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El tiempo venidero ya proyecta sus sombras

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die kommende Zeit wirft ihre Schatten schon voraus

Fecha original: 14 de julio de 2022

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, solo los ignorantes que se niegan rotundamente a contemplar el mundo con los ojos abiertos pueden seguir creyendo que las crisis que se perfilan en todos los ámbitos pronto se disiparán y que entonces volverá a establecerse un estado de relativa «normalidad».

Son las personas que, por miedo a la posible pérdida de sus bienes, del nivel de vida que han tenido hasta ahora y de sus pasatiempos habituales, se han refugiado en un mundo ilusorio. Muchas veces no son conscientes de que reprimen en gran medida conocimientos que necesitan con urgencia. Enfrentarse a ellos significaría inevitablemente tener que afrontar sus preocupaciones, necesidades y temores interiores. Y no solo eso: las confrontaría con el hecho de que en lo exterior ya no existe una protección verdadera.

Porque el mundo ha llegado a un punto en el que ya no tiene respuesta ni solución que oponer a «la molienda lenta pero segura, justa y finamente precisa de los molinos de Dios». Esto no puede sorprender a quienes creen tanto en Mis palabras actuales como en las del pasado.

Pero también muchos de los que reconocieron los signos de los tiempos se encuentran a menudo indefensos ante lo que se perfila con claridad cada vez mayor en el horizonte. Todos conocen la frase: «¡No existe seguridad, salvo en Dios!». La leen y muchas veces también la afirman en su corazón; pero la práctica de entrar en esa seguridad y vivir en ella y con ella les resulta casi desconocida o todavía no les es familiar, porque aún no forma parte de su vida cotidiana.

Aquí toco un —el— «punto doloroso»: que una convivencia amorosa y confiada entre nosotros jamás puede surgir del conocimiento, sin importar cómo se haya adquirido exteriormente. Se forma «como por sí sola» única y exclusivamente al llevar Mi mandamiento del amor a la práctica en su vida cotidiana, al enfrentarse a ustedes mismos y al mantener una relación al menos ordenada con su prójimo. Cierta medida de conocimiento básico puede ser muy útil, aunque no son pocos Mis hijos humanos que viven el amor sin haber leído ni discutido mucho. «Simplemente» se esfuerzan por amarme a Mí, a su prójimo y a sí mismos. Conocen Mi mandamiento, que constituye la base de ese esfuerzo. Todos lo conocen.

El gran peligro consiste en que el consumo constante de conocimientos llene cada vez más la memoria de su cerebro, lo que finalmente se refleja en su manera de ser y deja también huellas en su alma. De ese modo, les resulta cada vez más difícil desarrollar o conservar la visión de que, en definitiva, solo se trata de vivir el amor. Pero también puede ser que traigan de encarnaciones anteriores algunas cosas que expliquen el impulso de adquirir conocimientos cada vez mayores. Sin embargo, precisamente entonces deberían reconocer como una tarea primordial transformar paso a paso la «sed de conocimiento» en una «sed de llevarlo a la práctica».

No obstante, para ello primero es necesario reconocer que han caído en la trampa del conocimiento; después vienen la decisión de no querer continuar así, volverse hacia Mí y pedirme que los ayude a cambiar y, finalmente, actuar. Cuando vengan a Mí con semejante petición, los conduciré a situaciones en las que podrán practicar la aplicación de la teoría acumulada. Pueden tener absoluta certeza de que, en esas oportunidades, estoy a su lado y los ayudo.

El procedimiento que acabo de esbozar brevemente —del conocimiento de uno mismo a la transformación— es siempre el mismo, sin importar de qué rasgo o característica se trate. Por su propia voluntad, ninguna persona es capaz de producir cambios duraderos, sobre todo cuando se trata de una conducta semejante a una vía profundamente marcada.

La transformación de una persona hacia el bien y lo positivo es la tarea que trae consigo una encarnación. Es lo esencial. Si no se reconoce ni se aborda, otras circunstancias —como, por ejemplo, saldar una culpa anterior— pueden liberar parcialmente el alma de antiguas cargas; pero lo decisivo para su avance interior son los pasos que la persona da por libre decisión «en dirección al cielo» durante su vida terrenal.


