← Hans Dienstknecht

Mi fuerza de Cristo vive en ti

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Meine Christuskraft lebt in dir

Fecha original: 27 de septiembre de 2023

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hermanos y hermanas, hoy les hablo como el Espíritu divino de Cristo, como el Ser que estuvo encarnado en el ser humano Jesús de Nazaret. Aunque «medio mundo» pronuncia continuamente el nombre de Jesucristo y habla con toda naturalidad del «Hijo de Dios», reina una ignorancia alarmante acerca de Mí, de la misión de Mi encarnación, de Mi redención y de Mi fuerza divina que habita en el ser humano, es decir, en ti, en ti y en ti.

Como recordatorio: las fuerzas que, bajo la dirección de Sadhana, fueron responsables de la caída y, con ello, causantes de la Creación dividida, jamás abandonaron su rebelión contra Dios, el Padre celestial y origen de todo lo creado. Después de no haber podido dar vida a una creación propia, su objetivo fue y sigue siendo destruir. Su existencia es lamentable, pues solo reciben un mínimo de energía de la fuente de la vida eterna. Por eso intentan extraer energía de ustedes, los seres humanos. Lo consiguen siempre que pueden aprovechar sus errores y debilidades e inducirlos a una conducta que no corresponde a Mi enseñanza del amor.

Nada ha cambiado en este aspecto desde que existen seres humanos en la Tierra. Sin embargo, en su tiempo la lucha que las tinieblas libran contra la luz se dirige hacia su punto culminante. No pasen por alto esta frase; dejen que actúe en ustedes: en su tiempo, durante los años que tienen por delante, la confrontación aumentará en intensidad y finalmente se producirán un caos y un colapso cuyas dimensiones superarán ampliamente su imaginación, porque jamás ha ocurrido algo semejante.

Todos los ámbitos de la vida se verán afectados y nadie podrá sustraerse a estos cambios. Porque todos están integrados en acontecimientos que no aparecerán «sin más» de un día para otro, sino que poseen un trasfondo de muchos cientos e incluso miles de años. Solo quienes no quieran comprender, quienes carezcan de conocimiento y quienes no crean atribuirán a la casualidad lo que viene. Pero ustedes saben que no existe la casualidad, que todo se desarrolla dentro de Mi ley y que todo tiene una causa y un efecto.

Yo Soy el amor y no les digo esto para asustarlos. Por el contrario, quiero ayudarlos y lo haré, no solo para que puedan atravesar el tiempo venidero sufriendo menos daños. Mi propósito principal es apoyar el desarrollo de su alma. Porque al crecer la fortaleza anímica, que equivale a una protección de luz, muchas cosas rebotarán contra ustedes o ni siquiera los alcanzarán; mientras que sin el correspondiente desarrollo del alma y sin la cercanía a Mí podrían provocarles, y les provocarán, numerosas preocupaciones y problemas.


Hace dos mil años, debido a los ataques e influencias incesantes del mal sobre los seres humanos, la humanidad había alcanzado un punto espiritual muy bajo. Existía el peligro de que —con pocas excepciones— ya no pudiera desarrollar la fuerza necesaria para salir de esa espiral descendente. Entonces decidí intervenir.

La fuerza más poderosa de la Creación es el amor. No existe nada más fuerte, aunque una mirada a los acontecimientos del mundo parezca indicar lo contrario. Pero el amor del que hablo no es el sentimiento muchas veces superficial que conocen las personas. Mi amor es irresistible, aunque es desinteresado e incondicional. Lleva en sí la ley de causa y efecto —también llamada siembra y cosecha—, que tarde o temprano conduce al reconocimiento y al cambio a todo aquel que crea poder anular el amor y transgredirlo sin consecuencias.

A la humanidad le faltaba el amor; de ello se habían ocupado las fuerzas contrarias. Le faltaba una fuerza —la fuerza— capaz de garantizar que todos pudieran regresar a los cielos. Por eso, después de una preparación debidamente planificada, el aspecto del amor divino se encarnó en el ser humano Jesús de Nazaret.

Como Jesús, Mi objetivo fue enseñar a las personas, vivir el amor ante ellas y —algo decisivo que muy pocos conocen— colocar una fuerza adicional, Mi chispa redentora, en cada ser humano y en cada alma.

