgo, pero tampoco puede permitirse que una injusticia quede simplemente «suspendida en el espacio», con la Caída y después de ella entró en vigor la ley de causa y efecto, o de siembra y cosecha. El fundamento es fácil de comprender:
Gracias al libre albedrío, toda criatura espiritual y también la persona puede cometer actos que no se encuentran dentro de la ley del amor. A ustedes les parece que esos actos y sus consecuencias se limitan únicamente a lo exterior, es decir, a la materia. Y aquí existe un error muy extendido, porque todo es energía. Con todo lo que siente, piensa, habla y hace, la persona influye en la parte espiritual de cada acontecimiento. Deposita una semilla, tanto en lo positivo como en lo negativo, y esa semilla trae inevitablemente consigo una cosecha.
Mi Creación puramente espiritual, que también es y volverá a ser tu patria original, se encuentra en armonía absoluta. Distinta es la situación en todos los ámbitos situados fuera de los cielos, y la «labor» de Mi principio de siembra y cosecha se manifiesta con especial claridad en la Tierra. Todo lo que se dirige contra el amor crea un desequilibrio en el ámbito de la energía espiritual. Pero, como ningún desequilibrio puede ni podrá persistir a largo plazo, porque Mi voluntad restablecerá la unidad en armonía, Mi ley crea de manera incorruptible y sin errores las condiciones para que se produzca una compensación; para que, por tanto, vuelva a llenarse la «cuenta de energía de amor», puesto que anteriormente Mi energía fue empleada y con ello utilizada indebidamente para algo contrario a la ley.
Todo el que tenga buena voluntad lo comprenderá sin dificultad. Sin embargo, el problema de muchos hijos Míos es que suponen que algo fue olvidado, dejó de ser relevante o incluso se disolvió en la nada solo porque pasó el tiempo, porque un acontecimiento ocurrió hace muchos años, siglos o más.
Quien piensa así incurre en otro error. En lo espiritual no existe el tiempo. Pero, como todo queda registrado en lo espiritual —aunque haya sucedido «solo» en la materia—, todo lo que todavía no fue reparado, expiado o devuelto de otra manera al equilibrio sigue existiendo, aunque hayan transcurrido miles de años. ¡Lo que fue sembrado, pero todavía no cosechado, espera su cosecha!
La ley de causa y efecto se menciona en unos pocos lugares de sus Escrituras, pero no se explica con mayor detalle ni mucho menos de manera exhaustiva. La afirmación «Lo que la persona siembre, eso cosechará» induce a la suposición equivocada de que se refiere exclusivamente a los acontecimientos posteriores a la llamada muerte. Esto es fundamentalmente falso, pues el principio describe de manera resumida que no existe acto sin consecuencias. Y algún día se enfrentará a ellas quien haya introducido la injusticia en el mundo; también puede tratarse de grupos o pueblos enteros.
La filosofía o religión oriental acuñó para esto el concepto de «karma». (1) ¿Rechazan sus iglesias cristianas esta verdad porque procede de Oriente?
Todo ser vivo necesita energía. Solo existe una Fuente primordial de energía, ¡y esa Soy Yo! Toda vida surgió de Mí y toda vida se mantiene por medio de Mí. Aquello que ustedes consideran otras fuentes de energía —por ejemplo, sus alimentos o el Sol— son «fuentes secundarias de fuerza» alimentadas por Mí.
De Mí no procede ninguna energía para actos dirigidos contra el amor. Si los poderes contrarios no querían ni quieren llevar una existencia miserable y completamente carente de fuerza, tuvieron y tienen que obtener energía. La energía vital que, a pesar de su oposición y su lucha contra todo lo que se esfuerza por vivir en Mi amor, todavía les regalo por misericordia sirve únicamente para mantener su existencia; para nada más.
¿Qué caminos tienen abiertos las fuerzas negativas para conseguir la energía que necesitan con tanta urgencia? ¡Reflexionen, hijos e hijas Míos! Los doté de razón y discernimiento para que cada vez se encuentren con menor frecuencia en las trampas de las tinieblas.
