Revelación divina
Mis amados hijos, el hecho de que ponga Mi revelación de hoy bajo las palabras «¡No caigan en la trampa del conocimiento!» tiene un significado mucho más amplio de lo que parece a primera vista. Ya les he dicho muchas veces que el conocimiento que no se lleva a la práctica, es decir, que no se vive en la vida cotidiana, tarde o temprano se convierte en un obstáculo o incluso en una carga. Y no solo eso: finalmente puede cerrarles el camino que conduce a Mi corazón mediante la entrega de su voluntad propia.
Aunque todo conduce siempre a que reconozcan a su «ser humano» y transformen Conmigo en fortalezas las debilidades y los errores que hasta entonces no habían reconocido, los obstáculos que deben superar son de muy diversa índole. El bando contrario se los pone una y otra vez en el camino con la mayor astucia y malicia. Para ello apela a sus propias ideas y deseos, de modo que les resulta difícil, y a menudo incluso imposible, reconocer el peligro que se oculta tras una lógica aparentemente razonable o tras conclusiones que muchas veces parecen perfectamente coherentes.
Bloquear la puesta en práctica de su conocimiento forma parte de sus estrategias más exitosas, con consecuencias a veces devastadoras para Mis hijos humanos.
Quiero explicarles esto más detalladamente mediante un ejemplo.
El Padrenuestro contiene las palabras: «Hágase Tu voluntad, así en la Tierra como en el cielo». Innumerables personas lo rezan todos los días, pero este pasaje, como tantos otros, también se repite mecánicamente. No dice ni más ni menos que el ser humano pide que se haga Mi voluntad.
Casi nadie piensa que es imposible que Mi voluntad deje de prevalecer a largo plazo, pues eso significaría que otra fuerza sería más poderosa. Es cierto que se puede eludir o, por así decirlo, anular Mi voluntad durante un momento más largo o más corto —porque, visto desde la eternidad, no es más que un momento—; pero Mi ley hace que el causante vuelva a Mí y, con ello, al amor y a vivir en él. De esta manera, finalmente se hace Mi voluntad de todos modos.
Directamente vinculada con la petición mencionada del Padrenuestro se encuentra, a pesar de los muchos interrogantes que existen en su relación Conmigo, la convicción de muchas personas de que «Dios no comete errores». Es muy fácil y rápido pensarlo y decirlo. Pero cuando esta afirmación se pone a prueba, quien reflexiona y lleva su pensamiento más allá descubre muy pronto que aquí se abre una trampa del conocimiento. Puede caer en ella cualquiera que no examine de vez en cuando sus propios pensamientos, palabras y acciones para comprobar si acepta Mi voluntad incluso cuando, en su vida personal o en el mundo, surgen situaciones o se anuncian o suceden cosas que no encajan inmediatamente con sus ideas de lo que es bueno y correcto.
Con demasiada facilidad y rapidez se coloca mucho en el cajón llamado «visión humana». Si se le preguntara al respecto, el ser humano no lo admitiría de inmediato, porque muchas cosas ocurren en su subconsciente. Y, sin embargo, así es. Esto sale a la luz, a más tardar, cuando las situaciones se agravan o cuando es necesario tomar decisiones.
El regalo más hermoso que di a Mis hijos es su libre albedrío. Este convierte a cada uno en un ser autónomo, sin límites en todo lo que piensa y hace, hasta donde su desarrollo se lo permite. Pero ello también implica una gran responsabilidad, porque las consecuencias de sus actos, preparados previamente por sus ideas, experiencias y también por su carácter, permanecen directamente unidas a quien actúa. Esto vale tanto para lo bueno como para lo menos bueno.
Este principio garantiza que nadie —ningún ser espiritual ni ningún ser humano— viole permanentemente el amor, porque las consecuencias de una conducta negativa alcanzan tarde o temprano al propio causante. Esto también se aplica a Sadhana y a sus compañeros, aunque a los ojos de ustedes haya transcurrido una «eternidad» desde su rebelión contra Mí. Para Mí el tiempo no desempeña ningún papel; solo existe desde la separación de los apóstatas y no es permanente.