Mi encarnación no permaneció oculta por mucho tiempo para las tinieblas. Intentaron eliminarme cuando todavía era un niño pequeño, pero no lo lograron. Es conocido cómo terminó Mi vida. Las fuerzas satánicas creyeron haber vencido mediante Mi «muerte»; fue un error, pues no tenían —ni tuvieron ni tienen jamás— una visión completa. Sin embargo, poseen tal conocimiento y actúan con tal astucia que se asustarían si pudieran descubrir sus intenciones y aquello que ya prepararon y ejecutaron.

Al pronunciar «Todo está cumplido», Mi chispa redentora fluyó hacia todos los caídos. Al mismo tiempo se abrió el muro de luz que hasta entonces había permanecido cerrado; los cielos volvieron a estar abiertos y ya existía la fuerza necesaria para regresar a casa. Solo faltaba que cada uno decidiera si quería emprender nuevamente y de manera consciente el camino de regreso.

Reconoce el significado de Mi redención: llevas en tu interior, cerca de tu corazón, Mi fuerza de amor. Yo, tu hermano y amigo, el amor en el Padre celestial, vivo en ti. Algunas personas clarividentes pueden reconocer Mi luz de amor como una chispa luminosa dentro de los seres humanos.

¿Quién, aparte de Mí, puede afirmar que está tan cerca de ti? ¡Más cerca que tus brazos y tus piernas!


Con ello creé todas las condiciones necesarias para volver a unir Mi Creación dividida. Preparé todo para poder estrecharte nuevamente entre Mis brazos dentro de poco. Todavía existe un impedimento, el asunto aún tiene «un pequeño detalle», como dirían ustedes: es el libre albedrío que regalé a Mis hijos y con el cual tú —como todas las personas— debes decidir si quieres tomar la mano que te extiendo.

¿Qué debe entenderse por esto? Lamentablemente, muchas veces se utiliza solo como una frase vacía; pero al observarla con atención —y eso es lo que quiero hacer aquí con ustedes— comprenderán rápidamente que encierra mucho más:

Por un lado, una entrega cada vez más profunda y, por otro, una guía Mía en tu vida cotidiana que puede cambiarlo todo y que todavía no has experimentado de esta manera, pero que tu alma anhela.

Mis amados, existe suficiente conocimiento en este mundo. Pero ¿de qué te sirve? ¿Te acerca al cielo? Si esta es tu meta, decídete —quizá con mayor intensidad que antes— a convertir tu conocimiento en una realidad vivida en lo cotidiano. Yo estoy a tu lado.

Lo mismo se aplica a la fe. En todas partes escuchan y leen acerca de la fe. Existe una gran diferencia entre creer en Mí —¿creer que existo?— y creer que puedo orientar tu vida hacia lo positivo si te esfuerzas por vivir Conmigo.

¿Qué significa vivir Conmigo? También deberían reflexionar alguna vez al respecto, porque el tiempo que viven es demasiado serio para pasar precipitadamente por alto semejantes afirmaciones. ¿Significa atravesar el día con una expresión grave? ¿Parecer de alguna manera «santo»? ¿Orar desde la mañana hasta la noche?

Nada de eso. Significa, en primer lugar, tomar la decisión de aplicar en adelante su conocimiento, también y sobre todo en sus pensamientos. Esto incluye controlar sus pensamientos, algo que al principio no es fácil. Porque los acontecimientos del día los inducen con demasiada rapidez y facilidad a caer en antiguos patrones mentales. Requiere algo de práctica, pero después se vuelve cada vez más sencillo y reconocerán con creciente rapidez cuándo sus pensamientos y conversaciones vuelven a recorrer los antiguos caminos.

Acostúmbrense a venir a Mí inmediatamente al despertar por la mañana y antes de dormir por la noche. Bastan algunos pensamientos amorosos para establecer el vínculo entre nosotros. Entonces entrarán en el día de una manera muy distinta y también su sueño será diferente. Si con un poco de práctica logran entregarse confiadamente en Mis manos, acercarse a Mí o abrazarme de corazón en sus pensamientos —¡Yo Soy su amigo!—, percibirán algo que no conocían en el pasado y que no puede alcanzarse solamente mediante la oración:

Entre nosotros crecerá una familiaridad de la que ya no querrán prescindir. Sentirán un amor que, cada vez con mayor frecuencia —aunque sea durante instantes muy breves—, se introducirá también durante el día en sus sentimientos y les recordará que ustedes y Yo estamos unidos de manera muy estrecha, ¡y que Yo estoy presente!