La respuesta es evidente: obtienen su energía allí donde, empleando toda su astucia, les resulta posible: de almas y personas receptivas a sus insinuaciones y tentaciones, a quienes inducen —muchas veces sin ser advertidas y comenzando con pasos pequeños— a adoptar una conducta que no corresponde a Mi mandamiento del amor. Su influencia se extiende hasta partes de los planos astrales; pero, ante todo, su Tierra constituye para ellas la parte más importante de sus esfuerzos, porque aquí consiguen con mayor facilidad aplicar sus artes de seducción a hombres y mujeres y sustraer así energía a las personas.
Como la muerte no existe, y mucho menos la condenación eterna que equivocadamente se les enseña, sino que la vida continúa en el más allá inmediatamente después del último aliento, «allí» pueden dirigirse a ustedes en todo momento seres buenos y menos buenos. En qué medida prestan atención a sus enseñanzas, exhortaciones y ayudas —si se trata de mensajeros que actúan por encargo Mío— queda sometido a su libre decisión; del mismo modo que decidir si se dejan seducir por falsas promesas y escuchan a los representantes demoníacos.
Su ignorancia, sus ideas equivocadas y su incredulidad en la reencarnación han hecho que la inmensa mayoría de las personas desconozca por completo las relaciones que les describo. También esto, Mis amados, fue preparado con gran anticipación, como todo lo grave y angustioso que comienza a perfilarse para el futuro. En muchos casos se parecen a caminantes que corren indefensos y sin rumbo de un lado a otro y a quienes se distrae ininterrumpidamente con toda clase de entretenimiento para impedir que reflexionen.
Después llega la «muerte», y las almas que no aceptaron, o aceptaron solo a medias, Mi mensaje de amor por medio de Jesucristo siguen estando sometidas en mayor o menor medida a la influencia de las tinieblas en los ámbitos del más allá. Aumentan así su ejército de almas, y para estos hijos Míos resulta muy difícil dar los siguientes pasos hacia la luz.
El momento en que un alma decide emprender otra vida terrenal queda sometido a su libre voluntad. Muchas almas reconocen la posibilidad de dar grandes pasos hacia la maduración espiritual, incluso en circunstancias poco favorables, y entonces toman esa decisión. Pero también existen —y con mayor frecuencia durante los últimos años y décadas— almas que actúan por encargo de las fuerzas contrarias, a quienes se confían tareas determinadas y que fueron equipadas para su labor con «energía adelantada» que se sustrajo a otros durante cierto tiempo.
Lo que se oculta a estos vasallos de las tinieblas es que tendrán que pagar un precio elevado por sus actos, porque se cargan gravemente; pues la ley de siembra y cosecha no puede eludirse y actúa sin errores incluso durante períodos inconcebiblemente largos. Pero en esos casos predominan las ventajas aparentes, sobre todo porque una conciencia limitada no puede reconocer el alcance de las consecuencias.
Deberían interiorizar un conocimiento importante: toda la energía negativa que las propias personas generaron a lo largo de la historia de la humanidad continúa existiendo, siempre que esos actos no hayan sido compensados mediante una conducta correspondiente fundada en el amor desinteresado, o anulados mediante la cosecha en forma de necesidad y sufrimiento, llamada expiación.
Y ahora consideren con qué frecuencia y de qué maneras se ha transgredido Mi mandamiento del amor tan solo durante los últimos dos mil años… No saben muchas cosas; en realidad, desconocen la inmensa mayoría. Pero únicamente aquello que conocen debería bastar para que comprendieran con espanto que la montaña de culpa se ha elevado hasta el cielo. Piensen tan solo en las innumerables guerras, persecuciones, opresiones contra quienes piensan de manera distinta, en la violencia de toda clase, el abuso de los pobres y débiles, la explotación de países subdesarrollados, la codicia de quienes ya tienen más que suficiente, el saqueo de su planeta, la destrucción de su clima y de la vida animal y vegetal, los entramados de mentiras construidos en todo el mundo para beneficio propio, los enormes arsenales de armas, el menoscabo de la moral, y así sucesivamente…
Mi mandamiento fue y será por toda la eternidad: ama a Dios, tu Padre celestial, y a tu prójimo como a ti mismo.
Salvo en pequeños grupos y algunas excepciones aisladas durante las primeras décadas y siglos, no se vivió verdaderamente. Después las tinieblas lograron introducir cada vez más pensamientos carentes de amor y egoístas en el corazón de las personas y, al mismo tiempo, modificar Mi enseñanza. Les envié innumerables mensajeros Míos; persiguieron y mataron a no pocos, en realidad, a la mayoría.