Nunca dejé a Mis hijos humanos sin enseñanzas. Ya por medio de los profetas de la Antigua Alianza comencé a despertar y agudizar en ellos la conciencia de que Yo Soy su Dios. Los continuos y exitosos intentos de las fuerzas contrarias por alejar a los seres humanos de Dios hicieron necesario que Yo mismo viniera al mundo en Mi condición de amor. Por medio de Jesús de Nazaret traje, además del aspecto decisivo de la redención, la enseñanza del amor. Llevarla a la práctica, sin las demás disposiciones y métodos, mandamientos y prohibiciones que hoy se consideran importantes, basta por completo para que el ser humano ponga fin a la rueda de las encarnaciones repetidas. De este modo, después de abandonar su cuerpo terrenal, el alma pasa a mundos sutiles que le permiten seguir desarrollándose sin otra vida en la Tierra.
También después de Jesús instruí a Mis hijos por medio de personas que Me eran fieles y devotas. Porque muy pronto quedó demostrado que solo muy pocos podían acceder al conocimiento y a la sabiduría mediante una vida de profundo afecto hacia Mí y el cumplimiento de Mis mandamientos. Por ello, hasta el día de hoy no he dejado de dar al mundo conocimientos cada vez más profundos, con el fin de mostrar a la humanidad relaciones que, de otro modo, le habrían permanecido desconocidas.
Pero el conocimiento procedente de Mi fuente nunca está destinado a que el ser humano llene con él su cerebro. Debe servir exclusivamente de base para una vida correspondiente, cuya finalidad es establecer una relación íntima Conmigo, una relación que no se rompa ni siquiera en tiempos difíciles. Si a la acumulación de conocimientos no le sigue el esfuerzo sincero en la vida diaria, aquella se convierte en una trampa sin que ustedes lo adviertan de inmediato. Les dificulta cada vez más reconocer la necesidad de observar sus debilidades humanas mediante repetidos exámenes interiores, sin hablar siquiera del difícil trabajo de transformarlas en fortalezas anímicas y de carácter.
Sean sinceros consigo mismos: ¿no los fascinó con frecuencia adquirir nuevos conocimientos? Su horizonte se amplió, pudieron participar en las conversaciones y, sin que lo notaran, a veces esto le hizo bastante bien a su ego. Quizá incluso tomaron como ejemplo a personas que poseían muchos más conocimientos que ustedes.
Lo repito: el conocimiento es necesario para la gran mayoría, a fin de que comprendan las relaciones y puedan extraer de ellas las conclusiones necesarias. ¡Pero el conocimiento solo puede y debe ser siempre un medio para alcanzar un fin, nunca el fin mismo!
Naturalmente, las fuerzas de las tinieblas también saben que el conocimiento es algo fundamental. Por eso, desde el principio comenzaron a construir una trampa, casi siempre sin que ustedes lo notaran, al colocar el conocimiento en el centro y presentar su aplicación práctica como algo difícil o imposible. Procedieron de manera parecida con el concepto de la «fe»: aunque la fe es necesaria como fundamento, la convirtieron en un aspecto central, en vez de considerar todo aquello que se deriva de la fe en Mí para una persona que Me ama. ¿De qué les sirve, por ejemplo, creer que son herederos de una gran fortuna si no se esfuerzan por conocer los detalles y tomar posesión de su herencia?
Lucifer, como Sadhana se llamó más tarde, y sus seguidores necesitaron intensos preparativos para crear las condiciones que impidieran responder satisfactoriamente muchas preguntas. La planificación y ejecución gradual se extendieron durante muchos siglos. Finalmente no solo faltaban las indicaciones y explicaciones necesarias; también surgieron entre los creyentes cada vez más dudas acerca de si realmente existe una fuerza superior que ama a sus criaturas y «mantiene todo bajo control». En el peor de los casos, las personas abandonaron la fe en Mí; en casos menos graves, su práctica religiosa se redujo a pertenecer a una de las muchas iglesias o comunidades.