Para muchos será nuevo hablar Conmigo de este modo y en toda ocasión. Pero entonces les pregunto: «¿Con qué frecuencia hablan mentalmente consigo mismos?». ¿No sucede esto muchísimo más? ¿Y no sería más provechoso tenerme «de vez en cuando» como interlocutor? Sobre todo porque sus pensamientos seguramente no son siempre positivos y giran con demasiada frecuencia —una y otra vez— en torno a cosas sobre las cuales no ejercen ninguna influencia y que con sus pensamientos, muchas veces llenos de preocupación, ciertamente no conducirán a una buena solución.

Intenten mirar hacia adelante Conmigo. Dejen descansar el pasado, salvo que todavía haya algo que deba resolverse. Entonces vengan a Mí. Cuéntenme lo que llevan en el corazón. Preséntenme todo, también aquello que, según ustedes, todavía deben hacer o poner en marcha; y después suéltenlo.

No es un ejercicio sencillo, pero de todos modos tendrán que comenzar algún día. Suelten, alégrense y confíen en que Yo, su Dios, los he escuchado. Desde el momento en que vinieron a Mí, Me abrieron el corazón y derramaron ante Mí cuanto había en él, tomaré los asuntos en Mis manos.

Pero les pido que no tengan expectativas acerca de qué sucederá, cuándo ni cómo. Aquí se requiere su confianza, que seguramente no será desde el principio tan grande como quizá desearían. También es necesario aprender a confiar; pero con el conocimiento inquebrantable de que Yo Soy el amor y de que no cometo errores, te resultará más fácil hacer cada vez más estrecho el vínculo entre nosotros.

Es posible que necesites tener más experiencias Conmigo que en el pasado. Pero ellas te enseñarán cuán maravilloso puede ser vivir Conmigo después de haber tomado la mano que te extendí. Si alguna vez la sueltas —lo que seguramente ocurrirá porque todavía eres humano—, no vaciles demasiado ni permitas que surjan sentimientos de culpa; vuelve rápidamente a Mis brazos. Yo estoy aquí y ya te espero.


En la confrontación entre la luz y las tinieblas siempre se trata de que las fuerzas negativas quieren obtener energía. Estas fuerzas no son anónimas ni impersonales; aunque viven en otro mundo de vibraciones bajas, se acercan continuamente a los seres humanos. El hecho de que ustedes no las vean ni perciban induce a muchos a creer que «el diablo y sus seguidores» son figuras imaginarias cuyo hogar se encuentra en alguna clase de infierno. Ninguna suposición podría ser más equivocada.

Toda persona, sin excepción, es atacada y tentada por el bando contrario. Esto ocurre con gran frecuencia de una manera extremadamente refinada, de modo que no advierten los ataques, especialmente si no se esfuerzan por conocer sus puntos débiles. Pero ni siquiera conocerlos los protege automáticamente. En lo espiritual, todo se desarrolla en un plano energético; por ello son importantes tanto la naturaleza y la fuerza de los errores que todavía tienen como su actitud interior y su deseo de transformarse gradualmente hacia el amor, porque reconocieron el sentido de su vida y su meta.

En lo invisible se libra una gran lucha por determinar quién influye o quizá incluso domina sus pensamientos. Porque estos son la puerta de entrada cuando se pretende dificultar el desarrollo de su alma. No siempre tiene que tratarse de algo grave; muchas veces basta con que vivan las formas arraigadas de conducta que se formaron a lo largo de los años o incluso de toda su vida. No necesariamente son negativas o malas, pero casi automáticamente los mantienen en una línea que no los hace avanzar.

Permanece atento, hermano Mío, hermana Mía. El bando contrario no solo no duerme: ¡es mucho más activo de lo que piensas! Por eso recuerda una y otra vez que Yo vivo en ti y que, de este modo, dispones de una fuerza contra la cual Mi adversario y el tuyo nada pueden hacer. Recuérdalo especialmente cuando algo salga mal en tu vida.

Convierte en un hábito de tu pensamiento la certeza de que ninguna persona logra ganar sola esta lucha; pero tú Me tienes a Mí, tu hermano, que te ama. Aunque vine y partí nuevamente hace dos mil años, ahora, en este instante, estoy tan vivo en ti que puedes olvidar todas tus preocupaciones y pensamientos difíciles si te vuelves hacia Él —hacia Mí— o incluso te entregas. Y si alguna vez las cosas no marchan tan bien, recuerda cómo y cuándo ya te ayudé en el pasado…

Si temes que una vida Conmigo sea seria o poco interesante, deja que te sorprenda. Entre otras cosas, Yo también Soy la alegría y la compartiré contigo cada vez que lo permitas. Además, no te quito nada que no Me entregues voluntariamente.