Así mantuvieron ciegos sus ojos, y el progreso técnico y una oferta hasta entonces desconocida de diversiones superficiales y distractoras hicieron finalmente el resto para que me olvidaran a Mí y Mi indicación: colocar en primer lugar en su vida el esfuerzo por el amor. ¡Pero Mi mandamiento del amor conserva su validez para siempre! No obstante, despreciarlo se encarga de que todos los que lo transgreden —sobre todo de manera grave y permanente— lleguen tarde o temprano a la comprensión. Esto sucede mediante experiencias perceptibles en el cuerpo y en el alma, que finalmente les enseñan que sus actos carentes de amor fueron injustos.
Cuando fui arrestado como Jesús, Pedro quiso protegerme y desenvainó su espada. Le dije: «Vuelve tu espada a la vaina. Porque todos los que tomen la espada perecerán por la espada». Esta afirmación de sus Escrituras es tan clara e inequívoca que cabría pensar que no admite ninguna tergiversación.
Y, sin embargo, bajo la influencia de las tinieblas los superiores de sus iglesias consiguieron presentar como legítimas las «guerras defensivas», y no solo estas. Esto se aplica incluso a las cruzadas llevadas a cabo en Mi nombre, con las cuales supuestamente se trataba de defender «valores cristianos»… Sus Escrituras contienen acerca de este aspecto otra palabra que no permite ninguna interpretación distinta de una conducta fundada en el amor al prójimo: «Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen».
Hoy creen que, si atacan sus bienes y su vida, es legítimo defenderse mediante la fuerza de las armas. Esta opinión está tan extendida que se ha convertido en una «norma». Se practica sin reflexión desde hace muchos siglos, y prácticamente a nadie se le ocurre ya que Yo enseñé algo diferente.
Creen que pueden, e incluso deben, reaccionar de manera correspondiente ante una injusticia aparente. Pero entonces también tienen que conceder ese derecho a su prójimo. ¿Y qué sucede si él lo ejerce? Por regla general, las razones por las que una persona, un grupo o pueblos enteros son hostilizados se encuentran para ustedes en la oscuridad; fueron introducidas en el mundo hace cientos o miles de años. Finalmente, en un momento determinado, la ley de siembra y cosecha comienza a realizar su labor. La consecuencia de su desconocimiento es que claman y, como Pedro, toman la espada.
Pero de ese modo establecen nuevas causas y la rueda comienza a girar otra vez. Y así gira y continúa girando desde que existe memoria humana. Los instigadores ocultos reciben la energía que necesitan con tanta urgencia y, de este modo, pueden aumentar el ejército de sus dependientes o al menos ejercer su influencia en mayor medida. Esto ocurre siempre que, al fallecer, las almas de personas que no se esforzaron por vivir conforme a Mis mandamientos entran en ámbitos del más allá semejantes a su conciencia.
¿Comienzan ahora a reconocer el alcance de la doctrina falsa? Según lo que les enseñan, supuestamente cada alma, recién creada por Mí, llega al mundo y, por tanto, no tiene pasado. Las circunstancias en que nace, así como dónde y cómo vive, se atribuyen —si acaso— a la casualidad. Lo cual, bien entendido, incluso es cierto: ¡le corresponde aquello que está destinado para ella! Jamás existe un error de Mi parte, porque en Mi perfección no hay lugar para errores ni incoherencias y porque Mi amor excluye la injusticia.
Con la eliminación del renacimiento corporal y una interpretación falsa de la ley de causa y efecto se cerró la puerta para comprender lo que sucede tanto en la vida de cada persona como en el mundo. En cambio, se abrió de par en par otra puerta: la de la ignorancia, la incomprensión y la tibieza, hasta llegar al rechazo de un Dios que de ningún modo puede ser el amor.
Se conocen las consecuencias. Se hacen cada vez más visibles en su época, y cambiarán la Tierra y a las personas que viven en ella. Pero esto también se desarrolla dentro de Mi ley, porque fuera de Mi ley no existe nada comparable.