En la Tierra se enfrentan al poder concentrado de las tinieblas, cuya mayor ventaja consiste en que poquísimas personas lo saben. No atacan ininterrumpidamente a todos, pues quienes viven sin Mí su «rutina cotidiana» habitual no representan un peligro importante para ellas. A lo sumo tratan de inducirlos a nuevas faltas, porque necesitan energía constantemente. No es muy grande la probabilidad de que estas almas, después de entrar en el más allá, vayan a ámbitos luminosos donde ya no estén al alcance de las fuerzas contrarias.

Para Mi oponente y el de ustedes resultan interesantes e importantes como objetivos aquellas personas en cuya conducta y aura puede reconocerse que se esfuerzan por aspirar a valores superiores en su vida o que quizá incluso recorren su camino Conmigo. Por un lado, en ellas aumentan las tentaciones y los ataques satánicos; por otro, también reciben Mis fuerzas de amor en mayor medida. El simple hecho de que una persona se guíe por su conciencia y tenga el oído y el corazón abiertos para su prójimo basta para fortalecer las fuerzas de su alma.

Cuánto más puedo guiar y proteger a quien conscientemente da su sí a Mí, el amor. Porque con ello expresa que está dispuesto a seguirme y a respetar Mis mandamientos.

Pero muchos incurren aquí en un malentendido al creer que, como consecuencia, Yo me encargo de todo por ellos. En tu desarrollo —que no es otra cosa que volver a descubrir las fuerzas espirituales que ya se encuentran en ti— se trata de hacerte fuerte, permitirte reconocer de nuevo tu verdadera grandeza y hacer surgir nuevamente, paso a paso, al hijo radiante y a la hija radiante.

Para esto vine al mundo como Jesús de Nazaret: por un lado, para liberar a las almas atadas y volver a abrirles los cielos; por otro, para equiparlas para su camino de regreso con Mi fuerza, la llamada chispa crística. En el Gólgota la coloqué en cada alma y en cada persona, y desde entonces es la garantía de que todos volverán a encontrar el camino al hogar.

Esta fuerza adicional proveniente de Mi amor infinito es la que hace inexpugnablemente fuerte a la persona que trabaja con ella y se sirve de ella. «Servirse» es exactamente la palabra correcta, porque, a pesar de la incomparable grandeza de esta fuerza, es y seguirá siendo una oferta que la persona puede aceptar o rechazar.

Esta transformación, a la que llamo «trabajo interior», y en la cual Soy Yo quien te infunde valor y te hace crecer, no es solamente un instrumento en el camino hacia Mí: es el instrumento por excelencia que te permite avanzar. Algunos lo aplican sin saberlo cuando, por ejemplo, oran con sinceridad de corazón, se proponen actuar en el futuro de manera distinta que antes y luego lo hacen. Pero despliega toda su fuerza y plenitud cuando la persona, consciente de que vivo en ella, se vuelve hacia su interior, habla Conmigo, me entrega aquello que reconoció como equivocado en el sentido del amor y comienza entonces Conmigo a abandonar algo antiguo y a aprender algo nuevo.

Este es el camino que más temen las tinieblas, porque no pueden oponer nada comparable con todas sus tentaciones y seducciones ni son capaces de penetrar seriamente en esta protección de luz; salvo durante los momentos en los que lo consiguen brevemente debido a cargas antiguas del alma, debilidades aún no reconocidas, falta de concentración u otras causas.

Pero estas no son más que perturbaciones pasajeras. Estás en el camino hacia Mí y, aunque aumenten las tormentas, ¡has aprendido a confiar! Tu conocimiento futuro lo obtienes de las experiencias que viviste y continúas viviendo Conmigo. Así, y no de otra manera, el conocimiento se convierte finalmente en sabiduría; y al mirar hacia atrás contemplarás muchas veces, sonriendo o negando con la cabeza, las distintas etapas de tu camino. Sin embargo, ni una sola fue innecesaria, porque solo la suma de todas ellas te llevó al punto que fue y sigue siendo decisivo: de la cabeza al corazón, del conocimiento a la acción.