Su tiempo exige —al menos de quienes Me reconocieron y también se reconocieron a sí mismos— prepararse para lo que viene. Les doy toda la ayuda necesaria. Especialmente Mis palabras de hoy deben contribuir a que Me incorporen, a Mí, su hermano y amigo Jesucristo, con mayor intensidad que antes en la vida cotidiana; quizá de una forma completamente distinta, porque no Soy simplemente el «Hijo de Dios», a quien también se adora como al Padre, sino que vivo en ti y deseo guiarte más estrechamente que antes.

Pronuncié Mi «Todo está cumplido» en la cruz y con ello hice posible el regreso de todos. Reflexiona si no sería algo maravilloso que, al final de tu vida terrenal, tú también pudieras decir tu pequeño «Todo está cumplido», manifestado en que, con Mi ayuda, te esforzaste y lograste —en gran medida— cumplir tu misión para esta vida.

Sea como fuere, Mis amados, una misión se aplica a todos los que Me reconocieron: «Anuncia Mi amor».

Amén


En 2008 se nos permitió recibir una meditación que corresponde a esta revelación. Por eso la añado aquí:

Han abierto ampliamente sus corazones por medio de sus cantos y su oración; así puedo mirar directamente en su interior y veo tanto amor, buena voluntad, disposición y también mucho valor para renovar el sí que ya Me dieron tantas veces.

Al comenzar esta tarde quiero guiarlos en una breve meditación. Si Me siguen —si no solo escuchan Mis palabras, sino que las transforman en sentimientos para que puedan fluir por completo a través de ustedes—, podré estar infinitamente cerca y recordarán esta cercanía, este amor y esta familiaridad cada vez que sea necesario.

¿Existe algo más hermoso que beber de la fuente de la vida y dejar que el agua de la vida fluya a través de ustedes? Yo Soy su vida y, si lo desean, los penetro con Mi fuerza hasta donde puedan soportarla.

Dejen que su respiración se vuelva completamente tranquila, suelten todo y dirijan sus sentimientos hacia la región cercana a su corazón. Allí irradio dentro de ustedes. Mi fuerza de Cristo, amor supremo y luz resplandeciente, llena en ese lugar su cuerpo espiritual. Ese punto se expande, se vuelve cada vez mayor y finalmente su luz fluye también por todo el pecho. Se añaden rayos de muchos colores. Es un mar de luz incomparable que solo pueden sentir; faltan el lenguaje y las palabras para describirlo. Es Mi vida santa, que arde en cada uno de ustedes, los inunda y espera poder penetrarlos por completo y para siempre.

Yo Soy la vida palpitante en ustedes, cuya fuerza radiante se extiende cada vez más en su interior y toca cada partícula de su alma y cada célula del cuerpo. Todo se vuelve luminoso en ustedes, todo se vuelve ligero; y aquello que Me entregan lo transformo en esta luz. Están penetrados por Mí, Mis amados, porque Me permitieron entrar, porque Me hicieron su guía y Redentor, porque subieron a Mí, el piloto, a bordo del barco de su vida.

En sus sentimientos se disuelven los contornos de su cuerpo. Están en Mi luz, que brilla en su interior con creciente intensidad; ahora están completamente penetrados por Mí, Jesucristo.

Esto, amigos Míos, es vida; esta es la verdadera vida que les pertenece y en la que quiero introducirlos como seres humanos, y lo haré si Me dan su sí incondicional o lo renuevan. En esta vida que Yo Soy no existe lugar para ninguna sombra, ni para preocupaciones, necesidades, miedos, agitación, desorden, dudas o desánimo. Nada de ello existe en la luz de Mi amor que los penetra.

Si su meta es experimentar esta conciencia una y otra vez y crecer dentro de esta estrecha unión, cumpliré su deseo. Acérquense a su corazón tantas veces como puedan y lo deseen; basta un pensamiento —«Estoy penetrado por Jesucristo»— para iluminar su alma y su cuerpo. De esta manera aprenden a mirar detrás de las cosas, su conciencia comienza a agudizarse y el amor y la sabiduría crecen en ustedes, de modo que entran cada vez más en Mi voluntad y finalmente la cumplen cada vez mejor.

En el tiempo que viene se requerirá su claridad, integrada en su amor. Si permanecen tan cerca de Mí como en estos instantes, como piloto conduciré su barco con absoluta seguridad a través de todas las zonas de peligro.

Respírenme, Mis amados; siéntanme, entren plenamente en esta luz y sean uno Conmigo.

Amén