Mi enseñanza es amor puro. Pero es una forma de amor diferente de la que por regla general imaginan. No tiene nada que ver con los adornos de los que muchas veces rodean una vida cristiana y con los cuales permanecen en la superficie. No puede practicarse «de paso», como un cristianismo de palabras, sin que las consecuencias les recuerden que exige a la persona entera si esta quiere cosechar frutos buenos. Ante todo, es consecuente, lo cual no excluye la misericordia ni la bondad cuando veo el esfuerzo sincero de un hijo. Los primeros cristianos vivieron esta forma de fe profunda, fundada en la confianza en Mí y que de ese modo se convierte en conocimiento.
Cuando dicen que creen en Dios, ¿qué quieren decir exactamente? ¿Creen que existo? Esto sería al menos un comienzo, pero nada más. ¿Creen que estoy presente en todas partes de Mi Creación? ¿Que vivo también en ti, en ti y en ti? ¿Que, para garantizar una convivencia armoniosa de todos en el amor, creé «reglas del juego»? ¿Y que despreciar esas reglas produce consecuencias graves, según la magnitud de la transgresión? ¿Creen que, en Mi omnipotencia, garanticé que volveré a traer a Mí a todos Mis hijos sin necesidad de castigar ni juzgar? ¿Creen que el camino que les muestro para su regreso —el llamado «trabajo interior», que pasa por la comprensión y la acción amorosa— es el instrumento, ¡el único!, que salvará a todos?
En el tiempo que tienen por delante, cada vez más personas reconocerán hacia dónde conduce el viaje. Unas se precipitarán hacia más y más ocupaciones distractoras —todo preparado desde hace mucho por las fuerzas de las tinieblas—; otras aspirarán a encontrar soluciones. ¡Si las buscan en lo exterior, lo intentarán sin éxito! Las soluciones solo pueden encontrarse en Mí y Conmigo, pues la seguridad —solo de manera limitada en lo exterior, pero con certeza en lo interior— puede y podrá existir únicamente en Mí.
En innumerables revelaciones les he mostrado el camino que conduce a Mi corazón y permite que ponga Mi mano protectora sobre quienes me siguen. Va mucho más allá de creer en Mí. Pueden verlo en dos etapas: primero, volverse hacia Mí; después, entregarse a Mí.
La entrega es, por así decirlo, la palabra mágica. Expresa nada más y nada menos que la persona se ha hecho consciente de su imperfección, ha comprendido que su voluntad propia jamás puede llevarla a la meta deseada por su alma y me reconoce como el único que, en calidad de amor desinteresado y poder que todo lo abarca, es capaz de guiarla con seguridad, como un piloto, a través de las tormentas y del mar embravecido.
¡Llévame como piloto a bordo del barco de tu vida!
¿Cómo puede suceder esto? Toma una decisión, pero una que vaya mucho más allá de una oración habitual. Se ora con frecuencia y en todas partes del mundo. Muchas oraciones están sostenidas por el amor hacia Mí. Pero ¿tengo que decirles que existen más que suficientes oraciones semejantes a palabras vacías, leídas y muchas veces recitadas mecánicamente? ¿Se sorprende entonces la persona de que esas oraciones no produzcan nada? A menudo cree que no llegaron a Mi corazón porque nada sucede. Y, sin embargo, estaban «tan bien formuladas».
Les digo: llegaron a Mi corazón, pero en esos casos no tocaron el corazón de ustedes. Surgieron en la cabeza, salieron por la boca y se unieron como energía a las innumerables energías de oración presentes en la atmósfera como simples súplicas, porque les falta la «sangre del corazón».
Entregarte a Mí, tu Creador y sustentador de la vida, es la forma más elevada de amor. Es la oración más hermosa y nada puede superarla. Con ella te pones en Mis manos y expresas al mismo tiempo que deseas orientar tu vida aún más que antes conforme a Mi ley del amor.
Puede surgir miedo ante la idea de abandonar la voluntad propia, egoísta y humana, y entregarse —si es posible, sin condiciones— a otras fuerzas. Si es así, contempla, hijo Mío amado, lo que asocias con Mí y con Mi amor paterno y materno al cual te diriges.
¡Yo Soy el amor que todo lo abarca! Nada, absolutamente nada, te sucederá que te perjudique. Tampoco te quito nada que no me entregues con gusto y voluntariamente. A cambio, puedo envolverte en Mi amor más que en el pasado. ¿No valdría la pena intentarlo? Las palabras siguientes, por ejemplo, pueden ofrecerte una pequeña ayuda, aunque puedes modificarlas como quieras. Deben corresponder a ti, poder arraigarse profundamente en tu corazón y ser o convertirse, con igual profundidad, en tu propia convicción:
Descanso con plena serenidad en Dios, mi Padre,
porque me he entregado por completo al amor en Jesucristo.