Desde que existe memoria humana me he revelado a Mis hijos e hijas. ¿Cómo podría Yo, su Padre y Creador, guardar silencio si tengo la capacidad y la posibilidad de instruirlos mediante exhortaciones, indicaciones e información que los ayude a avanzar, y si su época y las circunstancias especiales lo requieren? Mediante su influencia sobre los representantes de las iglesias, el bando demoníaco consiguió que gran parte de la humanidad no crea que todavía hoy hablo a los Míos.

Pero no pudo impedir que, a pesar de ello, en todas las épocas enviara una y otra vez a la Tierra a personas fieles a Mí, las preparara y, llegado el momento, elevara Mi palabra por medio de ellas. Mis mensajes tuvieron distintos contenidos y destacaron diferentes aspectos, adaptados a las necesidades predominantes de cada momento y también a la conciencia de Mis instrumentos. Por eso, si comparan Mis palabras dadas a lo largo de los últimos siglos, reconocerán sin dificultad una especie de «evolución»; algo que no puede ser de otra manera, porque todo es evolución.

Por tanto, en Mis explicaciones no me adelanto demasiado ni doy un salto excesivamente grande, porque eso dificultaría reconocer y comprender. ¿O habría debido hablar ya, como Jesús, a quienes me escuchaban acerca de niveles de conciencia, partículas del alma, vibraciones, energías manipuladas satánicamente, la estructura de la creación espiritual y muchas cosas más? Puse en sus manos la llave que les permitía a ellos y a todas las generaciones posteriores regresar a su verdadera patria. Todos conocen esa llave. Su versión resumida dice: ama, y nada más. Es la llave —la única— que, en principio, todavía hoy se necesita.

La información adicional, como la que hoy conocen en una cantidad casi imposible de abarcar, no habría beneficiado la salvación de las almas de aquellas personas.

En la actualidad, al parecer, ya no basta esta única llave. La persona, siempre que tenga interés espiritual, quiere saber más porque cree que solo así podrá alcanzar la madurez espiritual correspondiente. Naturalmente, las relaciones entre las cosas deben poder reconocerse con claridad, y el corazón —suponiendo buena voluntad— debe poder seguir Mis explicaciones. Pero tiene poco sentido hablar extensamente de matemáticas avanzadas cuando todavía no se conocen las elementales, o al menos no suficientemente, y aún no se han llevado a la práctica en la medida correcta.

Sin embargo, repetir una y otra vez también lo ya conocido no ayuda a quienes desean avanzar. Puede ayudar y ayudará a quienes han emprendido el camino y se encuentran al comienzo de su búsqueda. Mi manera de fomentar el desarrollo espiritual de Mis hijos consiste en construir sobre lo anterior y mostrar caminos nuevos que conduzcan más lejos, sin rechazar ni cuestionar lo antiguo.

Un gran peligro sobre el cual les llamo la atención —especialmente a los diligentes entre ustedes, a quienes les gusta aumentar sus conocimientos— es la práctica frecuente de medir siempre lo nuevo únicamente con lo antiguo. Eso no es evolución; por el contrario, los ata al conocimiento ya adquirido, sobre todo cuando la acumulación de conocimientos se convierte en el centro de una vida y no el esfuerzo sincero por vivirlos también.

Por tanto, para ofrecerles una imagen comparativa, nunca puede tratarse de plantear como único criterio si el contenido del nuevo año escolar ya estaba incluido en el plan de estudios del año anterior. Y, si la respuesta es «no», rechazar entonces el nuevo contenido porque se añadieron cosas nuevas. Mi aspiración es hacer posible que avancen de manera continua, algo difícil de llevar a la práctica si se aferran exclusivamente a lo heredado del pasado.


He tratado con deliberada claridad este tema, que no abordo por primera vez. Lo hago porque les sirve de poco afrontar con ideas equivocadas o un concepto erróneo las tareas que muy pronto se presentarán ante ustedes. El tiempo que traerá dificultades de una magnitud insospechada ya proyecta sus sombras. ¿Cómo se han preparado? ¿Cómo lo afrontarán?