Para alcanzar su objetivo, las fuerzas negativas se sirvieron de personas que ocupaban puestos de poder en la Iglesia y podían modificar gradualmente Mi enseñanza (1). La falsa doctrina, declarada dogma y, por tanto, recibida como infalible en afirmaciones decisivas, se considera obligatoria «para todos los tiempos», y a todos los que no creen en ella se les amenaza con la condenación eterna después de la muerte (2). Sin embargo, muy pocos lo saben, porque hoy ya no se recalca este punto.
Se trata de la doctrina según la cual, en cada nacimiento humano, Yo creo su alma «desde cero»; es decir, que solo al entrar en la vida terrenal doy al ser humano un alma inmortal para el camino. Tras la muerte del cuerpo, el alma vuelve a abandonar al ser humano para cosechar después, en un juicio posterior y tras esa única vida terrenal, los frutos de lo que la persona hizo o dejó de hacer. Se califica de herejía la posibilidad de vivir varias veces, decidiendo libremente el alma cada una de sus vidas. Por ello, los cristianos de las iglesias que toman en serio esta y otras disposiciones carecen de una explicación para el sufrimiento y la miseria del mundo. Porque, según esa doctrina, no existe un antes ni, por tanto, una conducta equivocada de existencias anteriores cuyos efectos puedan llegar al presente y servir de explicación.
En general, apenas se concede importancia —o no se concede ninguna— a la ley de causa y efecto. Si acaso se la considera, suele interpretarse únicamente hacia el futuro y se entiende así:
Lo que causes hoy lo cosecharás mañana como «castigo». Casi nadie se plantea preguntar cuándo se produjo aquello que hoy lo alcanza.
Deliberadamente Me he extendido un poco para que conozcan también el trasfondo y reconozcan y sepan valorar correctamente las enormes consecuencias que todo ello tiene para la salvación de las almas humanas. Tanto la suposición de que Yo he previsto una sola vida para cada alma como la interpretación errónea de la ley de la siembra y la cosecha hacen que ya no se Me comprenda cuando faltan respuestas a las preguntas apremiantes, y que muchas cosas dejen de aceptarse. Sobre todo, suele faltar entonces la aceptación de los llamados golpes del destino, que en realidad son procesos destinados a despertar y enseñar.
Y allí donde esto no conduce inmediatamente al rechazo de un Dios a quien, al parecer, le resulta completamente indiferente que a Sus criaturas les vaya bien o mal, muchas veces solo queda un pobre resto de la fe en Mí.
Porque aparentemente la casualidad gobierna el destino de las personas. O bien una fuerza superior —si es que acaso existe— actúa injustamente. O ha perdido el control de lo que creó. A la gran mayoría le resulta muy difícil reconocer en todo el justo obrar de un Dios amoroso y aceptar todo como bueno y correcto, suponiendo siquiera que reflexione al respecto.
¿No les resulta familiar? ¿Acaso cada uno de ustedes, pese a toda su fe y su amor, no tiene que luchar con las dificultades de situaciones como estas u otras semejantes? Y, sin embargo, oran para que se haga Mi voluntad. Y, al mismo tiempo, muchos están convencidos de que Yo no cometo errores…
Es imposible que te enfrentes a algo que no tenga relación contigo de alguna manera, ya se trate de procesos de aprendizaje, un ejercicio de humildad, la necesidad de adquirir una comprensión, una tarea, una reparación, la expiación de una carga o cualquier otra cosa. Este principio se aplica tanto a una persona como a una comunidad o incluso a todo un pueblo. Cualquier otra cosa sería incompatible con Mi justicia.