Lo cual equivale a decir: hágase Tu voluntad en mí.
Sin duda han escuchado y leído muchas veces, e incluso quizá ya han vivido, que Soy capaz de permitir que sucedan cosas que a los ojos de ustedes parecen «milagros». Una y otra vez he pedido a Mis hijos que confíen más en Mí y crean que también puedo guiarlos en tiempos difíciles y en situaciones sin salida. ¿Creyeron en Mi palabra? ¿Reconocieron las relaciones que existen entre su amor, su sinceridad y su esfuerzo, por un lado, y Mi guía, por otro?
Vuelvo a Mi palabra del comienzo de esta revelación: todo es energía. Si nada está excluido, esto también significa que tus sentimientos, pensamientos, palabras y actos son energía y que posees una vibración energética en constante cambio, en la cual tu alma tiene una gran participación. En cada momento de tu vida irradias aquello que eres.
Te recuerdo que lo semejante atrae a lo semejante. Cuanto más estrechamente unido estés a Mí, más luminosa será tu irradiación y más elevada tu vibración; y con mayor facilidad e intensidad me será posible guiarte y hacer fluir hacia ti Mi fuerza. En la práctica, esto significa que, en lo invisible y con la colaboración de muchos seres espirituales, puedo orientar el curso de las cosas de manera distinta que si eres un hijo de este mundo. Entonces te sorprende que de pronto se abran posibilidades en las que antes ni siquiera habías pensado. Se abren caminos que ni en sueños habrías podido imaginar, y se evita mucho de lo que de otro modo te habría causado daño o, al menos, problemas. Llegan hasta ti impulsos que de otra manera no habrías podido recibir, y muchas cosas más.
Así actúan concretamente Mi compañía y Mi protección, que pueden ser tanto más directas e intensas cuanto más cerca te encuentres de Mi corazón. Pero no debe ocultarse —y esto no tiene nada que ver con infundir miedo— que el principio de que lo semejante atrae a lo semejante también se aplica naturalmente a la influencia de las fuerzas negativas sobre las personas cuya condición espiritual es correspondiente.
Lo que sucederá en un futuro no demasiado lejano —y sus precursores ya se perfilan— no es otra cosa que el cumplimiento de Mi ley. La inmensa mayoría de las personas no podrá reconocer en ello Mi amor. Y, sin embargo, es la fuerza impulsora, pues finalmente llevará incluso al más obstinado a inclinar arrepentido la cabeza. Entonces también lo estrecharé entre Mis brazos y no quedará más que un débil recuerdo, que servirá para que nunca vuelva a suceder algo igual o semejante.
Mis palabras tienen una seriedad como pocas veces antes. Les he descrito las razones. Ya no pueden evitarse los acontecimientos de los que también informan sus Escrituras y que fueron anunciados por muchos videntes y profetas. Para ello, el platillo de la balanza cargado con el mal se ha inclinado demasiado.
Tampoco se trata de que haya perdido la paciencia, como se formula muchas veces de manera desacertada. Ha llegado el tiempo que establecerá mediante la expiación una compensación, una compensación parcial. He iniciado un paso importante relacionado con el regreso de Mis hijos al hogar.
Muchos de ustedes encarnaron conscientemente en este tiempo para colaborar en el gran proceso de purificación. Precisamente a ellos les digo: «Estén atentos, hijos e hijas Míos amados, porque el adversario no duerme». Sería para él un placer especial atemorizar y hacer caer precisamente a quienes se pusieron a Mi lado. Por eso, dejen que Mis palabras penetren profundamente en ustedes, tómenlas en serio y actúen conforme a ellas; conviértanse en parte del gran equipo de la luz que sin duda vencerá. Porque les he explicado ampliamente por qué la victoria pertenece a la luz.
Mi bendición reposa sobre todos ustedes.
Amén
(1) Karma designa un concepto espiritual según el cual toda acción —tanto física como espiritual— tiene inevitablemente una consecuencia. Esta consecuencia no tiene que manifestarse necesariamente en la vida actual, sino que puede hacerlo en una vida futura (tomado de Wikipedia).