¿Creen realmente que mediante la lectura o la escucha de conferencias y sermones interesantes, la cita de pasajes bíblicos o revelaciones antiguas y nuevas, y libros por muy «importantes» que sean, obtendrán las herramientas necesarias para fortalecer su alma? Algo así puede servir para refrescar indicaciones o exhortaciones conocidas, y también para recordarles que no deben perder el valor ni la confianza. Pero ¿no lo saben desde hace mucho? Para quienes se llaman cristianos y expresan así que han comenzado a seguirme, ¿no ocupa el primer lugar el esfuerzo por transformar su interior con la fuerza de Mi amor? Algo que también se conoce desde hace mucho tiempo.

Los años venideros les exigirán mucho. Se pondrá a prueba lo que hicieron con sus conocimientos y a partir de ellos. La fortaleza de su alma, que se habrá formado si me han incluido cada vez más en su vida, será su gran ventaja. Si esto apenas ocurrió o no ocurrió, tendrán que luchar en mayor medida contra la inseguridad y los miedos. Porque las fuerzas negativas han dado la señal del gran ataque y tratarán de sembrar dudas, desconfianza, desesperanza, discordia e incredulidad en todo lugar donde encuentren una estabilidad espiritual insuficiente.

En semejante situación los ayudan las experiencias positivas que hayan vivido Conmigo y que siempre constituyen el fundamento de su confianza. Pero solo podrán recurrir a ellas y colocarlas a su alrededor como una armadura si han aceptado vivir Conmigo. Esto significa al mismo tiempo que reconocieron la necesidad de dejar a un lado sus conocimientos y dar el siguiente paso: practicar su aplicación en la vida diaria. Así finalmente se convierte para ustedes en una costumbre apreciada venir a Mí con todo, hablarlo todo Conmigo y prestar atención a los impulsos que les doy como ayuda.

Estos son los preparativos que cada uno debería realizar si todavía no ha comenzado a hacerlo como «la persona prudente que toma previsiones». Lo mismo se aplica, naturalmente, a Mis hijas. Lo que no necesitan son predicciones acerca de cuándo ocurrirá algo y dónde. No pocas veces tienen un origen dudoso y su contenido de verdad suele acercarse a cero. No escucharán ni leerán de Mí algo semejante. Por eso también lo buscarán aquí en vano.

Deben estar preparados, dirigir la mirada hacia adelante y no tratar de extraer del conocimiento espiritual del pasado —por importante y correcto que haya sido para su época— las respuestas para el presente y para una conducta correcta. Para expresarlo de manera drástica mediante una comparación: cuando una inundación amenaza sus casas, se requiere actuar de inmediato. Entonces ya no les sirve escuchar o mirar los informes meteorológicos del pasado.

Lo que necesitan ahora son indicaciones claras, por así decirlo, «instrucciones paso a paso» que los transformen interiormente porque convierten sus errores y debilidades y permiten así que se manifiesten los hijos y las hijas fuertes de Mi amor que, antes de encarnar, aceptaron traer luz al mundo oscuro mediante su existencia.

Revelo desde hace muchos años estas instrucciones, reunidas bajo el nombre de «trabajo interior». Son, de manera consecuente, el siguiente paso después de que anteriormente, desde Mi sabiduría, regalé durante siglos una cantidad incalculable de información a la humanidad ignorante. La evolución siempre ofrece oportunidades suficientes para explorar y poner a prueba las distintas etapas de desarrollo y luego continuar avanzando. No conoce el estancamiento.

Esto se aplica también al desarrollo espiritual de la persona. Como mencioné al principio, este principio de avance constante constituye asimismo la base de Mis revelaciones. Vendrán todavía muchos instrumentos Míos que anunciarán en Mi nombre Mi amor, Mi sabiduría y Mi verdad; porque todo lo que procede de Mí y está en Mí es infinito, como Mi ser. A nadie serviría que Mis fieles revelaran siempre únicamente lo ya conocido. Construyendo sobre lo que anteriores portadores de la palabra ya llevaron al mundo, guiarán poco a poco a las personas dispuestas hacia una conciencia cuya grandeza y amplitud hoy todavía no son capaces de comprender.