Expresado de manera sencilla, existen dos grupos: uno no conoce la reencarnación o la rechaza y tampoco concede importancia a la ley de causa y efecto; el otro la conoce, pero muchas veces se ha quedado «atascado» en el conocimiento. Cuando surgen situaciones que en realidad exigen reflexión, este último cae no pocas veces en la tentación de olvidar sencillamente que Mi voluntad actúa en todo. De ahí solo hay un pequeño paso para dejar de reconocer Mi voluntad. En el peor de los casos, deja de aceptarla.
Aquí se abre una trampa, Mis amados, y las tinieblas hacen todo lo posible por atraerlos hacia ella y enredarlos; nadie está a salvo. Incluso en Mí, durante Mi crucifixión, surgieron pensamientos acerca de si el ser humano Jesús quizá había sido abandonado por su Padre celestial.
No es fácil recordar siempre y de inmediato, en las etapas difíciles de la vida, que Mi amor actúa en todo, aun cuando una situación personal sea muy dolorosa o un acontecimiento del mundo cause sufrimiento y crueldad. Puesto que ustedes solo ven un pequeño fragmento, sus ojos y oídos están limitados y también su pensamiento suele ser restringido, les faltan la visión de conjunto, las relaciones y, por consiguiente, la comprensión.
Esto se debe, entre otras cosas, a que están sujetos a las circunstancias que implica una encarnación en el ámbito de dominio de las fuerzas contrarias, algo de lo que muchos de ustedes eran conscientes antes de venir a la Tierra. Aun así dieron su sí, porque su amor por Mí y por sus hermanos y hermanas terrenales era grande, y porque sabían y confiaban en que Yo vivo en ellos y que en Jesucristo tienen al guía más fuerte que podrían desear.
Puesto que las fuerzas satánicas hacen todo lo posible por mantener a las personas en la ignorancia y, con ello, muchas veces en el miedo y la desesperación, es tanto más importante que construyan en su interior un contrapeso; que vivan su conocimiento, para que este se convierta, en lo profundo de su alma y de su ser humano, en el fundamento sobre el cual descansa su «fortaleza», una fortaleza que no puede ser conquistada.
Por eso les recuerdo —y de manera especial mediante esta revelación— que incluso aquello que no comprenden es permitido por Mi amor, porque Mi amor tiene ante todo presente la salvación de su alma. Pues es el alma la que continúa viviendo, no el cuerpo perecedero.
Aunque Mi paciencia es infinita, tarde o temprano llega al ser humano —y esto también se aplica a la humanidad— aquello que todavía lleva en sí como carga, ya sea de encarnaciones anteriores o como resultado de una conducta de esta vida. Las consecuencias pueden manifestarse en la vida actual, pero también en encarnaciones posteriores, o incluso pueden «reposar» durante eones, como en el caso de Sadhana y sus seguidores. Pero una cosa es segura: ¡las causas que una vez se pusieron en movimiento jamás se disuelven por sí solas!
Para ustedes es importante interiorizar este principio de justicia. Porque también en su vida se enfrentarán a situaciones y acontecimientos que, para muchos, llegan «de la nada» y que no saben interpretar. Entre ellos se cuentan también las atrocidades de una guerra y los innumerables muertos y heridos que provocan esos conflictos bélicos. Si no creen en la casualidad, debe resultarles claro que en el pasado tuvo que ocurrir algo grave en uno de los bandos o en ambos, sea conocido o no, quizá porque sucedió hace muchísimo tiempo.
Sin embargo, para ti personalmente es mucho más importante afrontar tu propia situación, si esto fuera necesario. Porque siempre existe el peligro de que olvides con gran rapidez los conocimientos adquiridos por la lectura y entonces no puedas —o a menudo ni siquiera quieras— reconocer que todo no solo es permitido por Mí, sino que incluso es importante para ti, es decir, para la maduración de tu alma. Puede suceder entonces que, pese a todo tu amor por Mí, te resulte difícil aceptar tus problemas o incluso tu destino.