En la época actual se trata cada vez más de llevar a la conciencia la aplicación, es decir, el paso del conocimiento a la acción, con mayor intensidad que en el pasado. La protección que quiero darles a todos y que, sin duda, cada uno desea íntimamente consiste en fortalecer el poder de su alma. Con esto se alude a las energías de su cuerpo espiritual, que no aumentan mediante la pertenencia a una iglesia, la práctica de ceremonias y ritos —que desde una perspectiva espiritual son de todos modos innecesarios—, ni tampoco mediante la recopilación de información o la comparación y el examen interminable de las numerosas concepciones religiosas.

Su protección se construye única y exclusivamente mediante el esfuerzo por vivir el amor, tal como Yo lo enseñé y mostré con Mi ejemplo como Jesús. Porque la falta de amor introdujo el sufrimiento en la Creación y el amor volverá a transformarlo. Este es un proceso energético cuya descripción detallada sobrepasaría todo cerebro y toda conciencia humanos.

De esta manera, la creación separada volverá finalmente a reunirse.


Muchas personas confunden conocimiento con sabiduría. En parte para poder intervenir en las conversaciones y en parte para obtener respuestas a preguntas abiertas, se convierten en coleccionistas de conocimientos sin darse cuenta. No consideran que se vuelven dependientes y, de esta manera, muchas veces impiden el desarrollo de su conciencia. Sin embargo, esta experimenta un crecimiento sano y conforme a la ley precisamente cuando se pone cada vez más el énfasis en el camino hacia Mí, que es un camino interior.

En el transcurso del camino, si se recorre seriamente Conmigo, se produce en el alma una transformación que poco a poco también se manifiesta en la persona. Los demás perciben entonces, por ejemplo, una calma y serenidad o un resplandor indefinible que antes no estaban presentes. En el interior se desarrollan —más lentamente en unos y con mayor rapidez en otros— una sensibilidad elevada, la capacidad de captar y reconocer algo con mayor facilidad, una mejor comprensión intuitiva del prójimo y más.

En todo caso, la persona aprende —aunque al principio casi nunca sea consciente de ello— a ver las cosas con sus propios ojos, con la consecuencia de que aumenta su disposición a decidir bajo su propia responsabilidad. En este proceso de decisión se incluyen también las amplias ofertas de las distintas religiones y corrientes esotéricas. Al practicar la lógica del corazón, que se desarrolla «como por sí sola», la persona recibe un criterio con el cual aprende a separar el trigo de la paja.

Entonces ya no depende con tanta frecuencia de buscar respuestas en otros. Su interior le indica cada vez con mayor claridad qué es bueno y correcto para ella. No cabe duda de que en todo momento puede y debe recurrir a los conocimientos existentes; pero en el transcurso del camino se convertirá lenta pero seguramente «en sí misma».

Y así finalmente comprenderá también que el criterio se encuentra en ella desde eternidades. Es el amor. Si, en estrecha unión Conmigo, lo aplica a todo, podrá reconocer sin dificultad qué procede de Mí y qué no.


Una palabra para concluir esta seria revelación. Les recuerdo que ya les he señalado muchas veces la importancia de estar al día. No necesito explicarlo aquí nuevamente en detalle. Incluso sin grandes explicaciones, la persona dispuesta y atenta sabe lo que significa. Pero sí diré lo siguiente, porque es más importante que nunca que se liberen de sus antiguas cargas:

Reciban Mis palabras con el corazón abierto. Estén dispuestos a contemplarse a ustedes mismos y su vida. Encuentren el valor para mirar correctamente y profundizar precisamente allí donde duele. Los ayudaré si me lo piden. Con Mi ayuda realizarán mucho mejor un inventario y este será también más «exhaustivo». Ante todo, estarán protegidos si —en caso de que así suceda— acontecimientos desagradables del pasado entran en su conciencia. Al mismo tiempo, les doy la fuerza para que puedan afrontar llenos de confianza la solución de problemas todavía pendientes. Y no solo eso: Soy Yo quien se encarga de la mayor parte de la «limpieza». ¡Es una promesa!

Algún día tendrán que realizar este trabajo de todos modos, porque saben: «Quien quiera entrar en el cielo debe llevar el cielo —en gran medida— en su interior». Así lo exige la ley «lo semejante atrae a lo semejante».

Aunque el tiempo que tienen por delante será difícil, nunca han sido tan grandes las posibilidades que el cielo les ofrece mediante sus numerosos ayudantes.

Amén