Mi amado hijo, Mi amada hija, precisamente en esas etapas de tu vida estoy especialmente cerca de ti, y justamente entonces es de suma importancia para el bienestar de tu alma y también de tu cuerpo que vuelvas a Mí una y otra vez con toda intensidad. Si no lo haces, en ciertas circunstancias puede surgir una situación en la que opongas tu voluntad a la Mía. Por lo general no serás consciente de ello y, si se te preguntara directamente, también lo negarías. Pero, en definitiva, eso es lo que ocurre.
Aunque entonces te resulte difícil: ¡ven a Mí! No permitas que tu incomprensión te impida llamarme una y otra vez y tomar repetidamente la mano que te extiendo. ¡Esa es la solución! Para quienes creen en Mí, Me aman y se esfuerzan por seguirme, no existe otra.
La comparación con las tareas escolares resulta evidente: mientras evitan afrontar una tarea difícil que, tarde o temprano y de algún modo, deberán resolver, permanecen bajo tensión. La tarea se cierne sobre ustedes como una espada de Damocles. Cuando la resuelven, todo está bien…
Si resuelven Conmigo aquello que los preocupa, lo resuelven «en lo profundo». Entonces queda arraigado en ustedes como una experiencia que los ayuda a afrontar la siguiente dificultad con mayor serenidad y confianza. Será necesario que recuerden una y otra vez que llevan en su interior la fuerza más poderosa de la Creación. Mi última revelación puede serles, sin duda, de gran ayuda para ello (3).
Llevar su conocimiento a la práctica es lo que los fortalece. Naturalmente, sus hermanos y hermanas de la oscuridad también lo saben. Por eso hacen todo lo posible para que todo permanezca en el conocimiento. Reconozcan la trampa. Decídanse a actuar. Junto Conmigo, con el amor de Cristo que habita en ustedes, les será posible hacer infinitas cosas. En el tiempo que tienen por delante es más necesario que nunca volverse hacia Mí y, finalmente, entregarse a Mí para fortalecerse cada vez más y quizá incluso convertirse en una roca en medio del oleaje.
Amén
(1) La doctrina probablemente citada con mayor frecuencia para subrayar que la vida es única fue proclamada en el año 543 en el sínodo de la Iglesia oriental celebrado en Constantinopla. El trasfondo fue el siguiente: se trataba de algunas enseñanzas de Orígenes (185-254 d. C.), el teólogo más influyente de la Iglesia griega y probablemente el más importante de toda la Iglesia anterior a Agustín. Orígenes no conocía los castigos eternos que aparecen en la concepción del infierno que más tarde llegó a predominar. Según su pensamiento, incluso el diablo será redimido algún día. Esta doctrina, denominada apocatástasis, fue rechazada por primera vez en el año 543, cuando los adversarios de Orígenes consiguieron que el emperador Justiniano I promulgara un edicto que enumeraba en diez puntos las doctrinas no ortodoxas de Orígenes. Posteriormente, el Concilio de Constantinopla del año 553 las condenó y declaró hereje a Orígenes. Todos los obispos del Imperio, incluido el entonces papa Vigilio, aprobaron esta condena. Dice así:
«Quien diga o sostenga que las almas humanas tuvieron una vida anterior, es decir, que antes fueron espíritus y potestades, pero que se cansaron de la contemplación divina, se volvieron hacia el mal, por eso se enfriaron en el amor de Dios, recibieron así el nombre de “almas” y fueron confinadas en cuerpos como castigo, sea excluido». (Neuner-Ross, n.º 325)
(2) En este contexto también se proclamó la siguiente doctrina: «Quien diga o crea que el castigo de los espíritus malignos y de los seres humanos impíos es solamente temporal y terminará después de un tiempo determinado, y que luego llegará una restauración completa… de los espíritus malignos y de los seres humanos impíos, sea excluido». (Denzinger, n.º 411)
(3) Revelación del 31 de enero de 2023: «Yo Soy el camino, la verdad y la vida».